El actor de The Bear parecía la opción perfecta para interpretar a Bruce Springsteen. Pero no a la versión que todos conocemos, al icono de la música, a la leyenda del rock and roll, al único e inimitable The Boss. En sus años interpretando al chef más carismático de la televisión, Jeremy Allen White había demostrado con creces tener las dosis justas de fuerza y fragilidad para dar vida a Springsteen en el peor momento de su vida, durante la grabación del disco Nebraska.
Ese periodo es el que retrata Bruce Springsteen Deliver Me From Nowhere, el antibiopic de Scott Copper (Crazy Heart) que se estrena este fin de semana y por el que el Jeremy Allen White vino a Madrid hace un par de semanas.
Este es un retrato de Bruce Springsteen pero no del icono sino de un hombre que no estaba pasando por su mejor momento. ¿Cómo te ayudó el músico a crear este personaje tan privado?
Fue gracias a su generosidad y a su honestidad. Desde nuestro primer encuentro fue profundamente honesto. Le pregunté por qué la película se centraba en este periodo de su vida y, específicamente, qué le estaba sucediendo en este momento. Y él me explicó que este momento de su vida fue un punto de cambio importante y que le permitió llevar la vida que ha llevado desde entonces, la de un hombre de familia, una pareja estupenda. Me habló de la feria, del momento de angustia que sintió allí, y de cómo se sentía en general, como un observador de su propia vida, sin ser capaz de vivirla. Y esa era una sensación que a mí no me resultaba nada ajena en aquel momento.
Así que vi que era una manera de entrar en el personaje, de explorarlo. Y dijo una cosa que a mí se me quedó grabada. Que las tres horas que pasa encima de un escenario sabe exactamente quién es y que se siente absolutamente presente. Es con el resto de las horas del día con las que tiene problemas. Esa fue la clave para mí. En esas horas me podía perder en Bruce a través de sus actuaciones y el resto del tiempo, me sumía en la duda y en el miedo, como él.
La película también retrata la depresión y la necesidad de buscar ayuda en estos casos, así que quizás puede ayudar a gente que esté pasando por ella. ¿Fue uno de los motivos que te impulsó a hacer la película?
Sí. Siempre me han interesado las historias sobre personas solitarias que buscan pertenecer, como todos. Ya sea compartiendo tu vida con alguien o perteneciendo a una comunidad. Aquí tenemos a un hombre que resulta que es Bruce Springsteen que se encontraba muy perdido y no sabía adónde pertenecía. Creo que volvió a casa pensando que iba a encontrar su lugar pero ya no lograba reconocerse en el joven que había sido. Contar esta historia, su historia, merecía la pena.
Y sobre todo, porque al final la historia acaba con que él se apoya en sus seres queridos y después en ayuda profesional, que en los 80 en Nueva Jersey no era nada convencional, fue muy valiente por su parte. Igual que fue muy valiente por su parte permitirnos hacer esta película. Espero que a la gente que la vea le haga ser tan valiente.
En el momento en el que arranca la película Bruce Springsteen está a punto de convertirse en un icono y de alcanzar la fama mundial y tiene miedo de perder la conexión con su pasado y con quien fue. ¿Te has sentido identificado con ese sentimiento como actor que ha hecho ese mismo viaje en los últimos años gracias a la fama de The Bear?
Bruce pasa por un momento en el que se siente muy seguro de su trabajo, de su música, tiene mucha confianza en sí mismo. Pero fuera de eso se sentía un fraude. Creo que porque muchas ideas se estaban proyectando en su personaje público. Después de esa gira gigantesca por The River, creía que encontraría las respuestas volviendo a Nueva Jersey, a su casa, pero al llegar allí se encuentra más preguntas que respuestas.
Es algo con lo que yo mismo he podido lidiar a una escala mucho más pequeña que Bruce Springsteen. Creo que tienes que separar la percepción que tienen de ti como personaje público de tu conocimiento de ti mismo, que debe de ser sólido, para poder seguir viviendo tu vida de una forma que sientas verdadera. Para muchos artistas se puede dar cierta confusión y puedes caer en la duda, en el miedo, como le pasó a Bruce Springsteen. Y eso es algo que me resulta familiar, claro.

