Día Mundial del Cóctel: esta es la coctelería escondida en Madrid que te transporta a los años 70

Día Mundial del Cóctel: esta es la coctelería escondida en Madrid que te transporta a los años 70


Cada 13 de mayo se celebra el Día Mundial del Cóctel, una fecha que rinde homenaje al arte de la mixología y a la sofisticación líquida que habita detrás de cada barra. Esta efeméride, que reúne a expertos, aficionados y curiosos en torno a combinaciones creativas de destilados y sabores, encuentra en Madrid uno de sus epicentros más vibrantes. En pleno corazón del barrio de Las Letras, un lugar encarna con maestría la evolución de la coctelería en la capital: Fat Cats, un speakeasy inspirado en la era dorada de los ladrones de guante blanco, donde el cóctel se convierte en narrativa, y el cliente, en cómplice.

En una ciudad donde la oferta de bares temáticos y propuestas líquidas no deja de crecer, Fat Cats no solo destaca por su carta, sino por su capacidad de contar historias. En este Día del Cóctel, el local se erige como símbolo de cómo la experiencia puede ir más allá del vaso, sumergiendo al visitante en una ambientación digna de película.

De los speakeasy al storytelling: la evolución del cóctel en Madrid

La escena coctelera madrileña ha vivido una transformación notable en los últimos años. Lo que comenzó como un guiño a los míticos speakeasy —los bares clandestinos de la Ley Seca estadounidense— ha evolucionado hacia un universo donde cada cóctel narra una historia y cada espacio despliega un mundo propio.

Fat Cats toma este legado y lo lleva un paso más allá. Su narrativa gira en torno a los legendarios Fat Cats Burglars, una pareja de ladrones ficticios inspirada en el aura glamurosa de los años setenta. Peter Salerno y Dominick Latella, según la leyenda que propone el local, se especializaban en desvalijar mansiones de la alta sociedad americana mientras los dueños disfrutaban de cenas opulentas. Su sofisticación, sigilo y gusto por las joyas los convirtieron en iconos de una época.

En este contexto, la experiencia en Fat Cats se convierte en un viaje sensorial que va desde la vista —con una decoración envolvente— hasta el paladar, con combinados que capturan el espíritu rebelde y elegante de sus protagonistas.

Pasear por la calle Infante sin saber lo que se esconde tras una misteriosa vitrina puede parecer una escena trivial. Sin embargo, una mirada más atenta revela un collar de diamantes y piedras preciosas que, lejos de adornar un escaparate de joyería, son la clave de acceso a otro mundo. Fat Cats no se deja encontrar fácilmente, como buen speakeasy. Y eso forma parte de su encanto.

Tras cruzar su discreta puerta, los visitantes son transportados a una lujosa fiesta de los años 70. Los terciopelos rojos, los estampados retro, la iluminación tenue y una cuidada selección musical (de Donna Summer a The Brothers Johnson) preparan el terreno para lo que está por venir: una carta de cócteles que no solo busca seducir el gusto, sino invitar a formar parte de un relato mayor.

Mixología con narrativa: cuando cada sorbo tiene alma

La carta de Fat Cats se presenta como un dossier criminal, un manifiesto de intenciones donde cada cóctel responde a un capítulo del plan de los célebres ladrones. La primera página introduce la historia con un tono conspirativo: “Cada cóctel de nuestro menú está elaborado teniendo en cuenta el espíritu de nuestros ladrones favoritos, y las ilustraciones que lo acompañan tejen la emocionante historia de sus aventuras”, se lee entre líneas.

La oferta está dividida según el grado de alcohol y la intensidad del perfil aromático, haciendo más fácil la elección para los indecisos. Además, cada trago tiene un nombre que remite a una etapa del golpe o a un elemento esencial del botín.

Entre los destacados, el cóctel Undercover combina ginebra Roku, licor casero de ciruela pasa, zumo de pomelo y espuma de remolacha. Su perfil, fresco y floral, introduce al cliente en la fase inicial del plan: la infiltración. Más adelante, Treasures da un giro picante con tequila Corralejo reposado, mezcal Encantado, zumo de limón y un shrub de piña con jalapeño, evocando el momento de tensión al abrir una caja fuerte.

Y como clímax, Diamond Lift encarna el golpe maestro: bourbon Maker’s Mark, licor de chocolate blanco, nuez moscada y nata fresca. Un trago cremoso y opulento que cierra el relato con una sonrisa cómplice.

Detrás del telón: el cerebro del "atraco"

El artífice de esta original propuesta es Shivank Singh, un empresario de origen hindú cuya trayectoria profesional pasó por gigantes como Deloitte y Amazon antes de dejarlo todo por la coctelería. Apasionado de la mixología y del diseño de experiencias, Singh no solo quería abrir un bar: quería construir un universo.

“Buscábamos volver a la esencia de la coctelería clásica, pero con un enfoque moderno, donde cada cóctel tuviera un propósito narrativo. No queríamos que la gente solo bebiera, sino que viviera una historia”, explica el fundador.

La renovación reciente de la carta responde a ese mismo deseo: recuperar los orígenes del cóctel, alejándose de modas pasajeras y volviendo a los ingredientes esenciales, pero siempre con una vuelta de tuerca creativa.

El caso de Fat Cats no es aislado. En Madrid, el cóctel ha dejado de ser un simple aperitivo para convertirse en un símbolo cultural. Cada vez más locales apuestan por propuestas temáticas, cartas estacionales y presentaciones teatrales que convierten al bartender en un narrador y al cliente en protagonista.

Según datos de la Asociación Española de Bares y Coctelerías, el consumo de cócteles premium ha crecido un 25% en los últimos dos años en la capital, impulsado por un público joven y viajado, ávido de nuevas experiencias sensoriales.

“Nos encontramos ante un consumidor que ya no busca solo lo que hay en el vaso, sino lo que hay detrás”, señala Ana Belén García, experta en tendencias gastronómicas. “Los cócteles temáticos, el storytelling, y la ambientación han pasado de ser un añadido a convertirse en el núcleo de muchos locales de éxito”.

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