Un verano no sería lo mismo sin una nueva película de tiburones. Amazon Prime Video cubre esa importante necesidad con La boca del diablo, en la que la amenaza sacude a unos jóvenes estadounidenses que entran en un sistema de cuevas durante sus vacaciones en Tailandia.
Detrás de esta película Prime Original se encuentra Jeff Wadlow, director de Imaginary, Fantasy Island, Verdad o reto y la secuela de Kick-Ass. Está protagonizada por Kathryn Newton, coprotagonista de Noche de bodas 2 y que ha encontrado su espacio en el cine de género (Este cuerpo me sienta de muerte, Lisa Frankenstein), además de en el universo Marvel (es la hija de Scott Lang).
La acompañan Lana Condor y Nico Hiraga. Los seguidores de The White Lotus reconocerán a Tayme Thapthimthong, uno de los personajes de la tercera temporada, haciendo de guía.
Crítica de ‘La boca del diablo’
Dentro de la temática de tiburones hay más películas reivindicables de lo que se dice. El nombre de Jeff Wadlow, director de nivel menguante, apuntaba que La boca del diablo no iba a entrar en esa categoría. Aunque es más apañada y aseada de lo que cabría esperar de quien firmó Fantasy Island, y a pesar de la solvencia con la que Kathryn Newton sostiene la historia, le falta mordiente para figurar en las aguas del imaginario.
El filme de Prime Video y Lionsgate se deja ver seduciendo poco, como suele ocurrir en el cauce de las plataformas. Las situaciones casi siempre están un punto por debajo de lo deseable para que el interés se consolide y crezca. La combinación de cueva más tiburón funciona, pero La boca del diablo no es A 47 metros 2, y mucho menos The Descent, el referente que emerge de manera natural por el escenario elegido.
No tiene los resortes que hacen que una serie B luzca, y tampoco ofrece nada especialmente sugerente. Del mismo modo, nada de lo que plasma ofende en términos de mediocridad, moviéndose entre lo aceptable y lo correcto. Tiende a quedarse en tierra de nadie. Que la mejor muerte se produzca por un ahogamiento y no implique al tiburón resulta sintomático.
A su condición de pasatiempo visto de manera desapasionada se añade el problema posterior de que Wadlow alarga más de lo debido el proceso que lleva aparejado el relato, conectado con el momento emocional bajo de la protagonista, el barrunto del final de etapa respecto al vínculo con su inseparable amiga y el conflicto subterráneo que asoma. El pasaje en el que se enmarca el clímax subraya esa sensación dilatada, aplacada no obstante por su rescatable simbolismo (romper la cuerda, la supervivencia).
Lo único que se mantiene firme a lo largo de la narración es, dentro de su perfil funcional, el personaje interpretado por Newton, tanto al principio (parte definida por la huella que le produce el ataque de las medusas cuando la dejan sola en el mar) como conforme asume el liderazgo en medio del impacto por las escasas opciones de salir y las sucesivas muertes, por otro lado producidas en el orden previsto.
El tratamiento relacionado con el tiburón cumple, si bien lo digital canta en una de las escenas en que la bestia queda enganchada. Esa carga postiza sale también a superficie en sus intentos para comerse murciélagos y en el exagerado salto final (en cualquier caso parte del juego).

