El rincón vasco en Madrid, con Solete Repsol, donde el pintxo-pote cuesta solo 2,5€

El rincón vasco en Madrid, con Solete Repsol, donde el pintxo-pote cuesta solo 2,5€

Desde su apertura en abril de 2022, Aguirre se ha convertido en un nombre propio dentro del panorama gastronómico madrileño, en concreto en Pozuelo de Alarcón. Este restaurante ha conquistado paladares gracias a una propuesta honesta, una cuidada selección de productos y un ambiente acogedor que invita a quedarse. No es casualidad que luzca desde el inicio un Solete Repsol, distinción que premia aquellos lugares con encanto donde siempre apetece volver.

La raíz vasca de este local no es casual, ni impostada: forma parte del ADN del restaurante. Teresa, la impulsora de este proyecto, se crió entre los aromas de la cocina de su abuelo, cocinero del mítico Hotel Londres de San Sebastián, una figura clave en su vida y en su amor por la gastronomía. Aguirre es el resultado de una visión muy personal. “Este restaurante era mi sueño”, confiesa. Y lo cierto es que cada rincón, cada plato y cada detalle respiran ese sueño hecho realidad.

Tradición y sabor con alma vasca

La carta de Aguirre está llena de guiños a la gastronomía del País Vasco: las clásicas gildas, en especial la innovadora “gilda vitaminada”, que se acompaña de un shoot de vermut de Extremadura, la txistorra artesana, la tortilla de bacalao y la tabla de cecina de León con almendras son solo algunos de los imprescindibles.

Pero si hay un plato que representa el carácter del restaurante es la txuleta a la parrilla: un kilo de vacuno mayor con 40 días de maduración, traída directamente del País Vasco y cocinada con maestría. A su lado, pintxos y raciones que combinan sabor, sencillez y autenticidad.

Pintxo-pote a 2,50€

Uno de los mayores reclamos de Aguirre es su pintxo-pote, que se celebra los jueves por la tarde-noche y los sábados al mediodía. Por sólo 2,5 euros, los clientes pueden elegir entre una barra repleta de pintxos, como el ‘San Sebastián’ (un pan cristal con el huevo frito de corniche y torreznos a baja temperatura), rabo de toro, o ensaladilla,  y acompañarlos de un pote de cerveza Keler donostiarra o una copa de vino.

Teresa lo tiene claro: “Toda esta construcción de proyecto la he hecho desde el punto de vista de yo, como vecina de barrio, qué me gustaría que me pusieran cerca de mi casa o de mi oficina. Porque tenemos los dos públicos”. Y esa visión se nota: Aguirre se ha convertido en un punto de encuentro para quienes viven o trabajan por la zona, un lugar donde comer bien y con calidad.

Además, entre semana, el restaurante ofrece un menú del día por 14,50 € con platos caseros y sabrosos.

Postres con carácter

Aunque Teresa no se considera especialmente golosa, hay un postre que lleva su sello y del que se siente especialmente orgullosa: la tarta de queso. “A mí la tarta de queso me gusta. Yo no soy muy de dulce, y me gusta la tarta de queso que sepa a queso, pero no con galletas ni arándanos ni todas estas versiones que se hacen ahora. Yo tengo un referente, lógicamente, en la de La Viña, en San Sebastián, que hace una tarta increíble, deliciosa. Hicimos más de 60 pruebas para llegar a esta tarta”, cuenta. El resultado es un postre que sabe a hogar, a infancia, a norte, y que se ha ganado su lugar fijo en la carta y en la memoria de quienes la prueban.

Con un ticket medio de 30 euros, Aguirre ofrece una experiencia gastronómica completa, auténtica y asequible. Su éxito no es fruto del azar, sino del trabajo y la pasión de quien lo ha hecho posible. “Este restaurante era mi sueño”, repite Teresa, y al visitarlo no quedan dudas: ese sueño se ha materializado en un lugar donde cada detalle cuenta.
 

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