«El autor a veces es un estorbo. Todos deberíamos estar muertos»

«El autor a veces es un estorbo. Todos deberíamos estar muertos»

Todo surge por un encargo de su redactora-jefe. El columnista Juan José Millás quiere cerrar su vida periodística con algo contundente, un golpe de guion, un reportaje de campanillas. No hay tema, es de estilo y contenido libres. Así que el Millás escritor se pone al Millás periodista de montera y empieza el espectáculo que tiene un título muy de la ‘casa’: Ese imbécil va a escribir una novela (Alfaguara).

La búsqueda de ese asunto que dé brillo al final de su carrera se convierte en una historia sobre los ‘clásicos’ de este hombre que peina 79 años y prefiere la palabra viejo al eufemismo mayor: la identidad, la confusión entre ficción y verdad, lo irreal. Con el efecto secundario y colateral del humor. Porque Juan José Millás parece un tipo serio que reniega de las presentaciones por obsoletas y hace entrevistas por obediencia.

Pero su dialéctica invencible esconde impúdicamente una manera cómica de ver las cosas, para que su trascendencia no nos sepulte. Así, este irreductible observador dice que tiene un 2 y pico % de neandertal, palabra que popularizó en sus libros con Juan Luis Arsuaga. «Es una especie que no sobrevivió a su bondad, que fue la que nos mató. Sobrevivieron los malos, los sapiens«. Hilarante, a veces, Millás nos recibe en un hotel de Madrid con nombre de ciudad nórdica, Casa Suecia, donde trató con el legendario editor Carlos Barral cuando trabajaba en Iberia y aspiraba a ser un buen escritor. Barral le habría dicho hoy: misión cumplida Juanjo.


Vamos a empezar por el final de la novela. ¿Ya ha pensado un reportaje para entregarle a la redactora-jefe de su periódico?No, todavía no. Pero estoy dándole vueltas. Entendiendo como gran reportaje, que tiene que implicar un viaje largo a un sitio exótico, a mí, sin embargo, me gustaría que fuera un reportaje sobre una cosa pequeña, algo de carácter doméstico, que es el mundo en el que me he movido. En el columnismo, que es lo misterioso que hay en lo cotidiano.

Pero por mucha libertad que le den a uno, ¿existe el reportaje perfecto?El problema no es el asunto, es el punto de vista. Que aciertes con el emplazamiento de cámara para contarlo, como un buen fotógrafo.

Cuantas más interpretaciones haya, más riqueza hay en el libro, más ambigüedad. Esta es una característica literaria

La vida de Millás parece corriente, en el sentido más amplio de la palabra, el que nos define a todos. Pero es entrar en sus libros y todo rezuma irrealidad, excentricidad, inverosimilitud. ¿En qué punto convergen los dos Millás?Se puede llevar una vida, digamos, convencional y una vida mental muy agitada (risas). Ahora parece que estamos en esta vida última.

De su última novela se han hecho muchas interpretaciones. ¿Era su deseo, que cada cual entrevea lo que quiera?
Con lo que me cuentas de que hay muchas, parece que sí, que se puede entender así, aunque yo no las he visto, ya me dirás dónde buscar para leerlas (risas). El autor no tiene ningún deseo de que haya una sola interpretación. Al contrario, cuantas más haya más riqueza hay en el libro, más ambigüedad. Esta, la ambigüedad, es una característica literaria y es lo que permite que cada lector reescriba la novela a su gusto.

Millás, con Madrid al fondo.
Millás, con Madrid al fondo.
JOSÉ GONZÁLEZ

Dicen las críticas que es su novela más personal. ¿Lo cree así quien la firma?Bueno, es una novela muy personal, pero todas las novelas son personales. No puede ser de otro modo. Se deben referir a que el yo está más presente. Pero también lo está en El mundo, que es la novela con la que gané el Premio Planeta (2007) y es de carácter biográfico.

Yo qué sé si esta novela es la mejor; uno cree que el conjunto de su obra sería un puzzle y cada novela y cada libro, una pieza

¿Y la mejor? ¿Es siempre la última novela la mejor?Me parece estupendo que alguien lo piense así. No tengo nada que objetar, pero esta línea que separa lo mejor de lo peor, es tan corrediza, tan volátil… Intentar ver la carrera de un escritor ya viejo, que ha escrito mucho, como una competición consigo mismo, con sus novelas… Yo que sé si es mi mejor novela. Es una novela que tenía que escribir en estos momentos y la ha escrito lo mejor que he podido, pero no me atrevería a establecer comparaciones. Por otra parte, cuando se tiene cierta perspectiva para leer una obra,  y yo la tengo, aunque no por méritos, sino porque tengo mucha edad, uno cree que el conjunto de su obra sería un puzzle y cada novela y cada libro, una pieza. A lo mejor hay novelas que se pueden considerar en ese puzzle menores, quizás, pero tienen un lugar. Esta novela es una pieza más de ese puzzle, ahora ¿es central, superior, lateral? No me atrevo a decirlo.

