El coche de Sirat prosigue su camino tras la decepción de los pasados Globos de Oro. Seleccionada para representar a España en los Oscar, la película de Oliver Laxe, es un original de Movistar Plus+ que ya puedes ver en streaming en su plataforma, cuenta por el momento con el beneplácito de los premios (recibió el premio del jurado en Cannes) y con el del público, ya que su llegada a otros mercados, como el francés, está siendo un éxito. Con lo que no contaría sería con el beneplácito de dos directores que nunca pudieron ver un solo fotograma de su metraje.
Hablamos de Hitchcock y Truffaut, fallecidos más de cuatro décadas antes de que Sirat se estrenase. Para explicarte por qué dos de los cineastas más revolucionarios y respetados de la historia no habrían aprobado Sirat, debemos advertirte de que adentrarte en la respuesta implica hacerlo en territorio spoiler. Si estás de acuerdo, sigue leyendo. Si no, detente. Es un campo minado.
El arrepentimiento de Hitchcock
Inglaterra era aún el patio de juegos de un genio llamado Alfred Hitchcock. Corrían la década de los treinta y el director filmaba una o dos películas por año. En 1936, tras maravillar al mundo con 39 escalones, Hitchcock estrena El agente secreto y Sabotaje (en 1942 repetiría título, que no argumento).
Esta última, como le reconoció Truffaut en sus célebres y documentadas conversaciones, había decepcionado al cineasta francés tras volver a ella. Y uno de los motivos era que Hitchcock hacía saltar por los aires a un niño, que paseaba por la ciudad, sin saberlo, una bomba a punto de explotar.
Hitchcock consideraba que la muerte del niño había sido una equivocación, pero que era necesaria argumentalmente, por lo que debería haber ocurrido en otros términos y, desde luego, fuera de pantalla. “Creo que incluso adoptando esta solución”, oponía Truffaut, “el público habría quedado contrariado.
Es muy delicado, me parece, hacer morir a un niño en una película; se roza el abuso de poder en el cine”. Hitchcock convenía con el francés y añadía que “es un grave error” matar a un niño en una película.
El puente tan delgado que conduce del infierno al paraíso, y que da nombre a Sirat, se parte por la mitad cuando el hijo del protagonista se despeña en un automóvil que no tenía puesto el freno de mano. Este golpe de efecto atronador, que constituye el momento por el que todos recordaremos Sirat, es precisamente lo que criticaban Truffaut y Hitchcock; la gratuidad en la muerte de un niño a manos del director. Afortunadamente, Óliver Laxe no tendrá que rendir cuenta ante dos cineastas de la magnitud de los citados.

