Lo de Évole cerró su temporada marcada por sus entrevistas a grandes músicos con Alejandro Sanz. Évole se desplazó hasta Washington y se encontró con el cantautor junto al Obelisco, con la complicidad de dos viejos amigos dando un paseo.
La conversación fue directa al centro. Sanz habló de su depresión sin rodeos: «Cuando llega, ya nunca se marcha«. Pero matizó que sí ha conseguido darle esquinazo, y Évole lo corroboró al verle: «Te veo así y me mola mucho».
El momento más duro llegó al recordar su primer concierto tras el diagnóstico. En el escenario encontraba calma, pero al bajar todo se derrumbaba. «Ataques de pánico y ansiedad», reconoció. «Antes me quedaba en los camerinos hasta que se iba el último borracho. Eso ya tampoco lo hago», añadió durante la entrevista en La Sexta.
De aquella etapa sacó una norma de vida. Nada de compromisos falsos, nada de visitas al backstage que no quería: «Si no quiero ver a nadie, lo digo y no pasa nada«. Y lo resumió en una frase: «No hagas nada que no quieras hacer, que no pasa nada».
Hoy presume de que esta es la gira de su vida que más disfruta, aunque bromea: «Todas las demás veces que lo he dicho eran mentira«. El secreto, descubrió tarde, es llevarse amigos: «Dos amigos con arte. Son dos personas muy importantes en una gira».

