El hombre que mató a Ana Isabel, la mujer de 44 años que le alquilaba una habitación en la localidad sevillana de La Algaba, le asestó 480 puñaladas durante «cinco minutos». D. A. S. se ensañó con su casera al acuchillarle por todo el cuerpo durante la tarde del 14 de diciembre. En su declaración ante la Guardia Civil, el acusado reconoció que consumió hachís y cocaína, asegurando que después «sufrió un impulso muy grande» que le llevó a cometer el crimen: «Me dio un arrebato y la maté».
El informe entregado en el juzgado de Instrucción número 18 de Sevilla destaca «el salvaje ensañamiento» que el acusado mostró con la mujer, tal y como recoge Diario de Sevilla. Según destaca el documento al que ha tenido acceso dicho medio, eran las 14.00 horas cuando el varón bajó desde su habitación a la cocina y cogió un cuchillo.
La persiguió y la acuchilló
Fue al salón, donde se encontraba durmiendo la víctima. La despertó, atacándola con el arma blanca de 15 centímetro de hoja. Esta intentó huir «gritando y pidiendo clemencia, diciéndole que pensar en sus hijos», según recoge el informe. Sin embargo, la persiguió cuando trataba de zafarse, hasta que consiguió llevarla a un baño, donde continuó apuñalándola sin ningún tipo de miramiento, tapándole incluso la boca para que no pudiera pedir auxilio.
Tras varios minutos de extrema violencia, el acusado consiguió su objetivo. «Quería acabar con ella y no paré hasta que lo conseguí», reconoció D. A. S., quien dejó de atacarla cuando percibió que ya no tenía signos vitales. Cuando se percató de que había fallecido «entró en pánico», por lo que subió a su habitación, se cambió la ropa que estaba llena de sangre y se fue de casa. Intentó suicidarse, pero «no tuvo valor para hacerlo», según recoge el informe.
Pasó la noche tratando de buscar cobijo para resguardarse del frío, hasta que a la mañana siguiente, ya lunes, entró en una farmacia, donde le dijo al dependiente que llamara a la Policía. Había cometido un crimen y quería entregarse. Reconoció ante los agentes que lo había hecho por su adicción a las drogas y aseguró que nunca había tenido problema con la víctima. «No le había hecho nada. Siempre me cuidó, pero me dio un arrebato y la maté».
Un problema de adicción
Todo podría corresponder a un problema de adicción. En agosto de este año le alquiló una habitación a la mujer en la vivienda de la calle Buganvilla. Trabajaba como camarero, pero gran parte de su sueldo se lo gastaba en consumir hasta el punto de no pagar el arrendamiento en algunas ocasiones.
De hecho, siempre le debía dinero a su víctima y casera, que era precisamente quien le vendía las sustancias. Durante la madrugada del domingo, el presunto agresor y la víctima tuvieron una conversación por Whatsapp en la que este le pedía droga fiada con «insistencia desmesurada», según el informe al que ha tenido acceso el mismo diario. Estas se prolongaron durante toda la madrugada, cuando el investigado se fumó cinco o seis porros y consumió cocaína, aunque no recuerda qué cantidad. Posteriormente cometió el atroz crimen.
Anteriormente habían tenido algún enfrentamiento. A pesar de que reconoció ante la Guardia Civil que no hubo discusiones previas, aseveró que ella le amenazó con echarle de la casa «si no cambiaba sus hábitos de higiene», según reconoció él mismo, pues «se volvió un dejado».