La nostalgia, ¿es un motor literario? Su novela El mundo es una constante aquí.Yo no diría que esta sea una novela de nostalgias. Es una novela en la que sí aparece alguna intención clara, es la de cerrar círculos. La de mirar atrás y ver qué quedó abierto y qué conviene cerrar de lo que quedó abierto. Es una cuestión muy admirable en los seres humanos. Esto de que se quieran morir dejando las cosas ordenadas. Si te vas a morir lo normal es decir ‘Qué más da’. Yo recuerdo un actor norteamericano (George Sanders), hace muchos años, que se vino a España a suicidarse, en un hotel. Y dejó una nota que decía: ‘Allí os quedáis’. Me parece muy elogiable que la mayoría de los seres humanos no diga eso, sino que diga: ‘He limpiado el cuarto de baño’, ‘He dejado la nevera llena’ y eso se ejemplifica en muchos matrimonios cuando dicen en un momento de su vida ‘Tenemos que ir al notario’. Y lo hacen para dejar las cosas arregladas para los hijos. A mí me suele sorprender también, porque he leído muchísimas cosas sobre la muerte, que hay muchísimos casos de gente que está agonizando y que se resiste a morir. No es por miedo por pasar al otro lado, sino porque tienen la impresión de que han dejado cosas sin hacer. Es muy frecuente que esta gente se muera cuando su hijo o hija les cogen de la mano y le dicen: ‘Papá, está todo en orden. Vete tranquilo’. Y entonces, se van. Es la necesidad de irte habiendo dejado las cosas en orden. Igual desde el punto de vista creyente, como crees que hay otra vida y tal… pero desde un temperamento más ateo, pues piensas que parecería más lógica la posición del actor norteamericano que dijo lo de ‘que les den, que se arreglen’. 

Millás tiene 79 años.
Millás tiene 79 años.
JOSÉ GONZÁLEZ

Y Juan José Millás ¿tiene sus cosas en orden? Confiemos en que falte mucho para una despedida, que conste.Lo de ‘ahí os quedáis’ es tentador (risas) pero frente a esa tentación aparece una especie de Pepito Grillo que dice ‘hombre, no. Vete bien, Arregla las cosas’. En cierto modo, esta novela tiene que ver con eso, con clausurar cuestiones reales o mentales que quedaron abiertas. Esta novela es el resultado de un fracaso, el de no haber conseguido ese artículo con el que despedirse de ese género del periodismo.

Acaban de nombrar a un papa nuevo. En este libro usted habla de sus antiguas creencias, que ya no son. ¿Es una casualidad, una causalidad, el azar?Son dos hechos noticiables (risas), pero le están dando más importancia al papa. El taxista que me traía me ha dicho: ‘Que sepas que vas en un coche papal’. Me he dicho, a ver si este hombre ha llevado al papa cuando era cardenal. Pero me ha respondido: ‘Es porque vas en un Seat León’ (risas).

Me he llegado a enterar de que el papa muerto (Francisco) calzaba un 43. ¿Y a mí qué me importa eso?

¿La Iglesia le inspira todavía pocas simpatías?Estoy un poco sorprendido de la campaña de imagen que le estamos haciendo a la Iglesia, que es una institución medieval. Además, veo que todo el mundo se ha convertido. Todos están encantados, los medios. Tengo la impresión de que el mundo se ha convertido, pero yo no. Creo que ha sido tan excesiva la campaña… Me he llegado a enterar de que el papa muerto (Francisco) calzaba un 43. ¿Y a mí qué me importa eso? Me alegro de que por fin haya un papa y podamos seguir con nuestras vidas. Con lo que cuesta un minuto del telediario y vi que le dedicaban 18 minutos al cónclave, ¡18 minutos diciendo naderías y tonterías! Pero es verdad que la Iglesia proporciona un espectáculo que es un poco como el del Circo del Sol: fíjate qué pirueta hacen ahora, y ahora ponen la chimenea y tal. Lo más sorprendente de este aparataje es que el único que no está allí es Dios. Estoy leyendo el libro de Cercas El loco de Dios en el fin del mundo y estoy muy interesado en ver cómo termina. Porque el papa afirma ser el representante de Dios en la tierra. Desde mi punto de vista, eso solo lo puede decir un impostor o un delirante. Porque decir eso… manda huevos. Cercas ya escribió un libro, El impostor, sobre alguien que yo creo que era un delirante.

