Constituyente y contraconstituyente

Constituyente y contraconstituyente

Parece que nos acercamos a que lo que en las elecciones se decidirá es si Constituyente sí o Constituyene no y no si Petro sí o si Petro no

Con la creación de la Contraconstituyente,  las elecciones pueden orientarse a una especie de referendo sobre si Asamblea Constituyente sí o si Asamblea Constituyente no.

Parte de la estrategia de la oposición ha sido la de atribuirle el rival propósitos o intenciones que puedan producir rechazo para, al identificarlo con ellas, acabar desprestigiando una imagen que se crea y es fácil de atacar.

Sucedió con la idea de que Petro buscaba llevarnos a un régimen como el de Venezuela, y que quería una Constituyente porque pensaba reelegirse o prolongar su periodo. Eso no sucedió pero ahora se revive con la presentación de que es una artimaña popuilista para conseguir votos.

Vale la pena estudiar la razón o la posibilidad por la cual una Asamblea Constituyente sería partinente para el momento que vivimos y después ver si el ‘factor Petro’ debe ser lo que determina la conveniencia de ello.

Esto a sabiendas de que un proceso Constituyente como el que le gustaría a Petro (y eventualmente a Iván Cepeda) es para una reforma de fondo del modelo y de las instituciones que existen.  

La necesidad y la oportunidad del la Asamblea es fácil defenderla y justificarla. La Constitución del 91 ha tenido más de fracaso que de éxito en poner orden a nuestros problemas. Por algo en estos momentos hay un consenso respecto a que estamos bastante atrasados en una reforma a la Salud, otra a la Educación, a otra reforma política, al régimen territorial, etc.

Esto cuando no se logra superar la controversia de lo que se critica al gobierno por intentar ciertos cambios o la crítica de quienes hoy gobiernan a las instituciones que no permiten hacerlos.

La realidad que hemos vivido bajo este gobierno que se acaba es consecuencia del funcionamiento de la institucionalidad de la Constitución vigente. Ya sea para bien o para mal, para el gobierno porque no deja producir los cambios, o para la oposición porque ha sido exitosa en impedirlos, el hecho es que lo que hoy existe es el fruto de cómo opera esa institucionalidad.

Ejemplo el caso del ministro no asistiendo a las reuniones de junta se muestra como un saboteo y una violacion al funcionamiento de la entidad porque no se tiene en cuenta que es en sus estatutos donde se crea el conflicto, puesto que al nombrarlo presidente de la junta y al convertir en una forma de veto potencial la obligación de contar su voto, se creó un engendro que rompe con el deseo de independencia de los poderes (por eso en prácticamente ninguna parte donde ésta se defiende tiene participación el gobierno y mucho menos con esa capacidad de limitar su autonomía decisoria).

Pero si respecto a la urgencia de reformas, y al reconocimiento de que si el país está mal es por el régimen constitucional bajo el cual vivimos, le adicionamos la transición por la cual pasa la humanidad, nos encontramos que el mundo hoy gira alrededor de un modo de producción que no existía cuando se hizo el ‘bienvenidos al futuro’ que proclamó Cesar Gaviria.

Sea por los actores o sea por sus políticas, lo que se ha producido es fruto de la Constitución que nos rige

Unos le achacan la culpa a Petro; otros a Duque; unos a Alvaro Uribe por las Convivir paramilitares; otros al Acuerdo de Paz de Juan Manuel Santos; pero lo único cierto es que, sea por los actores o sea por sus políticas, lo que se ha producido es fruto de la Constitución que nos rige.

Si hay polarización y parálisis del país no es porque nos hayamos salido del orden Constitucional. Tan es así que lo que propuso Eduardo Montealegre como gobierno para llegar a una Asamblea Constituyente y fue estigmatizado como violatorio de la Carta es el camino que hoy se reconoce válido para decidir sobre la posibilidad que antes era pecado.

El certamen electoral tiende a concretarse alrededor de la persona de Petro, cuando la coyuntura lo que debe definir no es si por o contra Petro y el ‘petrismo’, sino si continuar con el modelo y el sistema que nos ha traído a lo vivimos o si debemos ensayar otro. Seguir acudiendo a la idea de “reformas para poder mantener la Democracia” es una propuesta nacida de dos supuestos: uno que, como dicen y repiten, “es el peor sistema político excepto todos los demás” (lo cual pudo ser pero ya cumplió su ciclo); y otro, que nuestro Constitución encarna los requisitos teóricos o utópicos que la caracterizan y si no funciona es por culpa de los colombianos.

En resumen, parece que nos acercamos a que lo que en los comicios se decidirá es si Constituyente sí o Constituyene no y no si Petro sí o si Petro no

El mismo autor: Cuando cambia el modo de producción

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