El Capitolio Nacional ha sido testigo de trayectorias políticas meteóricas, pero pocas tan carentes de sustento democrático como la de Kamelia Edith Zuluaga Navarro.
La hoy senadora del Pacto Histórico, una historiadora de 30 años sin el más mínimo recorrido en la gestión pública o la representación popular, ha pasado rápidamente de ser el «fenómeno electoral» de la consulta a convertirse en una de las figuras más deslucidas e inoperantes del legislativo.
La fábula del Pacífico: Ni es de Tumaco, ni la conocen allá
Durante el desarrollo de los comicios, llamó poderosamente la atención la abrumadora votación que Zuluaga cosechó en el Pacífico nariñense, especialmente en Tumaco, donde alcanzó casi 5.000 sufragios sin haber pisado jamás sus calles ni encabezado una sola asamblea comunitaria.
Contrario a la narrativa de «arraigo popular» que se pretendió tejer, Kamelia Zuluaga no es de Tumaco. Nacida en Medellín, su sorpresivo caudal electoral en Nariño y en municipios de Córdoba como Sahagún y Canalete no respondió al afecto ciudadano, sino a la movilización de estructuras ajenas.
Investigaciones periodísticas revelaron que sus votos coincidieron de forma sospechosa con millonarias entregas de mercancía incautada por la DIAN bajo la gestión de su padrino político, Luis Eduardo Llinás, así como con pactos de bajo perfil con maquinarias locales. En Tumaco se votó por una marca y por dádivas institucionales, no por el liderazgo de una candidata a la que solo vieron en pautas pagadas de redes sociales.
Inexperiencia que cuesta: Un papelón en el Senado
Tras asumir su curul en el periodo 2026-2030 e integrarse a la Comisión Cuarta, la falta de kilometraje político y técnico de Zuluaga ha quedado expuesta en el día a día legislativo.
La novata senadora ha mostrado un perfil desdibujado, desorientado frente a las dinámicas del debate presupuestal y sin capacidad de articulación bancaria.
Su paso por la corporación evidencia los riesgos de improvisar liderazgos amparados por maquinarias infladas:
- Cero iniciativa propia: Su agenda técnica es casi inexistente, limitándose a seguir la línea fija sin aportar debates de fondo.
- Desconexión territorial: Al no deberle su curul a un trabajo de base real, la interlocución con las comunidades que supuestamente representa es nula.
- Costo de imagen: Su llegada al Congreso, manchada por la sombra del uso de bienes públicos para catapultar su nombre, sigue alimentando los cuestionamientos éticos hacia la bancada oficialista.
En un periodo donde Colombia requiere debates legislativos rigurosos, el desempeño de Kamelia Zuluaga demuestra que la inexperiencia cobijada por el clientelismo burocrático termina pasando una factura muy alta en el Capitolio.

