Ryan Murphry sabe dar que hablar. Y Love Story es la enésima demostración. Disponible en España gracias a Disney+, Love Story describe la relación entre Carolyn Bessette y John John Kennedy. A diferencia del biopic al que estamos acostumbrado, Love Story se toma licencias históricas e incluso llega a cargar contra personas que aún están vivas.
Es el caso de la actriz Daryl Hannah, pareja de John John Kennedy en los momentos en que se desarrolla Love Story, y a la que serie representa como una villana. Daryl Hannah se ha defendido de su representación en una columna de The New York Times, en la que niega, como se retrata en la serie, que consumiera cocaína o contaminado la imagen de los Kennedy en prensa como desquite. Sin embargo, esto no hace peligrar a Love Story. ¿Por qué en España sí sería un problema?
El biopic “crítico” en España: por qué hay tan pocos
En Hollywood y sus alrededores, se inició la fiebre del biopic: toda persona con un mínimo de relevancia es susceptible de ver su vida en la pequeña o gran pantalla. Por supuesto, hay varias formas de aproximarse a ella: desde el retrato elegíaco, a menudo controlado por los familiares o el propio retratado; o desde la protección de la ficción. Y es aquí donde empiezan los problemas.
Recientemente, hemos visto en Blonde cómo la vida de Marilyn Monroe describía actos atroces de hombres de la categoría de JFK, mientras que, en Priscilla, tampoco salía muy bien parado Elvis. Sin embargo, no se ha interpuesto ninguna denuncia contra estos proyectos. En Hollywood, es muy poco habituales que tales actos se produzcan, y a lo sumo suele recurrirse a la estrategia de Daryl Hannah, que se refiere a su representación en Love Story como una imagen totalmente inventada y un personaje de ficción.
En España, en cambio, hemos visto secuestros legales de series como Mi gitana, sobre Isabel Pantoja, aunque se disimulara su presencia con otros nombres y canciones. No obstante, Mediaset la promocionó como “la tv movie sobre Isabel Pantoja”, lo que hizo que un juez decidiera que la serie vulneraba el derecho al honor de la folclórica al incluir acontecimientos no demostrados.
En otros casos, no obstante, tales denuncias no han prosperado, como en la miniserie Tita Cervera, la baronesa, cuya protagonista real intentó paralizar pero que, al basarse en un libro ya publicado, convenció a un juez para que se mantuviera en emisión.
En Hollywood, el derecho al honor parece primar menos que el de la libertad de expresión y rara vez los denunciantes (que de hecho escasean) intentan cancelar un biopic. Olivia de Havilland denunció mismamente a Ryan Murphy, creador de Love Story, por su representación en Feud, pero un juez consideró que era lícito el derecho de un creador a dramatizar y tomarse libertades.
He ahí la importancia del “’basado’ en hechos reales” que corona muchas producciones: ese “basado» escuda al título de posibles denuncias, puesto que un documental que pretendiera contar la verdad fáctica de una determinada persona nunca diría estar “basado en hechos reales”.
También, y como ocurrió en España con la miniserie sobre la baronesa Thyssen, las producciones que parten no de la vida de un personaje, sino de un libro (de no ficción o ficción) son invulnerables, puesto que descargan en sus fuentes literarias la ofensa o no al derecho al honor del representado.

