
Su vino más emblemático es el Hispania, que enseguida llamó la atención, aparte de por su calidad, que la tiene, porque su crianza se realiza en barricas de roble español, algo bastante raro. Inauguran su bodega en 2018 y al año siguiente, con este vino, entran en el corazón de la alta gastronomía donostiarra, es decir, que les compran en Arzak, Martín Berasategui y en el Akelarre de Pedro Subijana. Un buen comienzo que les abriría las puertas de otros grandes restaurantes.
Todo empezó en el 2009, cuando Cristina Alonso y Fernando Ortiz deciden asociarse para elaborar vino. Ella trabaja en el enoturismo en Aranda de Duero, y él, es enólogo profesional y perteneciente a una familia de toda la vida de esa misma ciudad, siempre familiarizada con el vino. Comienzan a hacer pruebas, alquilan un pequeño espacio en otra bodega para elaborar, y no es hasta 2018 en que montan su pequeña bodega en la misma Aranda.
A la marca le ponen Territorio Luthier, no solamente como homenaje al trabajo del artesano que fabrica instrumentos musicales con paciencia y amor; sino como reivindicación del trabajo del enólogo meticuloso y artesano. “Se dice que el vino se hace en la viña, pero no, se hace en la bodega”, explica Cristina Alonso; y cuando se le replica que, si no hay una buena materia prima, el enólogo ya puede ser un genio que el vino no saldrá bueno, se ríe y comenta: “Nosotros no tenemos viñedos propios, compramos a terceros y naturalmente elegimos la mejor materia prima para poder trabajar bien en la bodega”.
Quercus Pyrenaica
Buscan y encuentran barricas de roble español para hacer las crianzas en madera, de su primer vino, el Hispania. Hay muy poco roble nacional para hacer barricas. Se comenta que los robledales autóctonos desaparecieron con las talas de la Armada Invencible y con las necesidades de la marina española, tremendamente poderosa, que navegaba por todos los mares. La variedad de roble español se llama “Quercus Pyrenaica”, y se extiende por zonas de Castilla y León, donde le llaman popularmente “rebollo”, sobre todo en el norte de Burgos y en los alrededores de la Cornisa Cantábrica. También la hay en Galicia y en Navarra.
De gran calidad, pero por ser muy escaso, es más caro que todos los demás, aunque da muy buenos resultados. Grandes firmas como Tomás Postigo, Pinna Fidelis, Lan, Condes de Albarei… lo utilizan en algunas de sus elaboraciones, como Territorio Luthier con Hispania.
Son poquitos porque lo que utilizan la mayoría de los bodegueros en el mundo, es el roble estadounidense, al que llaman americano, procedente de enormes bosques en Indiana, Missouri, Kentucky…; y roble francés. Estos últimos hace varios siglos que nacionalizaron sus robledales. La Administración controla su replantación y sus talas, que por cupos venden primero a las tonelerías francesas, y el resto, si sobra, al mejor postor. Últimamente está apareciendo mucho roble húngaro, algo de austriaco, de Eslovenia, Rumanía.
Tras el exitoso lanzamiento del Hispania, los socios se lanzan a nuevas marcas y elaboraciones con una filosofía muy concreta: en primer lugar, no hacer vinos jóvenes, sólo vino con crianzas en madera. En segundo, trabajar los tres colores, que son blanco, tinto y clarete, nombre de este último que reivindican por ser el típico de la Ribera del Duero, que no se llamaba rosado sino clarete o “claro”. Y tercero, buscan desde el principio vinos menos contundentes, menos robustos que la mayoría de los vinos de su denominación, que, por cierto, fue lo que la hizo famosa; sino vinos más sutiles, más ligeros, más frescos, y eso que todos van con crianza en barrica. Cristina Alonso sostiene que, aunque ahora se ha puesto de moda esta corriente en toda España, ellos en el 2018 fueron de los pioneros.
Los vinos
A pesar de que es una bodega pequeña con capacidad, que ya casi cubren, de 100.000 botellas al año, tienen varias gamas de vinos. Los más jóvenes y más frescos son los “Lara O”; los más icónicos son los Hispania; y los que van orientados a grandes crianzas y vinos de guarda, son los Territorio Luthier Reserva y Luthier Gran Reserva. Hemos catado uno de cada gama y la verdad es que representan un conjunto realmente atractivo.
El primero es el Lara O Clarete del 2023. Con mezcla de tempranillo, garnacha y albillo mayor, esta última uva blanca. Se cría durante 9 meses en barricas de roble de distintas procedencias. Su color no es de esos “rosé” pálidos, sino más bien con buen color más hacia picota. Hay que dejarle abrirse un poco para que en nariz salgan los tonos de arándanos, recuerdos de frutitos rojos, muy floral, más hacia violeta que hacia el pétalo de rosa típico. En nariz prácticamente no se nota la madera, pero en boca sí, porque es potente, sabroso, salino y con una acidez excelente que le hace un vino muy fresco y agradable. Su P.V.P. es de 20 euros.
El Hispania 2022 está elaborado con un 82% de tempranillo, un 15% de garnacha y un poquito, 3%, de albillo mayor. Se cría durante 15 meses en roble español y luego reposa dos meses en depósitos de cemento. Arranca en nariz con una contundente sensación de frescura dominada por la fruta, de una gran expresividad. Tiene tonos terrosos y de monte bajo de orégano y jara. La boca tiene fuerza y está muy bien equilibrada entre la fruta, la madera y una fina acidez que le aumenta la frescura. P.V.P. 34 euros.
Y cierra el de mayor gama, el Territorio Luthier Reserva 2019. Tiene la misma composición varietal que el Hispania, sólo que con 22 meses de crianza en barrica de distintas procedencias y 8 meses de reposo en hormigón. La elegancia, la finura, la sutileza, la complejidad, los tonos minerales de grafito, de punta de lápiz, dominan los aromas en nariz. En boca aparece con cuerpo, estructura, muy sápido; pero a la vez envolvente y fresco. Su P.V.P. es de 55 euros.
Magnífica la filosofía y la realización de esta pequeña bodega de luthier artesano. Seguro que dará mucho más que hablar.

