Resolver las elecciones presidenciales en primera vuelta le ahorraría a toda Colombia millonarios costos económicos y un profundo desgaste en salud mental
Texto escrito por: Manuel Humberto Restrepo Dominguez
La ganancia de la nación será extraordinaria si en primera vuelta elige presidente. Las encuestas, el entusiasmo, el optimismo y la conciencia generalizada demuestran que es posible. Elegir en primera vuelta puede convertirse en el mejor propósito nacional del año. La economía no sufriría por alteraciones prolongadas, se evitaría el presumible lavado de dineros ilegales mezclados con legalidad y connivencia mafiosa; la política evitaría alianzas dañinas de segunda vuelta que fragmentan y clientelizan y los encargados de repartir miedo perderían iniciativa, se alivia la salud mental del país al acabar con la angustia y violencia electoral, y la convivencia gana al detener odios y polarización.
Elegir de inmediato, en primera vuelta primera, optimiza la política y minimiza daños tangibles en al menos cuatro dimensiones. En la economía, la prolongación electoral es altamente costosa. Son más de 120.000 millones de pesos adicionales: 17.500 millones cuesta la organización y realización y muy por encima de 100.000 millones la devolución por votos. Este dinero alcanzaría para sostener 35.000 cupos universitarios o pagar los recibos de un mes de agua a 3 millones de familias, gas a un millón y medio o energía a un millón.
La pérdida económica colectiva crece ante la incertidumbre que retrasa procesos, negocios e inversiones, congela flujos en mercados, paraliza gastos sociales y giros del Estado y frena flujos de consumo y financieros. Bancos como JP Morgan advierten que esperar una segunda vuelta genera volatilidad y lleva a ponderar con menor valor los activos del país. Las semanas entre primera y segunda vuelta son un impasse que la economía no puede permitirse y ojalá así sea para ahorrarse ese alto costo y aprovecharlo socialmente mejor.
En la dimensión política, toda segunda vuelta es un caldo de cultivo para la intolerancia en beneficio de la ignorancia y de la fuerza bruta de fanáticos, junto a la ampliación de la agresividad afectiva, que traslada el discurso de odio a las emociones y extiende la animadversión al ataque personal. Se activan las peligrosas alianzas de segunda vuelta, que terminan beneficiando a oportunistas y a quienes quedaron convertidos en candidatos de tarjetón, sin la menor opción (con menos del 2 % en encuestas), algunos esperando su oportunidad para negociar poder, contratos o un lugar en el gobierno, generando clientelismo y fragmentación en nombre de una supuesta neutralidad inexistente o de un centro sin bases sociales. Esos son votos inútiles. Un refugio para prejuicios o temores, y quedarían muy bien si de una vez en primera suman útilmente en beneficio de la nación.
En la dimensión de salud mental, las campañas son extenuantes y producen un desgaste que eleva la ansiedad social, el agotamiento emocional, enrarecen el clima laboral y generan hartazgo de la ciudadanía. Resolver en primera vuelta acorta ese sufrimiento colectivo y contribuye a fortalecer la cuarta dimensión que es la convivencia, la tranquilidad, al dejar a un lado la exacerbación y división que tiende a aumentar y a transformar el miedo en odio y este en más frustración y desconfianza.
Definir en primera vuelta la mitad más uno legitima al ganador y evita reforzar una lógica de bloques antagónicos enfrentados, que tensa la convivencia y puede perdurar mucho después de finalizado el proceso electoral. Definir en primera vuelta no es un simple capricho procedimental ni un asunto menor y aplica para cualquier lugar del mundo, como lo muestran diversas experiencias ya vividas. Elegir presidente en primera vuelta es la mejor ruta para evitar parálisis económica, detener la escalada de polarización política, reducir el desgaste psicológico nacional y preservar la cohesión social al no someter al país a un segundo ballotage que profundiza divisiones, contrario al ideal de bienestar y dignidad humana de la nación.
Desde 1994, con el sistema de dos vueltas, Colombia ha elegido a cinco presidentes y elegido y reelegido a uno en una sola vuelta y, de 1910 a 1994, eligió más de 20 en una sola vuelta. Hoy votar es un derecho y un deber (art. 258 C.N.), pero además una responsabilidad ética y un compromiso de ciudadanía. Un acto de conciencia incomprable, orientado por un programa sostenido sobre principios y valores de justicia social, soberanía, paz, oportunidad a economías populares, reducción de desigualdades, reconocimiento de las diversidades y respeto por la vida y dignidad humana.
Elegir presidente en primera vuelta es estadísticamente una posibilidad real demostrada durante más de 9 meses continuos y ratificada ante el escrutinio de las plazas públicas atiborradas. Elegir en primera vuelta constituye el escenario ideal, el mejor, para unir en lo que une al país y no repetir en 2026 episodios de violencia, amenazas, corrupción, saboteos, falsedades, infamias, atentados y asesinatos selectivos como ocurrió entre 1994 y 2022 en las semanas de primera y segunda vuelta.
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