La JEP documenta las investigaciones sobre el magnicidio de José Cardona Hoyos que se opuso a la violencia y abogó por la paz y la reconciliación
Texto escrito por: José Cardona Jiménez
El 8 de Mayo de 1986 cayó asesinado mi papá, un compatriota que perdió la vida en el conflicto que vive nuestra patria. Hoy quiero reivindicar su nombre, pues este país debe conocer su patrimonio moral, su honradez, su inteligencia y sobre todo su convicción política de demócrata y de hombre de paz.
Cuenta la historia que en la década del 50 ya establecida la violencia política, mi padre como abogado, desafiando el peligro, íngrimo, sólo con la fuerza de su dialéctica y entre amenazas e insultos, atravesaba el Tribunal Superior de Buga para oficiar como parte civil o acusador particular sin honorarios en el juicio contra uno de los asesinos políticos de la época. Mi padre ante las intimidaciones proferidas por don León María Lozano y sus alegres muchachos y en un paréntesis de su intervención jurídica recordó en voz alta los versos del poeta Miguel Hernández:
“Aquí estoy
en los desfiladeros del pueblo,
desde ahora y desde
Siempre.
Aquí estoy
para vivir mientras el alma suene
y aquí estoy para morir
cuando la hora llegue.
Varios tragos es la vida,
Un solo trago es la muerte.”
José Cardona Hoyos fue miembro del Comité Central del Partido Comunista desde 1945. Fue Secretario Regional del PCC durante 38 años ininterrumpidamente y con la misma entereza con la que denunció como congresista el régimen del entonces presidente Julio Cesar Turbay Ayala y las torturas y violaciones de los derechos humanos cometidas por los generales Camacho Leyva y Vega Uribe, fue el primer dirigente de izquierda que señaló la necesidad de acabar con la tesis de “la combinación de todas las formas de lucha» para acceder al poder y planteó la urgencia de la reincorporación del movimiento guerrillero a la vida civil, anunciando que de no darse tales hechos, el país caminaría irremediablemente por las sendas de la violencia.
Pero no lo dijo solamente por hastío de que las discrepancias entre los colombianos no tuvieran otra forma de resolverse que a tiros. Él, con su claridad mental, supo leer el momento histórico durante el gobierno de Belisario Betancur y no tuvo problema en aceptar que el país vivía una situación distinta a la que venía padeciendo con Turbay Ayala. El gobierno de Betancur levantó el Estado de Sitio y se abolió el Estatuto de Seguridad. Cuando Cardona Hoyos pidió dentro de las filas comunistas un debate esclarecedor sobre el rumbo que se debería seguir, considerando que un proyecto insurreccional era ilusorio, explicando que Colombia distaba mucho de lo que era Nicaragua o Cuba en su momento, en una situación política en que grandes masas se expresaron en favor de la paz en las elecciones, no tuvo otra respuesta que la expulsión de su partido considerado como traidor y luego el balazo certero, en un día como hoy hace 40 años.
Cardona Hoyos escribió con detalle lo acontecido en un libro llamado “Rutptura, una camarilla corroe al Partido Comunista”, y dos días después de ser puesto a la venta en la Librería Nacional fue asesinado a pocas cuadras de la Universidad Santiago de Cali donde dictaba una cátedra de historia contemporánea.
Ante la incomprensión de quienes habían sido sus compañeros de lucha de toda una vida manifestó: “la historia me dará la razón”, y se la dio, pues de sus detractores e impugnadores, años después, unos cayeron asesinados en ese espiral de violencia que mi padre predijo y más adelante otros firmaron la paz. Los insurgentes hoy hacen lo que mi padre les sugirió: abandonaron la lucha armada y se reinsertaron para hacer política desde la civilidad pero jamás han reconocido ser los autores de su muerte violenta. No lo hacen a pesar de haber reconocido muchas otras muertes porque la de José Cardona Hoyos sería reconocer que estaban equivocados. Una derrota política con miles de muertos de por medio les parece hasta hoy, imposible de asumir. Mi padre les ganó la guerra desde su tumba. Lástima grande que sus palabras no fueran escuchadas. Cuánto dolor se habría ahorrado nuestro pueblo.
Hoy la JEP tiene documentado el caso y serán los jueces los que decidan acerca de la autoría material e intelectual del crimen pues se han recopilado documentos y testimonios que apuntan a la insurgencia como autores del magnicidio. Son 12 años de investigación con muchas entrevistas y varias confesiones en privado. Un rompecabezas que se terminó con la certeza de quiénes instigaron el crimen, quién dio la orden, quién buscó al asesino y qué fue de la vida de este personaje.
En sus últimos años de actividad política se dedicó con vehemencia a la búsqueda de la paz. Como revolucionario le parecía tentadora la opción de la paz por encima de la opción de la victoria pues esta generaba otras discordias mientras que la paz tenía la virtud de permitir la vida que es la mayor victoria posible del ser humano. Un amigo suyo decía que con su muerte desperdiciamos la oportunidad de insertarnos en la civilización que es el otro nombre que se le da al respeto y a la felicidad.
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