«Detrás de una partitura anónima, hay una mujer»

«Detrás de una partitura anónima, hay una mujer»

La Revuelta contó este martes con dos invitados: el piloto de Fórmula 1 Franco Colapinto y el director de orquesta Jordi Savall. El primero es una de las grandes promesas del mundo automovilístico y el segundo está considerado, a sus 85 años, uno de los grandes de su generación.

Asimismo, Savall es una de las figuras de gran relevancia a nivel internacional por su labor en la recuperación y difusión de la «música antigua», uno de los temas de conversación que habló durante la entrevista en el programa de La 1, al que acudió para presentar Un Réquiem alemán y Canto del destino, su nuevo espectáculo en el Auditorio Nacional de Madrid en cartelera a partir del 19 de octubre.

«La música vive en el momento en que se canta y se toca», alegó en una primera instancia, ya que no le gusta que se catalogue este arte con etiquetas. «Muchas sinfónicas tocan con instrumentos modernos. Yo toco la música con los instrumentos de la época y el tempo correcto», añadió al respecto.

Además de esta reivindicación, el musicólogo aprovechó para reivindicar el valor de las mujeres en la música de la Edad Media. «Hay músicas muy bonitas de la época, como las cantigas de Alfonso X el Sabio, las de los trovadores, del códex del Monasterio de las Huelgas, donde unas monjas crearon el primer lenguaje moderno«, arrancó con su explicación.

«Pero hay muchas músicas anónimas», apuntó el violagambista, que a continuación ofreció el motivo: «Un hombre, cuando compone una canción, siempre pone su nombre. Los músicos y músicas de esta época eran sirvientes y, cuando una dama noble componía una canción, no se atrevía a poner su nombre porque se le catalogaba como sirviente». 

«En Italia, a las mujeres que hacían música se las trataba como putas porque cantaban y tocaban y exhibían su talento. Siempre ha habido esa discriminación, así que siempre que veáis una partitura o canción que es anónima, pensad que probablemente hay una mujer detrás que la compuso», finalizó Savall con su alegato.

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