Gisèle Pelicot fue coronada por la sociedad como un icono del feminismo. Su historia ha trascendido a casi cualquier rincón del planeta y ha instaurado un nuevo lema en la lucha: “que la vergüenza cambie de lado”. Un año después del inicio del juicio contra su marido por sumisión química y agresión sexual, la vida de Gisèle ha cambiado en muchos aspectos.
El pasado 2 de septiembre de 2024 comenzaba el juicio que daría la vuelta al mundo. La mujer, de 72 años, denunció a su marido, Dominique Pelicot (72 años), por drogarla y violarla entre 2011 y 2020, así como permitir que más de 50 hombres abusaran de ella mientras estaba inconsciente. Fue ella misma quien decidió que el proceso fuera público.
Dominique ha sido condenado a 20 años de prisión y los 50 coacusados fueron declarados culpables de violación (46), intento de violación (2) y agresión sexual (2) con penas entre 3 y 15 años. Entre todas suman una sentencia de unos 400 años. No obstante, al menos 20 de los perpetradores no han podido ser identificados y se presume que están prófugos.
Después del juicio, Gisèle abandonó el apellido Pelicot para retomar el que usaba cuando estaba soltera. Además, se ha mudado a una aldea cerca de Mazan y ha optado por no tomar medicación psiquiátrica, debido a que prefiere otras formas de recuperación. También continúa caminando largas distancias sin cansarse. "Es positivo para ella retirarse y descansar, dejar de estar expuesta a cuestionamientos, poder bajar sus niveles de alerta y estar tranquila para poder terminar de integrar todo lo ocurrido", cuenta a Vozpópuli, Bárbara Zorrilla, psicología y miembro del Colegio Oficial de Psicología. "Respecto al apellido puede resultar un acto simbólico de renuncia a su exmarido o una manera de pasar desapercibida para poder encontrar la calma y la autonomía que necesita", añade.
"El daño psicológico generado en estos casos no depende sólo del tipo de violencia sufrido, la intensidad o el tiempo de exposición a la misma, sino que existen otros factores que lo mediatizan como las características de personalidad de la víctima, si han existido o no traumas previos o el apoyo social y familiar entre otros", dice la experta. Las secuelas más comunes en estas situaciones son "una elevada sintomatología postraumática, un gran deterioro de la autoestima y emociones de vergüenza, desconfianza hacia los demás culpa o miedo", así como "trastorno de estrés postraumático complejo con síntomas disociativos, alta activación fisiológica e hipervigilancia, flashbacks y una alteración en la percepción del yo". A esto se le suman "los trastornos del estado anímico con síntomas ansiosos y depresivos y las alteraciones cognitivas y somatizaciones".
A pesar de haber pasado el tiempo, la mujer francesa sigue sufriendo de caída del pelo, pérdida de memoria, problemas de peso y somnolencia diurna. Todo ello consecuencia de la sumisión química.
Aunque todavía persistan secuelas de esos diez años de abusos, la vida de Gisèle ha dado un giro de 180º. El reconocimiento internacional le ha llevado a ser considerada como una de las personas más influyentes, de acuerdo con las listas de múltiples medios como la BBC o el Financial Times. Además, en julio de este 2025 fue nombrada caballero de la Legión de Honor por Francia -la más alta orden cívica del país- como reconocimiento público a su valentía y activismo.
Estos reconocimientos "pueden tener una función reparadora", debido a que dejaría de estar "estigmatizada" y pasaría de ser "una víctima pasiva" a "una mujer activa, que toma decisiones y que ha creado un lema (que la vergüenza cambie de bando)", dice la psicóloga. Estas acciones sirven como una "validación externa y de refuerzo de su resiliencia". "Ahora bien, la reconstrucción del yo es un proceso complejo y sostenido en el tiempo que requiere que estas acciones se acompañen de otras, además del tratamiento por profesionales especializadas", puntualiza la experta.
Por otra parte, la decisión de haber hecho el juicio público, al contrario de "otra ingente cantidad de casos", "no parece que haya resultado revictimizante", comenta la psicóloga consultada por este medio. Sumado al apoyo mundial que ha recibido por parte del movimiento feminista, a Gisèle le puede haber servido como "una forma de resignificar lo ocurrido, que es muy terapéutico, porque tiene la posibilidad de ser escuchada y elegir como contar su historia, de saber que está ayudando a otras mujeres, de visibilizar una injusticia y un problema social como la violencia sexual y el machismo imperante, resultando una forma de validación y de reparación simbólica para ella", argumenta Zorrilla.
