Andalucía ha vuelto a teñirse de azul, aunque algo más difuminado que hasta ahora. El PP de Juanma Moreno ganó anoche las elecciones autonómicas con una holgada victoria que, sin embargo, no fue suficiente para revalidar la mayoría absoluta con la que ha estado gobernando los últimos cuatro años, lo que supone que tendrá que sentarse a negociar su investidura con Vox, que ha reiterado que exigirá entrar en el Gobierno de la Junta, como ya ha ocurrido en otros territorios.
Los de Santiago Abascal han mejorado levemente sus resultados respecto a los comicios de 2022, con un crecimiento que se estanca. Mientras, los socialistas han visto confirmados todos los malos pronósticos al cosechar María Jesús Montero el peor resultado de la historia del PSOE en escaños en una comunidad que antaño fuera su principal bastión y en la que ahora sigue horadando su suelo electoral. A su izquierda, se confirma el sorpasso del partido andalucista Adelante a Por Andalucía. Los primeros, impulsados por la alta participación, han multiplicado por cuatro sus escaños, mientras que la confluencia formada por IU, Sumar y Podemos apenas ha conseguido salvar los muebles y mantener el mismo resultado.
Algo más de 6,8 millones de andaluces estaban este domingo llamados a las urnas para decidir el tablero político de la XIII legislatura andaluza. La llamada a la movilización por parte de todos los partidos dio sus frutos y, a la postre, ha sido determinante. No en vano, la participación se disparó y se situó finalmente (con el 99% escrutado) en el 64,79%, lo que supone 8,66 puntos más que hace cuatro años, con una abstención del 35,20%. La jornada se desarrolló sin incidencias reseñables, salvo en tres colegios que tuvieron que cerrar casi una hora más tarde, lo que retrasó la publicación de un escrutinio que confirma que el Parlamento, con 109 diputados, seguirá cuatro años más conformado por los mismos cinco partidos.
Con la exvicepresidenta primera del Gobierno y exministra de Hacienda al frente de la federación socialista más numerosa del país, la número dos de Pedro Sánchez no ha sido capaz de darle la vuelta a las encuestas, tras una campaña plana centrada casi exclusivamente en la sanidad, en la que el objetivo del PSOE era movilizar en estos comicios a los más de 580.000 andaluces que no les dieron su apoyo en las autonómicas de 2022, pero que sí eligieron la papeleta socialista en las generales de 2023. De ahí que el presidente del Gobierno reforzara su presencia en Andalucía en las dos últimas semanas. Pero no ha sido suficiente. Montero cosechó algo más de 940.000 votos, apenas 52.000 más que hace cuatro años, lo que se traduce ahora en 28 escaños, por los 30 que tenía hasta ahora, lo que supone un mínimo histórico en la calle San Vicente, sede de los socialistas andaluces, que de nuevo vuelven a caer por debajo del millón de votos.
El PSOE-A sí se mantendrá, pese a todo, como segunda fuerza en la Cámara andaluza (queda por ver si con Montero como líder de la oposición), toda vez que Vox, con Manuel Gavira de candidato, consiguió anoche mejorar ligeramente sus resultados, pero con un crecimiento mucho menos abultado del esperado, que confirma el estancamiento que ya se atisbó en las elecciones de Castilla y León y que su «prioridad nacional» no ha calado entre los andaluces. Los de Abascal recabaron el 13,83% de los votos, con cerca de 573.000 sufragios, lo que supone pasar de los 14 diputados de la anterior legislatura a 15, que utilizarán, como ya dejaron entrever anoche, como llave para la gobernabilidad de Moreno.
A la izquierda del PSOE, Por Andalucía y Adelante libraron su propia batalla, en la que, tal y como auguraban muchas encuestas, el partido andalucista refundado por Teresa Rodríguez en 2021 ha conseguido multiplicar por cuatro su representación, al pasar de 2 a 8 escaños, con cerca de 400.000 votos (9,62%), lo que les permite formar grupo propio (hasta ahora, estaban en el mixto). A costa del PSOE y, sobre todo, gracias a la alta participación, su candidato, José Ignacio García, ha conseguido superar con creces a la coalición liderada por Antonio Maíllo, que mantiene los mismos 5 diputados que en el anterior mandato, con menos de 262.000 sufragios (6,31%), lo que les deja como última fuerza en el Parlamento.