'Ese imbécil va a escribir una novela' está editada por Alfaguara.
‘Ese imbécil va a escribir una novela’ está editada por Alfaguara.
CEDIDA/Alfaguara

¿Cómo se piensa Millás? Que no es lo mismo que verse a uno mismo.Yo creo que no nos pensamos tanto como somos pensados. Finalmente, nosotros somos el resultado de una programación neolingüística. ¿Recuerdas en Blade Runner cómo a los replicantes se les implanta una memoria? Pues yo creo que tenemos mucho de replicantes en ese sentido, nos han implantado una memoria. Para pensarse hay que hacer algo que recomiendan los expertos en meditación trascendental, pero que es muy difícil. Es intentar crear en tu mente una especie de balcón desde el que observas todo lo que pasa por la cabeza, por tu cabeza. Y yo lo intento, pero no lo consigo. Pero es muy curioso ver el carrusel de ideas que van pasando por tu cabeza cuando consigues colocarte como observador, cosa que es casi imposible. El observador forma parte del observado. La meditación habla de esto: te tienes que colocar en el lugar de un observador que ve sus propios pensamientos. Ahí estamos, en esa lucha.

La corrección lingüística, cuando se lleva al exceso, da risa

Lo que sí afronta a las claras es la vejez. ¿Mejor que tercera edad?Vejez está bien. Una de las personas con las que hablo se refiere a los viejos como adultos mayores, que es un eufemismo maravilloso. Si hay adultos mayores, será que hay adultos pequeños. A mí la palabra viejo me parece bonita, la palabra anciano también. Cuando oí el sintagma de adultos mayores, durante unos segundos tuve que pararme para preguntarme ‘qué es esto?’ Parece que en algunos centros la recomendación es llamarlos así. Es una locura.

La corrección del lenguaje, ¿no nos limita demasiado?En algunos casos, sí. Nos limita porque nos debe limitar, pero cuando se lleva al exceso, como lo de los adultos mayores, da risa.

Todos conocemos escritores que se comportan como imbéciles y que, sin embargo, son muy buenos

¿Conoce a muchos imbéciles que hayan escrito una novela?Se dan casos, sí. Quiero decir, todos conocemos casos de escritores que se comportan como imbéciles y que, sin embargo, son muy buenos. Por eso, conviene a veces separar al autor de la obra porque es muy difícil que si un autor te cae mal seas capaz de leer una novela suya, aunque sepas que es buena. Porque se está interponiendo en la personalidad pública de ese personaje. Y por eso suelo decir que los escritores, por definición, deberíamos estar muertos. Para que se nos lea con tranquilidad. Es inevitable que alguien a quien yo caigo mal, no se va a acercar a mi libro, que de otra manera le gustaría. El autor a veces es un estorbo. Todos muertos, todos clásicos.

Cita la frase de Ana Karenina de que todas las familias felices se parecen. ¿Y en la desgracia, no?Lo que me mueve la frase de Tolstói es lo eficaz que resulta. Muchas veces me he planteado si sería igual de buena al revés: ¿Todas las familias desdichadas se parecen? Lo que sorprende de esa frase es el juego de posiciones que tiene. Es una frase genial que si le das la vuelta, es igual de genial.

Esta novela contiene todos los tópicos y sus contrarios. Es muy Millás, que diríamos si se tratara de un bolso o de un traje.Por lo general, cada autor tiene tres o cuatro obsesiones. Y se pasa la vida dándoles vueltas. Por eso, muchas veces se dice de un autor que a lo mejor ha escrito 30 novelas, que ha escrito una sola novela, porque todas giran en torno a lo mismo, un tema que le obsesiona porque no termina de solucionarlo. Hay dualidades que atraviesa toda mi obra. Una de ellas es la fragilidad de la identidad, la importancia del yo, las relaciones entre la apariencia y la realidad, las fronteras entre la ficción y la vida… Además, nosotros le damos tanta importancia a la dualidad que conceptos geográficos acaban teniendo connotaciones morales o políticas. Arriba, abajo, adelante, atrás… están connotadas de cuestiones de orden moral y eso es porque vivimos en una cultura dual. Por eso nos fascina el sonido estereofónico.

En qué túneles nos va a meter con Paqui Ramos, su partenaire en la SER, en Las edades de Millás, dentro de A vivir que son dos días.Lo vamos viendo porque hacemos dos al mes. Mucha gente se cree que Paqui es mi mujer. Llaman a casa y cuando lo coge mi mujer (que se llama Isabel) le dicen Paqui (risas).

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