El cantante paisa ha construido una colección donde conviven superdeportivos, clásicos y algunos de los carros más exclusivos del mundo
Para Maluma, los carros parecen ser mucho más que una extensión del éxito que consiguió con la música. Mucho antes de los grandes escenarios internacionales, Juan Luis Londoño Arias comenzó a construir una relación con los automóviles que con los años terminó convirtiéndose en una de sus grandes pasiones.
A los 19 años, cuando empezaron a llegar sus primeras ganancias importantes por la música, compró un Porsche Boxster. Aquel deportivo amarillo terminó siendo mucho más que su primer carro de lujo: fue el punto de partida de una colección que hoy reúne máquinas alemanas e italianas, clásicos, vehículos todoterreno y algunas piezas cuya exclusividad las convierte en verdaderos objetos de colección.
Porsche ocupa un lugar especial en esa historia. Entre los modelos que ha mostrado el cantante está el 911 Turbo S Exclusive Series, una edición limitada a apenas 500 unidades en todo el mundo y que el propio Maluma llegó a presentar como el carro de sus sueños. Con un motor bóxer biturbo de 3,8 litros y 607 caballos de potencia, es también una de las piezas más especiales de su garaje. Su valor en el mercado de colección puede superar los US$300.000.
La colección alemana también incluye un 911 GT3 RS, un 718 Cayman GT4 y un 718 Spyder, vehículos desarrollados con una clara vocación deportiva. A ellos se suma un Porsche 911 de la generación 993, particularmente atractivo para los coleccionistas por ser la última generación del nueveonce refrigerada por aire.
Ferrari, el capítulo más exclusivo
Si Porsche representa la tradición y el vínculo sentimental, Ferrari parece ser el lugar donde Maluma lleva el gusto por los carros a otro nivel.
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La pieza que más miradas ha despertado es su Ferrari Purosangue verde menta. El modelo tiene un precio de entrada cercano a los US$400.000, pero la configuración del artista va mucho más allá de una unidad convencional. Fue personalizada mediante el programa Tailor Made de Ferrari, con un tono exterior solicitado especialmente y detalles interiores hechos para él, entre ellos una maleta de cuero roja marcada con “Don Juan 1/1”.
El Purosangue lleva un V12 atmosférico de 6,5 litros que desarrolla 725 caballos de potencia y puede superar los 310 kilómetros por hora. Maluma incluso convirtió la llegada del vehículo en un espectáculo al recibirlo con champaña y posteriormente mostrarlo por las calles de Medellín.
El italiano comparte garaje con un Ferrari F8 Spider conocido como “Uvita”, cuya carrocería en un tono púrpura profundo se aleja del tradicional rojo de la marca. Una unidad de este modelo puede rondar los US$350.000, dependiendo de su configuración y del mercado.
La relación con Ferrari también ha incluido ejemplares de la familia 488, además de un Ferrari Mondial de los años ochenta. Este último tiene un significado diferente dentro de la colección: no se trata de buscar las cifras más impresionantes de aceleración, sino de conservar una pieza de otra época de la marca italiana.
Y esa parece ser precisamente la particularidad del garaje de Maluma. No todos los carros cumplen la misma función.
Junto a los superdeportivos aparecen un Mercedes-AMG G63, cuyo precio puede ubicarse alrededor de los US$200.000, y un Lamborghini Huracán, que aporta el sonido de su V10 atmosférico. Para los caminos más difíciles y las jornadas en zonas rurales, también aparecen un Jeep Wrangler modificado y vehículos recreativos de Can-Am y Yamaha.
Así, el garaje termina pareciéndose menos a una simple colección de carros costosos y más a una selección hecha alrededor de diferentes formas de entender el automóvil: velocidad, historia, exclusividad y diversión.
Porque hay una diferencia importante entre comprar un carro caro y coleccionar automóviles. El primero puede ser una demostración de poder adquisitivo; el segundo implica encontrarle un significado particular a cada máquina.
En el caso de Maluma, todo comenzó con aquel Porsche Boxster que compró cuando apenas tenía 19 años. Desde entonces, el garaje creció hasta reunir vehículos que, individualmente, pueden costar cientos de miles de dólares y que, en conjunto, forman un patrimonio automotor de varios millones.
Pero quizás el dato más llamativo no esté en la suma. Está en que aquel primer Porsche no terminó siendo reemplazado y olvidado. Permaneció como parte de la historia de un artista que, mientras su carrera crecía, convirtió aquella vieja fascinación juvenil por los carros en una colección donde conviven algunas de las máquinas más deseadas de la industria.
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