Con más de 1.600 MW instalados, el país se convirtió en el cuarto mercado renovable de Sudamérica; empresas como PazdelRío, Celsia y GreenYellow lideran el negocio
Más allá de los discursos, Colombia logró consolidarse como el cuarto mercado con mayor capacidad instalada de energías limpias en la región. Este es un revolcón que no solo se mide en megavatios, sino en movidas de peso: desde la alianza de Paz del Río con Celsia para producir acero «verde», hasta el desembarco de los franceses de GreenYellow y el ahorro millonario que ya factura la Ladrillera Santafé.
Ranking compartido por el UPME.
En el tablero de ajedrez de la transición energética en Sudamérica, Colombia ha empezado a mover sus fichas con una velocidad que pocos anticipaban. Según el más reciente reporte de la Unidad de Planeación Minero-Energética (UPME), el país ha logrado un hito histórico: consolidarse como la cuarta nación con mayor capacidad de generación de energías renovables en el continente.
Las cifras son contundentes. Colombia ya cuenta con una capacidad instalada que supera los 1.600 megavatios (MW) provenientes exclusivamente de fuentes no convencionales (FNCER), como la solar y la eólica. Este crecimiento ha permitido que el país sobrepase a vecinos con tradición energética y se ubique en el grupo de élite liderado por Brasil, Chile y Argentina. Pero lo que realmente destaca el informe de la UPME es la velocidad del cambio: en los últimos años, el país multiplicó por cien su capacidad solar, pasando de ser un actor marginal a un competidor de peso regional.
Los proyectos empresariales que han influido en las cifras
Este ascenso no es una casualidad estadística. Es el resultado de una hoja de ruta en la que el sector privado ha entendido que la sostenibilidad no es un asunto de imagen, sino de supervivencia financiera. Uno de los ejemplos más contundentes de este cambio de paradigma es la movida de PazdelRío. La emblemática siderúrgica de Boyacá, bajo la batuta de su junta directiva y en alianza estratégica con Celsia —la joya energética del Grupo Argos liderada por Ricardo Sierra—, ha puesto en marcha un plan para producir acero utilizando energía solar.
PazdelRío
La instalación de granjas solares para alimentar procesos industriales de tal magnitud marca un hito. No se trata de iluminar oficinas, sino de mover hornos y maquinaria pesada con energía limpia. Esta alianza no solo reduce la huella de carbono de la empresa, sino que le da un sello de competitividad «verde» para exportar a mercados internacionales que hoy exigen trazabilidad ambiental en cada tonelada de acero vendida.
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Pero la transición también tiene acento extranjero. Los franceses de GreenYellow han entrado con una agresividad envidiable en el mercado local. Su modelo de negocio ha sido disruptivo: ellos asumen la inversión, instalan los paneles en los techos de centros comerciales o plantas industriales, y el cliente paga por la energía consumida a una tarifa mucho menor.
Esta estrategia ha permitido que empresas que no tenían el capital inicial para una granja solar propia se sumen al boom. GreenYellow ha pasado de ser un jugador discreto a convertirse en un protagonista de la inversión extranjera, demostrando que Colombia es hoy uno de los destinos más atractivos para el capital de transición energética.
Incluso, industrias tan tradicionales como la Ladrillera Santafé han dado el paso. En sus plantas, donde el calor es el insumo principal, la instalación de miles de paneles solares ya está reportando ahorros que se cuentan por millones de pesos mensuales. Para una industria que depende del costo de los servicios públicos para mantener sus precios competitivos, el sol se ha convertido en el mejor aliado operativo.
Un futuro con sombra de duda
El gobierno de Gustavo Petro también ha impulsado significativamente la transición energética con la consolidación de más de 2 GW en capacidad renovable (principalmente solar y eólica) para agosto del año pasado, integrando más de 120 granjas solares. Uno de los proyectos que destacó fue el Parque Solar La Loma (150 MW), inaugurado en 2024.
Parque Solar la Loma
A pesar del cuarto lugar en el ranking de la UPME, el camino no está libre de nubarrones. El gran reto de Colombia sigue siendo la transmisión: de nada sirve tener desiertos en La Guajira llenos de paneles si la energía no puede llegar al centro del país por retrasos en las líneas de alta tensión.
Al margen de este problema, que tendrá que resolverse pronto, lo que queda claro en este corte de cuentas es que el sector privado ya tomó la decisión. Desde el acero de Boyacá hasta los ladrillos de la sabana, Colombia se está «enchufando» a una nueva era. La transición ya no es una promesa; es una realidad técnica respaldada por el Estado y ejecutada por los grandes capitales del país.
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