Uno de los elementos del hogar que más dudas suscita en lo que se refiere a su limpieza son las toallas que usamos para secarnos tras el baño o la ducha. Ahora, la ciencia explica cuál es la medida adecuada.
El Daily Mail recoge en un reportaje las declaraciones de Sacha Dunn, fundadora y directora ejecutiva de la empresa de productos de limpieza Common Good, sobre este asunto.
«Las toallas retienen la humedad y pueden convertirse en caldo de cultivo para bacterias y moho, incluso si no parecen sucias ni huelen mal», revela Dunn en sus declaraciones.
Dunn sostiene que las toallas con las que nos secamos tras la ducha deberían lavarse después de cada tres usos, aproximadamente. La frecuencia debe ser aún mayor con las toallas de mano.
Según los expertos, las toallas que tenemos junto al lavabo para secarnos las manos cada vez que nos las lavamos deben pasar por la lavadora al menos cada dos días de uso.
El problema es que las toallas usadas permanecen húmedas durante demasiado tiempo, atrapan células de la piel, aceites corporales y agua, lo que crea un ambiente cálido donde los gérmenes se multiplican y pueden empezar a causar malos olores rápidamente.

