Los turistas del crucero MV Hondius que desde el pasado fin de semana se encuentran aislados por el brote de hantavirus ya tienen destino final a su viaje. Según ha confirmado en la noche del martes el Ministerio de Sanidad español, el barco atracará en Canarias, donde la “tripulación y pasajeros serán convenientemente examinados, atendidos y trasladados a sus correspondientes países”. Mientras tanto, la Organización Mundial de la Salud (OMS) continúa trazando el origen de la infección. Una de sus hipótesis, la de que el contagio se produjo fuera del crucero, lleva la mirada de este organismo al lugar desde el que se embarcaron los pasajeros de más de una veintena de nacionalidades: la ciudad argentina de Ushuaia.
Fue el pasado 1 de abril cuando los pasajeros zarparon desde esta localidad, conocida como ‘La ciudad del fin del mundo’ por ser la más austral del planeta, con destino a Georgias y Sandwich del Sur, Santa Elena y otros puntos del Atlántico Sur. Casi un mes después, el 2 de mayo, se informó a la OMS sobre un grupo de pasajeros con enfermedad respiratoria grave a bordo de un crucero. Este lunes se habían identificado ya siete casos: dos de hantavirus confirmados por laboratorio y cinco casos sospechosos, incluyendo tres fallecimientos, un paciente en estado crítico y tres personas con síntomas leves.
El gobierno argentino ha confirmado este martes que está “realizando el seguimiento de los casos” junto con las autoridades locales de la provincia de Tierra del Fuego, a la que pertenece Ushuaia, y los organismos internacionales para “evaluar los antecedentes epidemiológicos vinculados al itinerario de la embarcación”. Por su parte, la directora de prevención y preparación de epidemias y pandemias de la OMS, Maria Van Kerkhove, afirmó que la duración del periodo de incubación del hantavirus, que puede oscilar entre una y seis semanas, “hace que su hipótesis apunte a que se infectaron fuera del barco». Para Van Kerkhove, “teniendo en cuenta la cronología de los casos —los casos sospechosos que se conocen, esos seis o siete, si contamos al que se encuentra bien, a los pacientes iniciales, al primer caso y a su esposa—, todos se embarcaron en Argentina» y se podrían haber infectado “mientras realizaban alguna actividad allí».
El Ministerio de Salud del Gobierno argentino ha reconocido en un comunicado que, pese a que es Cabo Verde el país que lidera la gestión del brote, está “recabando información sobre el estado de salud de las personas a bordo, los antecedentes de viaje y el posible vínculo epidemiológico entre los casos reportados”. Según la cartera sanitaria de Argentina, hasta el momento “se desconoce la ruta de transmisión y se continúan realizando pruebas adicionales en el Laboratorio Nacional de Referencia de Sudáfrica para poder identificar la cepa y origen del brote”.
Por su parte, el Ministerio de Salud de Tierra del Fuego, a través de su Dirección de Epidemiología, se ha mostrado “a disposición de las autoridades sanitarias nacionales para contribuir a la investigación epidemiológica y las posibles medidas necesarias a tomar”. Según epidemiólogos y fuentes del Gobierno de esta provincia consultados, aunque en Argentina hay un aumento de los casos del hantavirus a nivel nacional, en esta provincia meridional no hay ni se han registrados casos desde que esta enfermedad fue incorporada al sistema de notificación obligatoria en el país, en 1996, y su provincia vecina, Santa Cruz, no registra casos desde hace 7 años, por lo que habría que investigar el itinerario anterior a la llegada a Ushuaia de los pasajeros infectados.
