Señor Presidente Gustavo Francisco Petro Urrego Le escribo estas líneas no desde el sectarismo que hoy fractura al país, sino desde la atalaya del desconcierto y la profunda empatía por nuestros connacionales. Como fajardista de centro, observo con alarma cómo somos deslizados, sin oponer resistencia, hacia un abismo de violencia impredecible. Nos encontramos ante una encrucijada institucional que amenaza con transformarse en un pánico colectivo. Su insistencia en desconocer los resultados electorales y su llamado a volcar el pueblo a las calles corre el riesgo de interpretarse no como la defensa de una causa social, sino como una estrategia deliberada para forzar una negociación política incendiando el país. Mi postura jamás ha sido la complacencia con la extrema derecha. Desde el rigor crítico, advertí con vehemencia que las propuestas radicales de su contendiente representaban un peligro inminente para los derechos humanos. Sabemos que somos una nación políticamente inmadura; pero un gobierno suyo gobernando por decreto bajo el estado de conmoción nos metería de lleno en una confrontación fratricida donde la intervención extranjera sería una pesadilla real, y donde la extrema derecha (ADLE) podría terminar ejerciendo un poder absoluto sin contrapesos bajo la premisa de «destripar a la izquierda». Presidente, sus errores llevaron al país a elegir nuevamente a la extrema derecha. Su obstinación puede acelerar ese camino, acercándonos a una dictadura de tintes históricos. Usted se lanza como un toro, pero no actúa como un ajedrecista: es impulsivo y no mide las consecuencias para millones de colombianos. Incendiar la pradera parece ser solo una cortina de humo para evadir males que son personales, no colectivos.El fracaso de la gestión y las deudas de la «Paz Total» No caiga en el error megalómano de sacrificar vidas humanas para evitar un juicio político por el caso Calarcá o el de «Papa Pitufo». La expansión de las guerrillas hoy les otorga el control de cerca del 30% del territorio nacional ante el abandono del Estado y el fracaso de la Paz Total. Hoy el panorama de la corrupción y el desacierto es desolador: Escándalos financieros: Los cuestionamientos a Euclides Torres y las pérdidas multimillonarias en paneles solares inservibles; el saqueo a la UNGRD con ministros implicados. Descalabro institucional y económico: El marchitamiento de Ecopetrol en un salto imprudente hacia energías limpias, la adquisición de aviones Gripen por 17.5 billones de pesos (que usted mismo criticó en el pasado), y una nueva deuda externa a tasas asfixiantes. El costo de vida: Un alza de 9.000 pesos en la gasolina —cuando el país se convulsionó en el pasado por solo 200 pesos—, encareciendo la vida del ciudadano de a pie. ¿Tiene fundamento su denuncia de fraude? La intelectualidad del país que alguna vez lo admiró hoy constata que sus métodos no han sido mejores que los de sus enemigos. La narrativa de un supuesto fraude orquestado mediante «algoritmos de California e inteligencia israelí» carece de sustento en la realidad matemática del escrutinio. Revisemos las cifras frías del consulado en EE.UU., epicentro de su denuncia: Abelardo de la Espriella (ADLE): 177.770 votos (80,83%). Iván Cepeda: 42.155 votos (19,17%). Pretender que el voto en el exterior podía revertir una derrota de cerca de 250.000 votos a nivel nacional es un error de cálculo aritmético garrafal. Nos guste o no el ganador, la democracia se respeta. No podemos oponernos a un prospecto de extrema derecha validando una resistencia civil violenta. ¡No juegue con la vida de los colombianos!El «déjà vu» de la historia La historia de Colombia se teje entre quiebres institucionales y tentaciones dictatoriales: desde los periodos autoritarios de Simón Bolívar, pasando por José María Melo y Tomás Cipriano de Mosquera, hasta Gustavo Rojas Pinilla. El libreto de la confrontación siempre es el mismo: erigir verdades a medias para neurotizar a las masas antes que presentar pruebas reales e incontrovertibles. Las Fuerzas Armadas, los veteranos y los sectores tradicionales respaldarán la institucionalidad, arrastrando al país a una guerra civil. Los colombianos de centro defenderemos la democracia a como dé lugar. Como José María Córdova le escribió a Bolívar antes de ser acribillado: no estamos de acuerdo con una dictadura en nombre de la libertad. Al evocar el destino trágico de Melo o de Salvador Allende, sugiriendo que prefiere morir en las calles antes que rendirse, usted demuestra un mesianismo peligroso. Salvar el pellejo personal cobrando vidas inocentes no es heroísmo; es la exteriorización de un miedo jurídico que nos encamina hacia la barbarie. Señor Presidente: si tiene valor, de nada sirve morir en las calles; téngalo para afrontar las instituciones y los tribunales. Presente las pruebas matemáticas del fraude antes de incendiar el país, y no al revés. Colombia no resistirá una Guerra de los Mil Días 2.0. ¿O es que acaso tales pruebas no existen? Anuncios. Anuncios..
