Aunque España ha ganado universitarios en los últimos años, persiste una desigualdad educativa que depende de la formación de los familiares. Cuanto mayor sea el nivel educativo de los padres, más probabilidades hay de que un joven siga estudiando después de la Educación Secundaria Obligatoria (ESO)… y a la inversa: los hijos de familias con menor formación apenas alcanzan estudios superiores. Según un informe de la OCDE, el 70% de los jóvenes de 25 a 34 años cuyos padres no cuentan con un título de Bachillerato dejaron sus estudios tras la Secundaria. Una proporción que contrasta considerablemente con la de los escolares con padres que sí cuentan con algún título superior.
«La desigualdad de oportunidades está frenando a algunos alumnos que se beneficiarían de una educación terciaria. En todos los países, los niños de entornos desfavorecidos tienen muchas menos probabilidades de alcanzar niveles de educación más altos que los de entornos más favorecidos», apunta el organismo internacional en su informe anual, Panorama de la Educación, que compara estadísticas y tendencias educativas entre países. De media, en la OCDE solo el 26% de los adultos jóvenes cuyos padres no completaron la educación secundaria superior (universidad o Grado Superior de Formación Profesional) continúan sus estudios, frente al 70% de quienes tienen al menos un progenitor con educación terciaria.
La tendencia es muy parecida en España, donde incluso se agranda ligeramente esa brecha, alimentada por lo que el informe califica como los «suelos pegajosos»: un alumno con padres con estudios superiores tiene el doble de posibilidades de estudiar en la universidad que uno con progenitores sin título universitario. Concretamente, mientras el 75% de los jóvenes con al menos un padre universitario también logra estudios superiores, ese porcentaje cae hasta el 30% entre los que tienen padres sin secundaria superior. La tasa española se sitúa, además, lejos de los resultados de otros países como Dinamarca, que desde 2012 ha conseguido elevar en 20 puntos porcentuales su proporción de jóvenes sin padres universitarios que sí cursaron estudios superiores: del 29 al 49%.
Los trabajadores con Secundaria cobran un 18% más
El estudio, que en esta última edición se ha centrado especialmente en la educación terciaria, muestra que, pese a las desigualdades, la proporción de adultos jóvenes sin estudios superiores no ha dejado de descender en los últimos años. En España, en solo cinco años, se ha pasado de un 30% de jóvenes sin estudios superiores a un 24% (frente al 13% de la media de la OCDE). El informe recuerda, en ese sentido, que, a mayor nivel de formación, menos posibilidades de acabar desempleado. Así lo demuestran también los datos: apenas el 9,3% de los jóvenes españoles con estudios terciarios está en el paro; frente al 13,7% de aquellos con Bachillerato; y al 21,1% de quienes no siguieron estudiando después de la ESO.
Las diferencias se aprecian también en los salarios: los trabajadores con educación secundaria superior ganan un 18% más que quienes colgaron los libros en la ESO; una brecha que se agranda hasta el 49% entre aquellos empleados con un título universitario o de FP Superior y los que solo tienen Bachillerato (del 54% en la media de la OCDE).
Como ya avanzó el pasado diciembre, la OCDE incide en las competencias de alfabetización de los adultos en España, y advierte de unos niveles muy bajos de comprensión lectora. El 32% de los españoles de 25 a 64 años se sitúa en el nivel más bajo. O, dicho de otro modo, uno de cada tres apenas puede entender textos muy cortos y simples que no impliquen mucha concentración. Una tendencia que, de nuevo, varía según la formación alcanzada: la puntuación aumenta 27 puntos entre los adultos con título universitario en comparación con aquellos sin educación secundaria.
El informe identifica igualmente el avance de la Educación Infantil, que comprende las edades de 0 a 6 años, e insta a los países a «adaptarse a los cambios», teniendo en cuenta que el número de niños de esa edad ha descendido considerablemente en la última década y está previsto que siga reduciéndose. España, por ejemplo, ha experimentado un descenso del 25% en el número de niños de 0 a 4 años desde 2013, pero la OCDE calcula que crecerá en torno a un 10% hasta 2033.
Sobre la evolución de los estudiantes que sí que siguen estudiando una formación superior, la investigación señala que en toda la OCDE es muy bajo el porcentaje de estudiantes que terminan su formación en el tiempo estipulado. En España, apenas el 40% se matricula en los años que dura un grado (que suelen ser cuatro). El 59% lo hace un año después de lo que debería. Asimismo, el 8% de los universitarios lo deja en el primer curso, frente al 13% de la media de la OCDE.