Incremento de los casos de hantavirus en Argentina
El Hantavirus es una enfermedad que se produce tras el contacto con la orina, la saliva y la materia fecal de un ratón colilargo que sea poseedor del virus. Este no es un ratón común, sino que tiene nueve centímetros de cuerpo y casi 21 centímetros de cola. Su nombre viene del río Hantan, en Corea, donde se descubrió la enfermedad. Sin embargo, el virus ha desarrollado variantes, entre las que está la de los Andes, por estar en los entornos de la cordillera que cruza América del Sur. “El que está en Asia es un virus mucho más contundente y puede matar por un cuadro hemorrágico, mientras que la variante andina lo hace por colapso de corazón y pulmón”, explica a este medio Hugo Rizzi, epidemiólogo argentino, profesor de la Universidad Nacional de Córdoba y director del Centro de Enfermedades Tropicales.
En lo que va de año se han confirmado 41 casos de hantavirus en Argentina y el Ministerio de Salud ha informado en su último Boletín Epidemiológico Nacional que la actual temporada muestra una circulación mayor a años anteriores de la patología y «por encima del umbral de brote». A nivel nacional, en lo que va de temporada 2025-2026, es decir desde junio del año pasado, se han producido 101 casos, de los cuales 32 fallecieron, lo que marca una tasa de letalidad del 31,7%, superior a la de años previos. En el país se han identificado áreas de riesgo en cuatro regiones geográficas: Noroeste (Salta, Jujuy y Tucumán), Noreste (Misiones, Formosa y Chaco), Centro (Buenos Aires, Santa Fe y Entre Ríos) y Sur (Neuquén, Río Negro y Chubut). Esta última, la más cercana a Tierra del Fuego, se encuentra en zona de seguridad, con solo 10 casos notificados.
Aunque en países como España esta enfermedad es desconocida, en Argentina lleva años bastante presente. Sobre todo desde el caso del brote en la localidad patagónica de Epuyén a finales de 2018. En aquella ocasión el cumpleaños de una menor de 15 años fue el foco de un contagio que terminó con 11 muertos. “Con este caso pudimos descubrir una cosa que estaba subrepticia, que era que se podía producir no solo contagio ratón-humano, sino también de humano a humano”, asegura Rizzi, uno de los autores del artículo científico publicado tras este hecho. Esta es precisamente una de las incógnitas que debe despejar la investigación sobre el brote del crucero MV Hondius: qué tipo de variante es el hantavirus encontrado en los infectados y si fue un contagio humano-humano.
Con el caso de Epuyén pudimos descubrir una cosa que estaba subrepticia, que era que se podía producir no solo contagio ratón-humano, sino también de humano a humano
“En mi grupo de trabajo estamos convencidos de que alguien subió al crucero con el cuadro de incubación de la enfermedad y fue allí donde afloraron los síntomas y empezó el problema”, explica este epidemiólogo, que añade que si esto no hubiera sido así, significaría que el ratón colilargo habría entrado al barco, algo “muy difícil”. “Por un lado, los barcos modernos tienen en las zonas de amarre unos adminículos que evitan que los roedores suban. Y por otro, este tipo de ratones no está en los puertos, sino en las comarcas, en los bosques, en la zona del río y en las casas aisladas”, afirma Rizzi.
En cuanto a las posibilidades de que el origen del contagio esté en Argentina, asegura que todavía es pronto para saberlo y que hay que investigar el itinerario de los contagiados. Sí reconoce que en los últimos años ha aumentado el número de casos, pero asegura que uno de los motivos es que ahora se están haciendo mejores diagnósticos sobre este tipo de enfermedad. “Hemos emitido algunas alertas epidemiológicas y estamos enseñando cómo deben cuidarse los que viven en la periferia o en los bosques, o los mismos turistas que van a esos lugares. Ahora tenemos normativa sanitaria y protocolos para, por ejemplo, limpiar una casa de veraneo que lleva tiempo cerrada”. Para este epidemiólogo el elemento de atención temprana y de prevención es fundamental, ya que, pese a no haber ni medicamentos ni vacunas, si se trata de manera rápida se puede solucionar bien en personas sin patologías previas o en edades no muy avanzadas.

