Hawái, Venecia o Menorca: 15 escapadas costeras para desconectar junto al mar (y no solo en verano)

Hawái, Venecia o Menorca: 15 escapadas costeras para desconectar junto al mar (y no solo en verano)


Desde calas escondidas de Menorca hasta los atolones coralinos de Polinesia Francesa, pasando por los canales de Venecia o la vegetación salvaje del Amazonas, las escapadas junto al mar ofrecidas por algunos de los establecimientos Relais & Châteaux conforman una red global que conjuga paisajes espectaculares, tradiciones locales y una particular forma de entender el turismo: la sostenibilidad, la autenticidad y el respeto por el entorno.

Menorca e Ibiza: el mar como vía de acceso a lo oculto

En el Mediterráneo español, el mar es mucho más que una postal: es un medio de transporte, una puerta hacia lo escondido. En Menorca, tres casas Relais & Châteaux —Faustino Gran, Fontenille Menorca y Cap Menorca— coinciden en su apuesta por mostrar la costa desde una perspectiva que solo se alcanza por vía marina.

Faustino Gran organiza travesías en embarcaciones propias, con patrón incluido y la posibilidad de degustar un menú a bordo. La experiencia se transforma en una ruta sensorial: fondeos en calas como Pregonda o Biniagus, paddling entre rocas rojizas, snorkeling en aguas limpias y apnea para los más experimentados.

Cap Menorca

Por su parte, Fontenille Menorca – Torre Vella apuesta por una salida desde el puerto de Mahón. Picnic marino, bebidas y el aperitivo del chef se suman al atractivo natural de una costa aún virgen, especialmente en temporada baja. Cap Menorca completa esta tríada con su flota de embarcaciones exclusivas que recorre el litoral con guías que conocen cada recoveco de la isla.

Desde la cercana Ibiza, el Mirador Dalt Vila propone una escapada en yate que abarca también Formentera. No se trata aquí de la Ibiza del ocio nocturno, sino de una navegación pausada por calas remotas, entre aguas que resplandecen incluso sin filtros de Instagram.

Mallorca y San Sebastián: el mar como desafío físico

En Mallorca, el Hotel & Spa Son Brull transforma la experiencia costera en una ruta más ligada al senderismo y al descubrimiento activo. Desde el establecimiento se proponen caminatas a calas como Bóquer —accesible tras 30 minutos de travesía a pie— o Figuera, en la península de Formentor, con su mezcla de arena y cantos rodados. Cala Murta, por su parte, se reserva para quienes prefieren llegar por mar o seguir un sendero aislado. La relación con el agua aquí es menos contemplativa y más deportiva, vinculada a la exploración y al esfuerzo.

En el norte peninsular, el Relais & Châteaux Akelarre de San Sebastián pone el acento en los deportes acuáticos. Mientras la playa de Ondarreta acoge a quienes buscan iniciarse en el kayak o el paddle surf, La Zurriola —epicentro del surf en Euskadi— se convierte en un laboratorio de olas para deportistas de todo el mundo. También hay espacio para la relajación: una travesía en velero por la bahía de La Concha culmina esta paleta de opciones.

Rías gallegas y la memoria del agua

A pesar de que Santiago de Compostela no es una ciudad costera, desde el Relais & Châteaux A Quinta da Auga se puede acceder en menos de media hora a los antiguos puertos de Noia o a las playas de Porto do Son. Allí, el mar se vive como un recuerdo geológico, una cicatriz de piedra abierta por las rías. La experiencia se articula en torno a paseos en velero hacia las islas Cíes o San Simón, pero también rafting, piragüismo y jornadas de buceo o surf en el litoral atlántico.

Más que escapadas, son excursiones de aprendizaje en las que el visitante entra en contacto con la historia de una costa marcada por el comercio, la emigración y el mito.

