«Menos alta velocidad, más seguridad». Bajo este proclamo, una marea de chalecos rojos y banderas sindicales ha inundado este lunes la entrada superior de la madrileña estación de Atocha para protestar contra lo que consideran un deterioro de la seguridad en el sector tras los últimos accidentes en la red ferroviaria. «Que tengamos que llegar a este punto nos entristece», explica a este periódico Luis Miguel, representante del sindicato USO, rodeado de cientos de trabajadores. «Tenemos compañeros que han fallecido. No podemos ir a trabajar pensando que esto puede volver a suceder. La seguridad no es un privilegio, es un derecho», subraya.
La concentración, convocada a las 12.00 horas, marca el inicio de las protestas en la calle tras el arranque esta madrugada de la huelga ferroviaria de los tres próximos días. Entre sus proclamos, los sindicatos exigen mejoras estructurales en la seguridad de todas las líneas después del doble accidente ferroviario del 18 de enero en Adamuz (Córdoba), en el que murieron 46 personas; y del siniestro ocurrido dos días después en un tren de cercanías en Gélida (Barcelona), en el que falleció un maquinista en prácticas.
Entre gritos de ‘Adif, actúa, aquí la culpa es tuya’ y peticiones de dimisión del ministro de Transportes, Óscar Puente, los trabajadores defienden que los paros no responden solo a una reivindicación laboral. «Esto no va solo de maquinistas», insiste Montserrat Cepeda, empleada de Renfe. Reconoce que tres días de huelga «son muchos», pero asegura que el ánimo entre los trabajadores es alto. «Esperamos que cambien las cosas, que se invierta en seguridad y en condiciones laborales, para que los usuarios viajen seguros, puntuales y lleguen a su destino», explica a 20minutos. Sobre la negociación con el Ministerio, se muestra poco optimista: «Esperamos poco, porque solo escuchan a tres sindicatos. Y esto es una huelga de todo el sector».
A pocos metros, María, tripulante de Renfe desde hace nueve años, levanta el puño mientras corea junto al resto de sus compañeros ‘El tren no se vende, el tren se defiende’. «Venimos aquí para defender la seguridad y la calidad de nuestro ferrocarril», explica. Asegura que el riesgo al trabajar ha ido en aumento y que afrontan estas jornadas de huelga «emocionalmente mal». «Tenemos compañeros que han perdido la vida. Sentimos el miedo y la tensión tanto de los viajeros como de los tripulantes que vamos en los convoyes», relata. Por eso, reclama una mayor inversión en infraestructuras: «Esperamos que el Ministerio de Transportes tome cartas en el asunto y arregle las vías. Porque en los trenes no viaja ganado, viajan personas».
El lema de la protesta resume una de las principales demandas de los trabajadores. «Defendemos que se rebajen los límites de velocidad mientras no se mejore la infraestructura y no sea realmente segura, aunque eso implique más retrasos», explica Luis Miguel. Tras los accidentes de Adamuz y Gelida, las deficiencias en las vías —agravadas en las últimas semanas por las inclemencias meteorológicas— han obligado a numerosos trenes a circular a 80, 160 o 230 kilómetros por hora, muy por debajo de los 250 de la alta velocidad y lejos de los más de 300 kilómetros por hora que hasta ahora eran «uno de los principales emblemas del sistema ferroviario español».
Los sindicatos han cifrado el seguimiento de la huelga en un 100%, una cifra que Renfe reduce, sin embargo, al 11,6%. A estas horas, está prevista una nueva reunión en el Ministerio de Transportes para intentar un acercamiento entre las partes. De no alcanzarse un acuerdo, los paros continuarán hasta este miércoles, con nuevas concentraciones previstas en este mismo punto entre las 12.00 y las 14.00 horas.
Paciencia y resignación entre los afectados por la huelga
Mientras arriba se suceden los cánticos, abajo, en el vestíbulo de la estación, el ambiente sigue siendo contenido. Las colas para cancelaciones y cambios avanzan sin reproches. «La gente está viniendo con bastante comprensión y tranquilidad», explicaba a este periódico a una trabajadora del servicio de atención al cliente de Renfe a primera hora de la mañana. Junto a ella, Selenny, usuaria de Cercanías y trabajadora de Cruz Roja, se posicionaba «completamente a favor» de los paros: «Tres días nos van a afectar a todos, sí. Pero es mejor perder tres días que perder más vidas. Lo que ha pasado no puede volver a repetirse».
El Gobierno ha fijado servicios mínimos del 73% en alta velocidad y larga distancia; del 75% en cercanías en hora punta y del 50% el resto del día; del 65% en media distancia y del 21% en mercancías. En total, Renfe, Ouigo e Iryo han cancelado más de 330 trenes entre alta velocidad y media distancia.
Desde CCOO y Semaf aseguran que los servicios mínimos se están cumpliendo, mientras que desde Renfe en Cataluña advierten de lo contrario y recomiendan a los viajeros buscar alternativas. En Atocha, por ahora, la protesta continúa arriba, mientras abajo los viajeros esperan, con paciencia y resignación, a que el día avance.

