el polémico rodaje de ‘El lago azul’ hoy sería impensable

el polémico rodaje de ‘El lago azul’ hoy sería impensable

Mientras la crítica se lo pasaba bomba destrozando la película, los espectadores también, pero acudiendo en masa a los cines atraídos por el morbo de ver a su joven protagonista y exmodelo infantil ligerísima de ropa, o sin ella, y la historia del despertar sexual de dos inocentes adolescentes perdidos en una paradisiaca isla desierta.

El lago azul adaptaba una novela romántica del género coming-of-age que transcurría a finales del siglo XIX escrita por Henry de Vere Stacpoole y publicada en 1908. Los protagonistas que naufragaban de un velero a la edad de 7 años eran además primos, Emmeline y Richard Josephson, protegidos durante los primeros años de su vida en la isla por otro de los náufragos, el cocinero.

Navegando entre el melodrama, la aventura de supervivencia y el erotismo soft, se estrenó en los cines estadounidenses en julio de 1980, aprovechando la temporada veraniega, y a los nuestros el 6 de marzo de 1981. Y también aquí fue una de las sensaciones de hace 45 años encumbrando a Brooke Shields como prematuro símbolo erótico, cuando aún era menor de edad, aunque ya venía de haber causado un buen revuelo con La pequeña de Louis Malle de 1978 encarnando a una prostituta de tan solo 12 años. Una etiqueta hipersexualizada de la que ya no se desprendería jamás.

Detrás de las cámaras estaba Randal Kleiser que, después de haber arrasado dos años antes con Grease, parecía infalible a la hora de facturar taquillazos. Pero el rodaje en las islas Fiyi fue como mínimo de lo más cuestionable. Algo que sus dos protagonistas siempre ponen de relieve, ya sin especial rencor, cuando se trata de rememorar la película.

El mismo Christopher Atkins, la pareja de Shields en la pantalla, ha vuelto a recordar recientemente cómo el director y los productores forzaron que él y su compañera tuvieran un romance en la vida real, por aquello de entrar mejor en sus respectivos papeles. El actor tenía entonces 18 años y era su primera película, mientras que Shields contaba con 14 cuando empezó la producción y cumplió 15 años durante el rodaje.

«Habían colocado una foto de Brooke sobre mi litera en el barco para que la mirara cada noche antes de dormir y así me enamorara», recordaba justo hace unos días en el el pódcast Media Path sobre las distintas argucias utilizadas. Aunque Atkins también ha subrayado que se sentía «muy protector» hacia ella. Lo que no fue obstáculo para que si hubiera algo entre los dos, describiéndolo como algo «dulce» e «inocente».

«Querían desesperadamente que nos enamoráramos», recordaba también  Shields junto Atkins en su pódcast Now What? With Brooke Shields hace cuatro años. «No reaccioné bien al ser obligada a sentir algo. Ni siquiera había besado a nadie a esa edad», confesaba la actriz sobre su actitud ante un rodaje definitivamente incómodo.

«Ahora no estaría permitido»

La actriz y modelo siempre ha reconocido que para las escenas de desnudo más explícitas se recurrió a una doble de cuerpo. Pero, por lo demás, el tema de la desnudez era tan importante para el director que, nada más llegar al escenario isleño del rodaje, les ordenó que sus cuerpos debían estar completamente bronceados. Para ello se instalaron unas cabañas de paja sin techo en las que se tumbaban desnudos y separados por un improvisado tabique.

«Nunca más se volverá a hacer una película así«, aseguraba Shields en su mismo pódcast. «Es decir, no estaría permitido». A lo que su compañero recordaba además que «Se hizo daño a animales en la película. Arponeábamos a peces y hacíamos todo tipo de locuras. Había niños corriendo desnudos por la playa; todo eso no se podría hacer hoy en día». Definitivamente, los dos jóvenes no estuvieron demasiado protegidos en la película. El ambiente de rodaje era de lo más permisivo y ni siquiera las medidas de salud o seguridad eran especialmente cuidadosas.

El vestuario tampoco supuso un gasto especial para el presupuesto. «Llevábamos tiras de ropa diminutas, y mi pelo estaba pegado al cuerpo con cinta adhesiva para cubrir mis pechos, que de todas formas eran muy pequeños», explicaba Shields. «Me pegaban unas cositas color carne en los pezones porque, evidentemente, ahí es donde pusieron el límite».

Eran largas jornadas de trabajo y escenas que requerían un gran esfuerzo físico. «Trepar a esos cocoteros… ¡Dios mío, me rozaban la piel sin parar! Correr sobre los corales y demás, todas las picaduras de insectos, los cortes de coral y todas las demás locuras. Las fiebres y todo lo que tuvimos… la gente no sabe nada de eso; no es fácil». En la misma escena del parto, Shields llegó a dotar de un gran verismo su interpretación. No era para menos. El dolor que reflejaba en pantalla se correspondía con la fiebre de la neumonía que había pillado.

Brooke Shields no puede envejecer

El lago azul había tenido antes dos versiones cinematográficas, una película muda de 1923 y una producción británica de 1949 con Jean Simmons y que en Estados Unidos, a causa de la censura del moralista Código Hays, se estrenó recortada en unos 15 minutos. Pero el éxito de la película de los 80 fue impresionante. Había costado unos 4,5 millones de dólares y solo en Estados Unidos recaudaría 58,8. Además, la fotografía de Néstor Almendros fue nominada al Oscar.

En cuanto a las posteriores trayectorias de Atkins y Shields no fueron tan prometedoras como se esperaba. Él también quedó encasillado en papeles en los que aparecía con taparrabos o sin camiseta, en productos como Los piratas (1982) o haciendo de stripper en Una noche en el cielo (1983), aunque obtuvo mejor suerte con su personaje de un joven estudiante que iniciaba un tórrido y escandaloso romance con Sue Ellen (Linda Gray) en la séptima temporada de la emblemática serie Dallas. Actualmente tiene 65 años y sigue en activo.

Apenas unos meses después del estreno de El lago azul, Brooke Sields apareció en una serie de anuncios para Calvin Klein Jeans; en el más célebre de ellos, preguntaba: «¿Sabes qué se interpone entre mis Calvin y yo? Nada».

La cadena CBS se negó a emitir el anuncio por considerar que rozaba la pornografía infantil, y ABC siguió sus pasos. Y a su madre, la productora, modelo y actriz Teri Shields (junto a su hija parecieron juntas enWanda Nevada o Amor sin fin), que era además su manager, le seguían cayendo varapalos por explotar tan alegremente la imagen de su hija menor de edad fuera en películas o anuncios.

Brooke Shields tuvo una carrera marcada por decisiones erróneas, interviniendo en películas de escaso éxito. Amor sin fin (1981) y Aventuras en el Sáhara (1983) fueron las dos que llegaron a tener algo de repercusión. Pero la escasa taquilla y el nulo reconocimiento crítico le permitieron volver a repetir laureles.

Actualmente tiene 61 años y más de un centenar de producciones jalonan su recorrido. Su más reciente trabajo ha sido en la serie de misterio y crímenes You’re Killing Me. Pero sobre todo ha destacado por la publicación de sus memorias, Brooke Shields is not allowed to get old (A Brooke Shields no se le permite envejecer), en enero del pasado 2025, el las que también reflexiona sobre cómo afecta el paso de los años a las mujeres en la industria del entretenimiento.

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