Le Ponant y Delfin: el viaje como ritual

Cuando el viaje deja de ser desplazamiento y se convierte en narrativa, el barco es el escenario. Es el caso de Le Ponant, un velero de tres mástiles que surca el Mediterráneo, el Caribe o Cabo Verde. A bordo no viajan cientos de pasajeros sino una pequeña comunidad temporal que se forma durante ocho días. Entre velas, sol y gastronomía local, la experiencia ofrece una inmersión medida en la naturaleza y la cultura de los destinos. Lejos del turismo de crucero masivo, Le Ponant representa una forma más íntima de navegar.

Una propuesta similar, aunque en un escenario radicalmente distinto, es la de Delfin Amazon Cruises, en Perú. Aquí la travesía fluvial por la Reserva Nacional Pacaya-Samiria se vive desde barcos panorámicos que permiten observar la selva sin romper su silencio. Con actividades como el kayak o el avistamiento de delfines de agua dulce, este Relais & Châteaux ofrece una exploración responsable del ecosistema amazónico.

Galápagos y Mauricio: cuando la biodiversidad es el lujo

La riqueza natural se convierte en protagonista en destinos como las islas Galápagos, donde la firma Ecoventura opera tres yates con capacidad reducida para un turismo de bajo impacto. Kayak, paddle surf, snorkeling entre tortugas e iguanas marinas y rutas guiadas por expertos naturalistas constituyen un programa tan educativo como transformador.

En el otro extremo del planeta, el 20 Degrés Sud en Mauricio se enfoca en la observación de la vida marina en un entorno protegido. Más de 800 especies de peces y 200 variedades de coral convierten estas inmersiones en pequeños documentales en vivo.

Ambos destinos coinciden en un aspecto esencial: la relación entre el viajero y el entorno está mediada por el conocimiento y la responsabilidad. Aquí, la belleza se contempla, pero no se toca sin conciencia.

Cultura viva en Hawái, Venecia y Zanzíbar

En algunas propiedades, el agua es también vehículo de memoria cultural. En Hawái, el Hotel Wailea propone una excursión en canoa tradicional hoe wa’a, acompañada de cantos oli que relatan la historia de los antiguos navegantes polinesios. En Zanzíbar, se navega en ngalawa, la canoa de vela del África Oriental, para explorar la laguna de Paje, mientras se descubren corales y especies marinas que forman parte del imaginario local.

Londra Palace

En Venecia, el Londra Palace rescata el bragozzo, barco de pesca decorado a mano, para recorrer la laguna veneciana. No solo se visita Murano o Burano: también se navega hacia islas olvidadas donde iglesias y monasterios permanecen anclados en el tiempo, y donde un guía interpreta la fauna y flora de uno de los ecosistemas urbanos más delicados del mundo.

Creta, Polinesia y el arte de vivir en armonía

La experiencia marítima en Elounda Mare (Creta) se materializa a bordo del Eliana K IV, un velero clásico que lleva a los huéspedes por la bahía de Mirabello y, ocasionalmente, hasta Santorini. Con su diseño británico, sus camarotes de caoba y la brisa egea, la navegación se convierte en un ritual de contemplación.

Le Tikehau, en la Polinesia Francesa, adopta una perspectiva más íntima. Aquí, los bungalós sobre pilotes tienen paneles de vidrio para observar la fauna submarina. La inmersión sensorial se complementa con el taurumi, un masaje tradicional con flores de tiaré que conecta cuerpo y espíritu con el entorno natural.

En su conjunto, estas escapadas de Relais & Châteaux no conforman un catálogo de lujo, sino un archivo de sensibilidades. Son experiencias que se alejan del turismo extractivo para aproximarse al descubrimiento pausado, cultural y ecológicamente consciente. Viajar en estos contextos implica mirar, escuchar y aprender.

El mar, en sus múltiples formas —lagunas, rías, océanos, canales, calas—, no solo es telón de fondo, sino protagonista. Y cada establecimiento actúa como curador de una experiencia única, en la que el agua es siempre sinónimo de vida, pero también de memoria, respeto y transformación.

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