Señor Presidente Gustavo Francisco Petro Urrego
Le escribo estas líneas no desde el sectarismo que hoy fractura al país, sino desde la atalaya del desconcierto y la profunda empatía por nuestros connacionales. Como fajardista de centro, observo con alarma cómo somos deslizados, sin oponer resistencia, hacia un abismo de violencia impredecible.
Nos encontramos ante una encrucijada institucional que amenaza con transformarse en un pánico colectivo. Su insistencia en desconocer los resultados electorales y su llamado a volcar el pueblo a las calles corre el riesgo de interpretarse no como la defensa de una causa social, sino como una estrategia deliberada para forzar una negociación política incendiando el país.
Mi postura jamás ha sido la complacencia con la extrema derecha. Desde el rigor crítico, advertí con vehemencia que las propuestas radicales de su contendiente representaban un peligro inminente para los derechos humanos. Sabemos que somos una nación políticamente inmadura; pero un gobierno suyo gobernando por decreto bajo el estado de conmoción nos metería de lleno en una confrontación fratricida donde la intervención extranjera sería una pesadilla real, y donde la extrema derecha (ADLE) podría terminar ejerciendo un poder absoluto sin contrapesos bajo la premisa de «destripar a la izquierda».
Presidente, sus errores llevaron al país a elegir nuevamente a la extrema derecha. Su obstinación puede acelerar ese camino, acercándonos a una dictadura de tintes históricos. Usted se lanza como un toro, pero no actúa como un ajedrecista: es impulsivo y no mide las consecuencias para millones de colombianos. Incendiar la pradera parece ser solo una cortina de humo para evadir males que son personales, no colectivos.El fracaso de la gestión y las deudas de la «Paz Total»
No caiga en el error megalómano de sacrificar vidas humanas para evitar un juicio político por el caso Calarcá o el de «Papa Pitufo». La expansión de las guerrillas hoy les otorga el control de cerca del 30% del territorio nacional ante el abandono del Estado y el fracaso de la Paz Total.
Hoy el panorama de la corrupción y el desacierto es desolador:
Escándalos financieros: Los cuestionamientos a Euclides Torres y las pérdidas multimillonarias en paneles solares inservibles; el saqueo a la UNGRD con ministros implicados.
Descalabro institucional y económico: El marchitamiento de Ecopetrol en un salto imprudente hacia energías limpias, la adquisición de aviones Gripen por 17.5 billones de pesos (que usted mismo criticó en el pasado), y una nueva deuda externa a tasas asfixiantes.
El costo de vida: Un alza de 9.000 pesos en la gasolina —cuando el país se convulsionó en el pasado por solo 200 pesos—, encareciendo la vida del ciudadano de a pie.
¿Tiene fundamento su denuncia de fraude?
La intelectualidad del país que alguna vez lo admiró hoy constata que sus métodos no han sido mejores que los de sus enemigos. La narrativa de un supuesto fraude orquestado mediante «algoritmos de California e inteligencia israelí» carece de sustento en la realidad matemática del escrutinio. Revisemos las cifras frías del consulado en EE.UU., epicentro de su denuncia:
Abelardo de la Espriella (ADLE): 177.770 votos (80,83%).
Iván Cepeda: 42.155 votos (19,17%).
Pretender que el voto en el exterior podía revertir una derrota de cerca de 250.000 votos a nivel nacional es un error de cálculo aritmético garrafal. Nos guste o no el ganador, la democracia se respeta. No podemos oponernos a un prospecto de extrema derecha validando una resistencia civil violenta. ¡No juegue con la vida de los colombianos!El «déjà vu» de la historia
La historia de Colombia se teje entre quiebres institucionales y tentaciones dictatoriales: desde los periodos autoritarios de Simón Bolívar, pasando por José María Melo y Tomás Cipriano de Mosquera, hasta Gustavo Rojas Pinilla. El libreto de la confrontación siempre es el mismo: erigir verdades a medias para neurotizar a las masas antes que presentar pruebas reales e incontrovertibles.
Las Fuerzas Armadas, los veteranos y los sectores tradicionales respaldarán la institucionalidad, arrastrando al país a una guerra civil. Los colombianos de centro defenderemos la democracia a como dé lugar. Como José María Córdova le escribió a Bolívar antes de ser acribillado: no estamos de acuerdo con una dictadura en nombre de la libertad.
Al evocar el destino trágico de Melo o de Salvador Allende, sugiriendo que prefiere morir en las calles antes que rendirse, usted demuestra un mesianismo peligroso. Salvar el pellejo personal cobrando vidas inocentes no es heroísmo; es la exteriorización de un miedo jurídico que nos encamina hacia la barbarie.
Señor Presidente: si tiene valor, de nada sirve morir en las calles; téngalo para afrontar las instituciones y los tribunales. Presente las pruebas matemáticas del fraude antes de incendiar el país, y no al revés. Colombia no resistirá una Guerra de los Mil Días 2.0. ¿O es que acaso tales pruebas no existen?
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