
MEDELLÍN — La ola de violencia en Antioquia continúa en niveles sumamente críticos. Un reciente y alarmante informe de seguridad del Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz (Indepaz) reveló que, en lo corrido de este año 2026, el departamento ya registra 14 masacres (también denominadas homicidios colectivos), las cuales han cobrado la vida de al menos 45 personas.
La cifra enciende las alertas de las organizaciones defensoras de derechos humanos, la academia y los propios habitantes, quienes ven con temor cómo el departamento se consolida como uno de los más golpeados por la violencia en el país durante el presente año.
Guerra por el territorio
De acuerdo con el análisis de Indepaz, la raíz de esta alarmante escalada violenta radica en las encarnizadas disputas territoriales entre diferentes grupos armados ilegales. Organizaciones criminales como el Clan del Golfo (Ejército Gaitanista de Colombia), disidencias de las Farc y el Eln se enfrentan a muerte por el control de subregiones estratégicas como el Bajo Cauca, el Norte, el Nordeste y el Urabá antioqueño.
Estas áreas son apetecidas por las estructuras criminales debido a las economías ilícitas que allí prosperan, principalmente el narcotráfico, la minería ilegal y la extorsión, además de ser corredores clave para el transporte de armas y estupefacientes.
Llamado urgente a la acción
La constante ocurrencia de estos hechos no solo ha dejado un trágico saldo de víctimas mortales, sino que también ha provocado desplazamientos forzados masivos, confinamientos de comunidades rurales y constantes amenazas a líderes sociales y defensores de derechos humanos en los municipios más apartados del departamento.
Desde diferentes sectores sociales y políticos se ha hecho un llamado urgente al Gobierno Nacional y a la Gobernación de Antioquia para que no solo se intensifique la presencia militar y policial en las zonas afectadas, sino que se implementen estrategias de carácter social y de justicia que permitan desmantelar la influencia de estos grupos y proteger eficazmente la vida de las poblaciones vulnerables, que siguen quedando atrapadas en el fuego cruzado de un conflicto que no da tregua.
