Todavía encuentro respuestas válidas en la Canción del gallo Eduardo Montenegro, escrita por Albert Pla y registrada en aquella interpretación maravillosa de Veintegenarios en Alburquerque, un disco polémico que mantiene algunos destellos inolvidables. La canción de este gallo que se queda afónico es una reflexión magistral sobre la intrascendencia que todavía ilumina la actualidad como solo lo hacen las grandes obras. Es una canción que se hace preguntas y que plantea, en cierto modo, que no somos tan importantes.
Me he acordado de esta canción porque un estudio reciente de la Universidad de Ginebra ha contribuido a la famosa pregunta de si fue primero el huevo o la gallina. Los investigadores estudiaron un organismo unicelular llamado Chromosphera perkinsii, descubierto en 2017 en sedimentos marinos de Hawái. Este organismo, que ha existido en la Tierra durante más de mil millones de años, muestra que las estructuras similares a embriones estuvieron antes que los primeros animales pluricelulares.
Este hallazgo podría apoyar la idea de que el concepto del huevo en forma de estructuras embrionarias es más antiguo que la aparición de animales como la gallina. El eterno dilema ha sido abordado directa o tangencialmente por diversas corrientes de pensamiento. Por un lado, el evolucionismo y la genética evolutiva serían más huevistas, ya que mantienen que las mutaciones genéticas que dieron lugar a la primera gallina ocurrieron en un huevo. La paleontología también apoyaría esta idea porque los huevos ya existían en la era de los dinosaurios, y la biología molecular destaca que los procesos de desarrollo embrionario son más antiguos que las formas animales modernas.
No quiero ser gallinista, ni huevista. No quiero ser tampoco equidistante entre unos y otros. Solo quiero ser yo y veo que cada vez es más complicado lograrlo.
Sin embargo, otras ideas como el aristotelismo y el vitalismo serían gallinistas porque defienden que la gallina debió venir primero: Aristóteles sostenía que las formas completas, como la gallina, deben preceder a sus versiones potenciales, y el vitalismo y el creacionismo apoyan la idea de la creación de seres complejos en su forma definitiva, una visión también sostenida por muchas interpretaciones religiosas que consideran a los organismos plenamente formados como el punto de partida.
La canción de Plá me hace pensar en el ridículo tremendo que hacemos los humanos al dividirnos en dos bandos para casi todo. El lobo vegetariano y el león republicano y todos los bichos raros que aparecen en esta letra magistral están cada vez peor vistos, pero tienen que sobrevivir como sea para que mantengamos una mirada más personal y menos gregaria. No quiero ser gallinista, ni huevista. No quiero ser tampoco equidistante entre unos y otros. Solo quiero ser yo y veo que cada vez es más complicado lograrlo. Como dice la canción: “a mí me importa un pito si el mundo funciona a pilas, con butano o gasolina”.

