
En España existen más de 4.000 bodegas, pero apenas 110 han alcanzado el Sustainable Wineries for Climate Protection (SWfCP), el sello que acredita prácticas sostenibles reales en el sector vitivinícola. Entre ellas se encuentra una bodega burgalesa, Pradorey, en Gumiel de Mercado, que ha logrado destacarse por su compromiso con el medio ambiente y la innovación en la producción de vino.
Este reconocimiento no se limita a la gestión ambiental: también evalúa la responsabilidad social, económica y de gobernanza. Así, las bodegas certificadas demuestran un modelo de negocio integralmente sostenible, algo que se ha convertido en un distintivo cada vez más valorado por los consumidores y expertos del sector.
Del corcho ecológico a la viña ecológica
Hace dos años, Pradorey sorprendió al sector al ser pionera en el uso de corcho ecológico. Pero su transformación ecológica comenzó mucho antes: desde 2016 han ido adaptando progresivamente sus 550 hectáreas a la agricultura sostenible, alcanzando hoy 89 hectáreas certificadas como ecológicas.
Este esfuerzo no solo beneficia al planeta, sino que también garantiza que cada botella que sale de sus instalaciones cumple con estrictos estándares de producción responsable. La certificación SWfCP, además, confirma que estas prácticas son verificables mediante auditorías externas, un detalle que añade credibilidad y transparencia.
Compromiso ambiental: energía, agua y reciclaje
En el núcleo de su filosofía sostenible está la reducción de la huella de carbono. La bodega implementa energías renovables y sistemas de eficiencia energética que permiten reducir el consumo eléctrico y optimizar procesos industriales.
El manejo del agua es otra prioridad. Se aplican técnicas de riego eficiente y tratamiento de residuos líquidos para minimizar el impacto sobre los acuíferos locales. Además, la gestión de residuos sólidos apuesta por el reciclaje y la reutilización de materiales, cerrando así un ciclo que combina producción y respeto al entorno natural.
El compromiso sostenible no termina en la viña. La bodega también trabaja en áreas sociales, promoviendo la igualdad de género, el empleo local y la integración comunitaria. Participa en proyectos culturales y solidarios, e implementa protocolos estrictos contra el acoso laboral y sexual.
El consumo responsable de vino es otra de sus prioridades. Se fomenta la educación del consumidor, informando sobre la calidad de sus productos y su procedencia ecológica, para que cada elección de compra esté alineada con valores sostenibles.
Sostenibilidad económica: innovación y diversificación
Para garantizar la viabilidad del proyecto, la bodega ha desarrollado un modelo económico diversificado. La presencia en distintos canales de venta, combinada con una estrategia de enoturismo, asegura ingresos estables y promueve la cultura del vino de la región.
Además, mantiene relaciones justas con proveedores y socios comerciales, reforzando así un ecosistema empresarial que respeta tanto al medio ambiente como a la comunidad que lo rodea.
Hay que tener en cuenta que la certificación SWfCP también evalúa la gobernanza de la empresa. Esto incluye la integración de la sostenibilidad en la estrategia corporativa, la publicación de informes transparentes y el cumplimiento de un código ético riguroso.
El diálogo constante con grupos de interés, desde clientes hasta proveedores y autoridades locales, permite que las decisiones empresariales sean más inclusivas y responsables. Según el CEO de la bodega, este enfoque representa “un paso firme hacia un modelo de producción más consciente, equilibrado y alineado con los retos del futuro”.
La bodega y sus vinos: tradición y modernidad
En la actualidad, la bodega cuenta con 17 referencias, de las cuales cuatro son 100% ecológicas: Adaro, Salgüero Tinto, Sr. Niño y Lía. Todos los vinos se elaboran con uva propia, un detalle que garantiza trazabilidad y calidad en cada etapa de la producción.
La innovación se combina con la tradición: han recuperado el uso de tinajas de barro centenarias y fermentaciones con levaduras autóctonas, técnicas que permiten que cada vino refleje el carácter único de su tierra. El resultado son vinos con personalidad propia, capaces de expresar la riqueza de la Ribera del Duero de manera auténtica.
Este reconocimiento a la sostenibilidad coloca a Pradorey entre los referentes del sector. No se trata solo de cumplir con estándares ecológicos, sino de consolidar un modelo de negocio que equilibre economía, sociedad y medio ambiente.