Asimismo, la mujer publicará sus memorias, ‘Un himno a la vida’ (Lumen), el próximo 27 de enero de 2026. El libro ha sido escrito con la ayuda de la periodista Judith Perrignan y será publicado en más de veinte idiomas. "Estas actividades resultan tremendamente terapéuticas y hay evidencia empírica al respecto, el trabajo creativo, la terapia ocupacional, el ejercicio moderado, … dan estructura y ayudan a la reducción del cortisol y estimulan la producción de serotonina", señala Bárbara Zorrilla. El escribir sus memorias le "ayuda a adueñarse de la narrativa, ella es la protagonista y la autora de su vida, lo que contribuye a dotar de sentido e integrar y elaborar lo sucedido, y constituye una práctica muy indicada en el trabajo con trauma", explica la psicóloga.
Distanciamiento entre madre e hija
La hija de Gisèle y Dominique, Caroline Darian (46 años), también denunció a su padre por abusos sexuales. Según contó en una entrevista para el diario inglés The Telegraph, su madre le “abandonó” en los tribunales y “se negó a creer” que era cierto.
Caroline Darian – EP
Durante el proceso judicial por el caso de Gisèle, la policía encontró en el disco duro de Dominique una carpeta eliminada con el título ‘Mi hija desnuda’, en ella había fotografías de Darian inconsciente y con ropa interior que no era suya. El padre sostuvo que desconocía la existencia de esas imágenes y condenó a Caroline a “tortura mental”, en palabras de un psiquiatra del tribunal, según recoge The Telegraph.
Así, la mediana de los Pelicot descubrió que era la “segunda víctima” de su padre sin tener ningún conocimiento o recuerdo de lo sucedido. Cabe destacar que en el juicio también se descubrieron fotografías de sus dos nueras, Céline y Aurore, y, además de las agresiones a su mujer, Dominique fue juzgado por violar a la mujer de otro condenado.
Caroline denuncia haber sido marginada emocionalmente, además de ignorada en momentos clave y utilizada como parte de una narrativa pública que no reflejaba su realidad. Todo esto ha provocado que coexistan capas de trauma dentro del entorno de esta familia francesa.
Al principio, este tipo de casos suelen tener un efecto "devastador" dentro de la familia. "La información altera toda la dinámica familiar, cambian los roles y jerarquías, la familia deja de ser un refugio y las reacciones de cada miembro pueden resultar impredecibles y dispares", cuenta Bárbara Zorrilla. Además, "la negación de la violencia sexual en la familia" suele ser algo muy común.
Estos "mecanismos de negación", que actúa como "una reacción defensiva", podría ser lo que se oculte detrás del rechazo de Gisèle a los abusos a su hija de su exmarido. Por un lado, "protege" a la madre de "asumir que su hija ha sido violada por su padre, algo tremendamente duro y difícil de integrar". Por otro, también ayudaría a suprimir ese sentimiento de culpa, "de sentir que le falló como madre y que no supo protegerla", cuenta Zorrilla.
Asimismo, la mediana de los Pelicot ha sufrido varios misteriosos problemas ginecológicos a lo largo de los años. Ha llegado a tener un desgarro vaginal que no le cicatrizaba y una vez fue ingresada de urgencia en un hospital psiquiátrico durante 72 horas.
Siguiendo los pasos de su madre, Caroline Darian publicó el pasado enero de este 2025 también un libro autobiográfico contando su experiencia y sus vivencias: ‘Y dejé de llamarte papá’ (Seix Barral). Además, la hija de Gisèle ha fundado una organización contra la sumisión química llamada M’endors Pas (‘No me duermas’ en español).
Cubierta del libro 'Y dejé de llamarte papá' de Caroline Darian – SEIX BARRAL/EP
“Durante cuatro años acompañé a mi madre a todas partes”, manifestó Caroline a la reportera de The Telegraph. “La apoyé sin juzgarla jamás y no siempre fue fácil”, dijo. Según comentó, Gisèle no era muy amiga de querer oír aquello que le contaban sobre su ahora exmarido.
“En ese tribunal se suponía que debía de ayudarme”, afeó la mediana de los Pelicot. Darian expresa que su madre era la única persona capaz de haber convencido a Dominique de confesar. “Nunca podré perdonarla”, lamentó Caroline.
Las consecuencias del distanciamiento entre madre e hija pueden ser "muy negativas". "Una y otra pierden apoyos fundamentales para asumir, afrontar y reparar lo ocurrido", dice Bárbara Zorrilla. "La hija puede sentir incomprensión, porque ella ha mostrado apoyo incondicional a su madre y ahora ella no tiene ese apoyo, necesitará atravesar el duelo generado por la pérdida de la figura materna", argumenta. Por su parte, Gisèle "puede sentir que su hija tiene afán de protagonismo, que le ha traicionado, o culpa por no haber sabido apoyarla, ambivalencia y también necesitará atravesar un duelo, por la pérdida de su hija y por su propio rol de madre".

