El Parlamento Europeo ha aprobado este miércoles -con 334 votos a favor-llevar ante la justicia europea (TJUE) el acuerdo comercial recién firmado entre la Unión Europea y el Mercosur. La propuesta de ‘judicializar’ el pacto ha tenido numerosos respaldos de la derecha radical y de varios partidos de izquierdas. Por ejemplo, Vox y Podemos eran partidarios de esa vía, pero tanto PP como PSOE reforzaron la idea de que se siga adelante con el acuerdo que general la «zona de libre comercio más grande del mundo», insisten desde Bruselas.
Pero el resultado de la votación provoca que se paralice su entrada en vigor hasta que se emita la opinión de la justicia comunitaria. La cuestión que se consulta y que está sobre la mesa es dilucidar si el acuerdo con América Latina es compatible con los Tratados de la UE. Por lo pronto, esta votación es una mala noticia para las aspiraciones geopolíticas de Bruselas; el proceso normal implica que el TJUE puede tardar en torno a dos años en pronunciarse, por lo que la Eurocámara no podrá hasta entonces votar el texto en su totalidad. Cabe la posibilidad, eso sí, de que la parte puramente comercial del acuerdo se pueda aplicar de manera provisional mientras la justicia europea se pronuncia, al ser una competencia exclusiva de Bruselas.
Este movimiento se da mientras el sector del campo europeo se ha manifestado estos días en Estrasburgo, justo cuando se celebraba el pleno de la Eurocámara en la ciudad francesa. De hecho, los agricultores reclamaban que esta posibilidad obtuviera la luz verde, y lo han celebrado con vítores y gritos alrededor de la institución; algunos de ellos consideraron que este es «un pequeño éxito» de sus reivindicaciones, tal como explicaron a 20minutos. Además, confían en que la justicia europea tumbe el acuerdo, que, dicen, «no tiene ningún sentido» para la economía comunitaria.
Desde Vox han calificado este resultado como «una victoria histórica» frente a los intentos de la Comisión Europea de imponer el acuerdo por la vía rápida y sin el debido control democrático. El jefe de delegación, Jorge Buxadé, ha declarado que es «una gran victoria para el campo español». El resultado de la votación también lo ha visto con buenos ojos Compromís. «Este acuerdo pone en riesgo nuestra capacidad de legislar en materia climática, de proteger la salud de los consumidores frente a pesticidas y productos químicos prohibidos en Europa, y de defender nuestros sectores productivos», explicaron.
Por su parte, Bernd Lange, presidente de la Comisión de Comercio del Parlamento Europeo, mostró su descontento con el resultado de la votación. «Absolutamente irresponsable. Es un gol en propia meta», escribió en redes sociales, y ha acusado a sus colegas de «utilizar tácticas dilatorias con el pretexto de una revisión jurídica». Fue de hecho muy rotundo en su mensaje: «Es muy perjudicial para nuestros intereses económicos y nuestra posición», sostuvo. Cree que pone a Europa «fuera de juego».
Marchas durante toda la semana
Miles de agricultores han marchado en los aledaños de la sede francesa de la institución para reclamar lo que vienen pidiendo desde hace años: protección para el sector primario. «Es una vergüenza que Ursula von der Leyen quiera cambiar la alimentación europea para fabricar coches alemanes y venderlos en Río de Janeiro«, ha asegurado Luis Portilla, responsable de las Juventudes Agrarias de COAG. «El campo está en pie de guerra», ha añadido.
«Le decimos no a Mercosur, no a que los eurodiputados aprueben este acuerdo. Tenemos que proteger el campo europeo, por eso estamos aquí», ha sostenido Portilla. En la misma línea habló Pedro Barato, presidente de Asaja. «Estamos defendiendo los intereses del campo. No podemos aceptar una PAC con menos dinero y con más obligaciones», ha dicho. Y se opone al pacto con el Mercosur: «Así no». Porque el acuerdo, dijo, «es una ruina para el campo español». Barato ha dejado claro que el campo «necesita producir y trabajar» pero «sin tanta burocracia». Asaja y COAG avisan contra la ‘competencia desleal’ y avisan contra el impacto negativo del pacto comercial sobre actividades como el cereal, la carne de vacuno, el arroz, la remolacha y la miel. Además critican las cláusulas de salvaguardia, que se activarían si hay un desvío del 5% en las importaciones o los precios, por considerar que el proceso de activación es muy farragoso.
Catarina y Francesco, dos agricultores italianos, explicaron desde Estrasburgo a este periódico in situ que esas garantías «no son suficientes», e insisten en la idea de que el pacto con el Mercosur «supone una desigualdad» con el sector primario de América Latina. Matizan que no están en contra del acuerdo, «pero no así» porque, lamentan, este tipo de pasos «convierte la agricultura en un desastre por decisiones de políticos». Pierre, agricultor francés con más de 30 años de experiencia, señala precisamente a la clase política. «Llevamos años pidiendo que esto no se haga así, que nos escuchen, y la cosa siempre acaba con nosotros movilizados por defender los nuestro«, concluye a este periódico.

