Investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de Washington en San Luis (WashU Medicine), en Estados Unidos, han identificado un mecanismo cerebral que interviene en la activación y desactivación del dolor neuropático crónico. El descubrimiento, realizado en ratones, podría contribuir en el futuro al desarrollo de tratamientos más específicos frente al dolor provocado por lesiones nerviosas.
El trabajo, publicado en la revista científica Current Biology, pone el foco en el locus coeruleus, una pequeña región situada en el tronco encefálico que participa, entre otras funciones, en las respuestas de alerta y estrés y en la regulación del dolor. Los investigadores han observado que determinados receptores presentes en las células nerviosas de esta región pueden actuar como una especie de “freno” biológico frente al dolor.
El dolor neuropático aparece cuando los nervios dañados envían señales anómalas y persistentes al cerebro, que pueden traducirse en sensaciones como punzadas, ardor o dolor ante determinados estímulos. Entre sus posibles causas se encuentran la diabetes, algunas infecciones virales o la compresión de los nervios.
“Millones de adultos viven con dolor neuropático crónico causado por daño nervioso”, explica Jordan McCall, profesor asociado del Centro de Farmacología Clínica del Departamento de Anestesiología de WashU Medicine y autor principal del estudio. El investigador recuerda además las dificultades que plantea su tratamiento.
“El dolor es difícil de tratar, y los opioides tradicionales se unen a receptores en todo el cuerpo y el cerebro, lo que a menudo provoca efectos secundarios, tolerancia y riesgo de adicción”, señala McCall. Por ello, comprender con mayor precisión los mecanismos cerebrales implicados podría permitir desarrollar estrategias dirigidas específicamente a las zonas responsables del dolor.
Menor sensibilidad al tacto y al calor
Para estudiar este proceso, los científicos analizaron el locus coeruleus en ratones con una lesión nerviosa. Al desactivar temporalmente sus células cerebrales, comprobaron que los animales con dolor neuropático presentaban una menor sensibilidad al tacto y al calor, lo que reforzó la hipótesis de que esta región desempeña un papel relevante en la generación y regulación del dolor tras una lesión nerviosa.
Los investigadores se fijaron entonces en los receptores opioides mu, presentes en diferentes zonas del cerebro y la médula espinal y especialmente abundantes en el locus coeruleus. Tanto los opioides producidos naturalmente por el organismo como sustancias como la morfina o el fentanilo pueden unirse a estos receptores y disminuir la percepción del dolor en el sistema nervioso.
El equipo eliminó estos receptores únicamente de las células del locus coeruleus de los ratones con dolor neuropático. Los animales mostraron entonces una mayor sensibilidad al tacto y al calor que aquellos que conservaban los receptores. Cuando los científicos restauraron los receptores en esas mismas neuronas, la hipersensibilidad se revirtió. Los resultados apuntan a que el dolor crónico podría alterar la capacidad de estos receptores para frenar la actividad de las células del locus coeruleus.
A partir de estos resultados, los investigadores estudian cómo actuar específicamente sobre esta región cerebral sin afectar a los receptores opioides presentes en el resto del sistema nervioso. El objetivo a largo plazo es explorar terapias capaces de proporcionar alivio frente al dolor neuropático crónico de una forma más selectiva y, potencialmente, con menos riesgos. Por ahora, sin embargo, los resultados proceden de experimentos en ratones y no demuestran que este mecanismo pueda utilizarse ya como tratamiento en seres humanos.

