El historiador y arqueólogo Tito Vivas fue uno de los invitados en los últimos meses de Jordi Wild en su canal de YouTube, The Wild Project, y en la entrevista dio pistas sobre algunos de los mayores misterios sobre su profesión: la historicidad de Jesucristo y sus últimos momentos.
«Lo que sí sabemos es más o menos es cómo evolucionó todo, o sea, Jesús es capturado y lo llevan ante los ante los judíos», comienza explicando Vivas, que agrega que «es obvio que a él lo capturan y lo llevan ante los judíos. El que da la orden de detención es el sanedrín, no los romanos. Entonces lo detienen, pero los judíos no lo pueden juzgar».
«Lo tienen que llevar ante la autoridad de los de los romanos. Lo han capturado de noche y los romanos dicen, ‘a mí déjame tranquilo hasta mañana’ y lo meten al calabozo», prosigue Vivas.
«Ahí es probablemente cuando los legionarios juegan con él, ¿no? Y le ponen la la corona de espinas y demás. Y entonces al día siguiente lo juzgan», dice el arqueólogo.
Vivas sostiene que Poncio Pilatos no ordenó la ejecución de Cristo, sino que tan solo ordenó que fuera golpeado. Cuando la élite local pide su crucifixión, «Pilatos lo que hace es tomar una decisión por seguridad para que no se monte una revolución más que porque Jesús realmente merezca», dice el estudioso.
«Y entonces es cuando él dice, ‘bueno, yo me lavo las manos’. Es una forma de decir, ‘la decisión no es mía, es lo que estáis pidiendo vosotros. Pues crucificadlo como a muchos otros que se crucificaban’ y al fin y al cabo le daba igual», añade el arqueólogo.
«Y entonces es cuando lo condenan a la cruz y pese haber sido ya castigado y prácticamente torturado, Jesús tiene que cargar con la cruz como los demás reos, eso está hasta el Golgota y allí lo matan«, continúa Vivas.
El arqueólogo dice que «la crucifixión era una forma habitual de de pena de muerte en en aquella época por los romanos en general».
«Lo que sí sabemos es que la zona donde es juzgado y condenado a muerte es el entorno de la Torre Antonia y luego es crucificado en un área que que los todos los textos nos dicen que estaba a las afueras de la ciudad, que era una antigua cantera y que allí se utilizaba como cementerio», dice Vivas.
La crucifixión, explica el historiador, era un sistema doloroso: «El crucificado no muere por las heridas, muere por asfixia«, explica Vivas. «La cuestión está en que llega un momento en el que tú no puedes sostenerte ya por tu peso por agotamiento. Entonces, en el momento que tú caes porque las piernas no te sujetan, el torso lo que hace es que te comprime y te asfixias. O sea, si no mueres por las heridas, tú mueres por asfixia», dice el arqueólogo.
«Entonces, lo que hacían los romanos para acelerar esa muerte era romperle las piernas a la gente para que no se pudieran apoyar y cayera el peso y entonces se asfixian y murieran», explica Vivas. «Es una tortura, es una muerte horrible, horrible», sentencia el arqueólogo.
¿Y la resurrección? «Ahí entramos ya en en el plano del mito», dice Vivas. «Creo que no es raro que volvieran al tercer día y no hubiera cuerpo, porque yo creo que alguien estaba muy interesado en que aquel personaje no se convirtiera en un mártir que diera pie a otra revolución», opina el historiador.
«Yo creo que es probable que al tercer día fueran a la tumba y estuviera abierta o vacía y de ahí pongan pongan ellos en marcha el mito de la resurrección», agrega Vivas. «El que va a poner en marcha la invención del cristianismo será San Pablo, que para mí es el mejor director de marketing que ha dado la historia, sin duda», concluye entre risas.

