Echando de menos el chat de ‘OT’

Echando de menos el chat de ‘OT’

Chenoa consigue que parezca fácil estirar un programa que ya ha acabado hace rato, pero que necesita ganar tiempo. OT ya no termina con los nominados. Desde el plató la emisión se estira para ver cómo se despide la expulsada de la academia con Noemí y, después, observar cómo llegan el resto a su casa. Así el fan puede contemplar la adrenalina de la resaca del show, que a veces es casi tan interesante como el resultado de las actuaciones musicales.

Pero, entonces, se echa de menos aquel programa llamado El chat de OT. Aunque nuestra memoria cada vez sea más corta entre tantos impactos audiovisuales, el chat era la ilusión de después de la gala. No era solo una emisión de una vuelta a casa, era una fiesta donde soltar la energía de la noche. Un late show que nos permitía conocer más a los concursantes con juegos que nos daban juego. Eso también ha sido y es Operación Triunfo.

Sin embargo, los juegos que nos dan juego flojean en este curso. No hay la locura del chat posterior que permite desmelenarse y, también, flaquea en este cometido una de las clases más cruciales: la asignatura de interpretación, que en los años dorados del concurso, con Ángel Llàcer o Los Javis, era centro constante de momentos estelares del programa. Porque atesoraba profundidad desde el divertimento. De hecho, se indagaba en los significados de las canciones a interpretar más allá de hablar de energías abstractas. Se entregaban herramientas prácticas y útiles para todos, alumnos y público, enseñándonos a perder las inutilidades del sentido del ridículo. 

Porque, que nadie se olvide, OT es un programa de televisión. Y las clases deben atesorar pruebas que estimulan la historia que se retransmite. Lo hacen enmarcando el carácter y la evolución de los participantes. Mejor todavía si esas pruebas inspiran también al espectador. En esta tarea, Noemí, Manu Guix y Mamen son maestras de llenar la escuela de la expresividad del diálogo. También Chenoa, como presentadora. Con el valor añadido de que demuestran la empatía que permite hablar de todo sin dañar nada. Al final, la buena tele es la que se parece al color de la vida. Vida que es encontrar un interlocutor, que sintetizaba tan bien Carmen Martín Gaite.

Y ahí están todos, buscando interlocutor, intentando hacer match con la complicidad en una academia que ya se va quedando vacía. Los chicos y las chicas están más solos. Esta semana ha tocado ver partir a Lucía, que se ha ido con el gesto de despedirse no solo de sus compañeros: también se ha acercado al jurado: «no sé si será la última vez», les ha dicho. Descripción de esa búsqueda del interlocutor… Con la duda que nos humaniza. ¿Los volveré a ver? Seguro que sí, Lucía.

OT 2025 se acerca a su fin con unos fans que no fallan. Algunos se sorprenden de las colas en las firmas de discos. No piensan el tráfico objetivo que el programa sigue generando con las miles y miles de fieles que conectan cada día con el canal 24 horas de Youtube. Otra historia es que la escasez de transparentes momentos espontáneos haya sido un obstáculo para conquistar a otros públicos más generalistas. Ahí ha flojeado un guion que, desde la alegría y no desde la intensidad, descifrara mejor las letras de las canciones en clases que antes eran las más populares y ahora son las más invisibles. Ahí se requiere una traviesa mirada teatral con la experiencia suficientemente curtida en los escenarios para mostrar otros mundos que están en este, tanto a los alumnos como al espectador. Y esa sequía, con unos concursantes que por sí solos no se motivan a compartir el lado más expresivo y desenfadado de su curiosidad, ha empujado a los más seguidores de la tele-realidad a entretenerse en conjeturas y conflictos más baladí. Muy retrato de estos tiempos polarizados, donde el ruido nos empuja a desimantar la brújula que nos señala los matices. 

Por suerte, Noemí, Guix y Mamen relativizan las intensidades con argumentos sensatos. Nos les venden un éxito que ya no existe. Incluso la propia Chenoa, este lunes 17 de noviembre, les ha dado un consejo que quizá hoy les ha parecido una chorrada, pero es uno de los grandes sustentos de la inteligencia emocional: agarrarse a la risa. Más aún si simplemente estás viviendo lo que viene a ser un programa de televisión. Ya lo decía Gerard Jugno: «La risa es como los limpiaparabrisas, aunque no detiene la lluvia, nos permite avanzar».

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