La población europea de perros es un testimonio de los movimientos migratorios y de los intercambios comerciales que han formado parte de la historia del continente. Una de las razas cuya trayectoria nos adentra en la cronología de nuestra propia historia humana es el kuvasz, cuyos antepasados llegaron a la cuenca de los Cárpatos junto a las tribus nómadas y seminómadas procedentes de los montes Urales de Siberia y del Tíbet.
En la región que hoy es Hungría, los magiares se asentaron con sus rebaños de ovejas y sus caballos, además de sus perros, que realizaban funciones de guardianes tanto del ganado como de las propiedades. Con el paso de los siglos, estos animales, de aspecto poderoso, pelaje lanudo y abundante, y blancos como la nieve, atrajeron el interés de la nobleza. En particular, la historia del kuvasz, en plural kuvaszok, está vinculada a la del rey Matías Corvino.
Durante su reinado en Hungría y Croacia (1458-1490), consolidó al kuvasz como un símbolo de lealtad y protección, que no solo era utilizado para cazar osos y bisontes, sino también como protectores de sus dominios. Las crónicas antiguas de la época afirman que el rey confiaba más en sus kuvaszok que en sus propios guardias reales y que siempre mantenía al menos un par de estos perros a su lado.
El establecimiento de un programa de cría por parte de Matías Corvino no solo elevó el estatus del kuvasz entre la aristocracia europea, sino que también convirtió a estos perros en un regalo de gran distinción. Obsequiar un kuvasz a un noble desde las perreras reales era considerado un honor especial, un gesto que subrayaba la importancia de esta raza para la corte. La reputación de estos perros alcanzó tal estatus de prestigio, que durante la II Guerra Mundial, tal como recogen archivos conservados, los soldados alemanes tenían instrucciones de buscar de forma específica a los kuvaszok en Hungría y matarlos, debido a la fiereza y daño que llegaban a causar defendiendo sus hogares.
Como con todas las razas modernas, habría que esperar hasta el siglo XIX para que la afición ‘perruna’ que dio lugar a la cinología elaborara un estándar de la raza y se iniciara una cría selectiva.
Grandes, fuertes y muy protectores
Tras el descenso de las prácticas ganaderas, especialmente a lo largo de la segunda mitad del siglo XX, el kuvasz comenzó a popularizarse como animal familiar. Su aspecto proyecta nobleza, fuerza y coraje, y su temperamento no se queda a la saga. Es un perro con tendencia a desconfiar de los extraños, pero extremadamente noble con su familia cercana, incluidos los niños. Hay que mencionar, no obstante, que pese a sus grandes dimensiones, es un perro inesperadamente ágil y rápido si percibe una amenaza, mostrando mucha iniciativa a la hora de proteger su territorio.

Por lo tanto, el kuvasz requiere a un titular conocedor de la raza y consistente en su educación y socialización. Físicamente, necesitan una actividad moderada, evitando cualquier tipo de ejercicio de impacto para no dañar sus articulaciones, y una estimulación mental elevada para que no desarrollen problemas de conducta por aburrimiento.
Para ampliar i nformación sobre el kuvasz, sin presencia de criadores oficiales en España, se recomienda contactar con la Federación Cinológica Internacional o con el Club Húngaro de Conservación de la Raza Kuvasz (HFKK). Desde Animaleros sugerimos que se valore la adopción responsable.


