
Cuando llega el frío y Madrid empieza a teñirse de tonos ocres, resurgen esos antojos que solo la cocina de siempre sabe despertar. Entre ellos, ningún plato provoca tanta unanimidad como el cocido madrileño, un guiso icono de la capital, amado por gatos, nostálgicos y devotos de la cuchara. Y este año, vuelve a ocupar un lugar de honor en la agenda gastronómica de la ciudad.
El restaurante Gastrovía 61, la propuesta de autor de Grupotel Mayorazgo, recupera los tradicionales ‘Jueves de Cocido Madrileño’, un ritual culinario que también podrá disfrutarse cualquier día de la semana con reserva previa. En el corazón de la Gran Vía, este hotel temático rinde culto a su ADN castizo con una versión del cocido elaborada a fuego lento, sin prisas y respetando los tres vuelcos clásicos.
Más que un regreso, es una celebración del sabor auténtico. Cada cucharada conecta con la memoria gustativa de la ciudad, con los hogares donde este guiso se convierte en reunión familiar, con las tabernas que lo mantienen vivo y con los visitantes que descubren en él una forma de entender Madrid. Gastrovía 61 vuelve a apostar por la tradición, y lo hace con una receta tan cuidada como reconocible.
Tres vuelcos para entender Madrid
El cocido madrileño es, ante todo, un ritual. Y en Gastrovía 61 se respeta al detalle. El primer vuelco abre la experiencia con una sopa de fideos limpia, aromática y reconfortante, acompañada de piparras, cebolla y garbanzos. Es el pórtico perfecto para entrar en calor y para preparar el paladar para lo que viene: sabor de hogar, tacto sedoso y ese punto de intensidad que solo se consigue tras horas de cocción pausada.
El segundo vuelco profundiza en la esencia de la receta. Garbanzos tiernos, patatas y un trío vegetal irresistible, zanahoria, repollo y coliflor, forman el cuerpo del cocido. Es el momento más evocador del menú, el que recuerda a las comidas de los domingos, al chup-chup lento y a esas recetas en las que cada ingrediente cobra un papel imprescindible.
El tercer vuelco es el broche final, una selección de carnes que homenajea la raíz del guiso. Cerdo, pollo y ternera se presentan en su punto justo, sin excesos, como manda la tradición madrileña. Una conclusión rotunda y castiza que confirma por qué este plato ha sobrevivido siglos sin perder un ápice de encanto.
Un postre que se convierte en espectáculo
En un menú tan arraigado en la tradición, el postre aporta un toque inesperado y divertido. Gastrovía 61 propone su ya famoso “Café Irlandés en deconstrucción, ¿valeee?”, una elaboración artesanal que se prepara ante el comensal. La puesta en escena es casi hipnótica: técnica, precisión y un guiño humorístico que encaja con el espíritu del restaurante.
El resultado es una crema de café suave, helado de vainilla y perlas de whisky que combinan textura, temperatura y aroma en un cierre sorprendente. Es el tipo de postre que se comenta, se fotografía y deja huella; un final fetén para una comida de cuchara que no necesita más artificios para brillar.
Grupotel Mayorazgo: un hotel que sabe a Madrid
Disfrutar de este cocido en plena Gran Vía es posible gracias al Grupotel Mayorazgo, un establecimiento que presume de ser el hotel más castizo de la capital. Su fachada, engalanada con un majestuoso mantón de Manila, es solo el primer indicador de una identidad fuertemente ligada a las tradiciones madrileñas. Con más de 200 habitaciones tematizadas, el hotel convierte cada estancia en un recorrido por el costumbrismo y la cultura popular madrileña. Sus espacios comunes están diseñados para contar historias: desde los rincones inspirados en personajes ilustres hasta guiños a barrios emblemáticos y proverbios de la ciudad.
En este entorno, Gastrovía 61 funciona como una prolongación natural del concepto. Su cocina revisita lo castizo desde el respeto absoluto a la tradición, apostando por productos locales, sabores de siempre y platos que conectan al visitante con el alma de Madrid.

