La escritora que logró convertirse en la primera mujer afro de la

La escritora que logró convertirse en la primera mujer afro de la

El acuerdo del Concejo de Buenaventura busca reivindicar las letras y la identidad afrocolombiana a través de la figura de Mary Grueso Romero

Texto escrito por: Armando Arboleda Riascos

En un tiempo donde la prisa suele imponerse sobre la memoria, resulta alentador que desde lo público se gesten iniciativas que invitan a detenernos, a mirar hacia adentro y a reconocer aquello que nos constituye. El Acuerdo 003 del 25 de marzo, aprobado por el Concejo Distrital de Buenaventura, que conmemora el Día Distrital del Arte y la Cultura “Mary Grueso Romero”, no es solo un acto administrativo: es un gesto simbólico de profundo valor cultural y social.

Hablar de Mary Grueso Romero es hablar de una voz que ha sabido narrar el Pacífico con autenticidad, sensibilidad y firmeza. Es tributar el agradecimiento a la primera mujer afro que ha logrado hacer parte de la Academia Colombiana de la Lengua. Su obra no solo enriquece las letras colombianas, sino que también reivindica la identidad afrocolombiana, sus luchas, su cotidianidad y su riqueza cultural. En ese sentido, este reconocimiento institucional no llega tarde, pero sí con la urgencia que exige un país que aún tiene deudas históricas con sus comunidades negras.

La iniciativa del Concejo Distrital merece un reconocimiento claro. No es menor que se establezca una fecha anual para exaltar el arte y la cultura desde una figura que representa la resistencia, la dignidad y la creación desde la periferia. Este tipo de decisiones contribuyen a reconfigurar el relato oficial, abriendo espacios para que otras voces —tradicionalmente marginadas— ocupen el lugar que les corresponde en la historia cultural del país. Pero todo acuerdo necesita vida, y esa vida se concreta en acciones. En este punto, es fundamental destacar el papel de las instituciones educativas, llamadas a ser protagonistas en la materialización de este reconocimiento. Un ejemplo significativo es el de la Institución Educativa Teófilo Roberto Potes, donde el pasado 23 de abril, en el marco del Día del Idioma, orientado por el departamento de humanidades y la coordinación académica, se inauguró un mural en homenaje a la escritora. Este acto no solo embellece un espacio físico, sino que también construye sentido, identidad y pertenencia entre la comunidad educativa.

Ese tipo de iniciativas son las que realmente convierten una norma en cultura viva. Cuando un estudiante observa un mural, participa en una lectura o reflexiona sobre la obra de una autora como Mary Grueso Romero, no solo aprende literatura: se reconoce en ella, entiende su contexto y fortalece su identidad. La educación, en este caso, se convierte en un puente entre la norma y la transformación social. Este reconocimiento cobra aún más relevancia en un momento clave: la proximidad del mes de la afrocolombianidad en mayo. No se trata de una coincidencia menor. Es una oportunidad para articular esfuerzos, para que las instituciones, la academia, organizaciones y la ciudadanía en general impulsen actividades que no solo celebren, sino que también cuestionen, reflexionen y fortalezcan el lugar de la cultura afrocolombiana en la vida nacional.

Debemos saber que valorar lo nuestro no puede ser un ejercicio ocasional ni una consigna vacía. Implica compromiso, continuidad y, sobre todo, coherencia. No basta con declarar un día conmemorativo si no se generan las condiciones para que ese reconocimiento tenga impacto real en las comunidades. En este sentido, el llamado es claro: que este acuerdo no se quede en el papel, que se convierta en una práctica sostenida, en una agenda cultural permanente y en una oportunidad pedagógica constante. Buenaventura, como territorio profundamente marcado por la herencia afrodescendiente, tiene en esta iniciativa una herramienta poderosa para fortalecer su identidad cultural. Reconocer a Mary Grueso Romero es también reconocerse como comunidad, como historia compartida y como proyecto colectivo.

Hoy más que nunca, en medio de los desafíos sociales y económicos que enfrenta la región, apostar por la cultura no es un lujo: es una necesidad. Porque es en la cultura donde se tejen los sentidos, donde se construyen las narrativas y donde se proyectan los futuros posibles.

Que este Día Distrital del Arte y la Cultura no sea solo una fecha en el calendario, sino un punto de partida. Que cada año crezca, se fortalezca y convoque a más actores. Y que, sobre todo, nos recuerde que en nuestras propias voces, en nuestras propias historias, está la clave para construir una sociedad más justa, más consciente y más orgullosa de lo que es.

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