Ceviche, vermut y vistas al Palacio Real: así se renueva la azotea de The Social Hub

Ceviche, vermut y vistas al Palacio Real: así se renueva la azotea de The Social Hub


The Social Hub, la compañía pionera en el modelo de hospitalidad híbrida en Europa, ha lanzado su nueva propuesta gastronómica desde uno de los lugares más emblemáticos de la ciudad: su azotea frente al Palacio Real. Pero este lanzamiento, más allá de lo culinario, forma parte de una estrategia más amplia con la que el hub madrileño quiere posicionarse no sólo como un espacio de alojamiento o disfrute puntual, sino como un motor de experiencias urbanas y colaborativas.

Con el lema “Lo que se merece Madrid”, la nueva carta del rooftop del Social Hub no solo trae recetas y sabores, sino que también refleja una filosofía: la de integrar el pulso cultural, creativo y social de la ciudad en cada rincón del establecimiento.

Reinterpretar lo castizo desde una mirada global

Lejos de caer en el folclore o en la nostalgia, la oferta gastronómica presentada busca renovar la identidad madrileña desde la cocina. Ejemplos como la ensaladilla con piparras y anchoas del Cantábrico, o la clásica tortilla entera con cebolla conviven con platos de inspiración internacional como el ceviche de pulpo con mango y chamoy o la pinsa de coppa, scamorza y trufa. Todo ello bajo un enfoque que da prioridad al producto local, a la estacionalidad y a una presentación fresca, moderna y accesible.

El hilo conductor es claro: hacer de la gastronomía una herramienta para conectar con la ciudad. No se trata de servir platos “para turistas”, sino de proponer una cocina que también apetezca a los propios madrileños, que puedan encontrar aquí un punto de encuentro habitual.

Coctelería de autor 

En línea con esa apuesta por lo artesanal y lo natural, la carta de bebidas eleva la experiencia sin caer en artificios. Desde vinos ecológicos hasta cócteles con ingredientes poco habituales como el bissap, el mate o el chocolate blanco, la propuesta se desmarca de la oferta habitual de rooftops.

También hay espacio para bebidas sin alcohol, kombuchas, smoothies y sangrías infusionadas, pensadas para distintos momentos del día, con opciones para quienes buscan experiencias más saludables o menos convencionales. El enfoque está en la experiencia sensorial, pero también en la sostenibilidad, tanto en ingredientes como en proveedores.

Un espacio para algo más que disfrutar

El rooftop de The Social Hub no es solo un bar con vistas. Con piscina, música en vivo y una programación cultural y social cada vez más ambiciosa, se presenta como un nodo de intercambio creativo. El objetivo: construir comunidad.

Este verano, los visitantes podrán disfrutar de una agenda que incluirá desde sesiones de DJ hasta talleres de arte urbano, charlas sobre sostenibilidad, mercados de productores locales y encuentros de networking entre emprendedores sociales. En palabras de su equipo de dirección: “Queremos que cada visita sea una experiencia significativa, que trascienda el ocio convencional.”

Detrás de esta renovación gastronómica y cultural se encuentra una visión más profunda sobre cómo deben ser los espacios urbanos del presente y del futuro. The Social Hub es una compañía que lleva más de una década rompiendo con las divisiones tradicionales entre hotel, coworking, residencia estudiantil y centro cultural.

Con presencia en más de 20 ciudades europeas y una red en crecimiento —incluyendo futuras aperturas en Lisboa y Turín—, su modelo se basa en generar ecosistemas donde personas de diferentes perfiles (viajeros, estudiantes, emprendedores, artistas, vecinos) puedan compartir espacios, recursos y oportunidades.

En Madrid, este enfoque se traduce en una oferta que va desde habitaciones para estancias largas o cortas, hasta espacios de coworking, salas para eventos, gimnasio, biblioteca, residencias estudiantiles y zonas de encuentro abiertas al público.

Proyectos con impacto: comunidad, talento y sostenibilidad

Uno de los pilares de The Social Hub es su compromiso con el impacto social. En este sentido, su sede en Madrid está comenzando a desarrollar varios proyectos en colaboración con agentes locales.

Entre las iniciativas más destacadas están:

Programas de mentoría y desarrollo profesional impulsados desde la TSH Talent Foundation, con el objetivo de conectar a jóvenes en situación de vulnerabilidad con profesionales de distintos sectores.
Espacios de coworking solidario, donde parte de los ingresos se destinan a apoyar a startups de impacto social y cultural.
Eventos abiertos al barrio, como los Open Rooftop Days, en los que vecinos y vecinas pueden disfrutar de la programación cultural sin necesidad de consumir.
Colaboraciones con asociaciones locales, tanto del ámbito de la sostenibilidad como del arte urbano, para coproducir actividades y contenidos.
Todo ello forma parte del enfoque B Corp que guía a la empresa, cuyo propósito explícito es contribuir a una sociedad más inclusiva, creativa y resiliente.

Una red europea con vocación local

Aunque se trata de una empresa con sede en Ámsterdam y con más de 1.000 empleados en Europa, cada hub busca integrarse de forma orgánica en el tejido social y cultural de su ciudad. En Madrid, la colaboración con artistas locales, el apoyo a pequeñas marcas y la programación de actividades participativas son claves para evitar convertirse en una “burbuja turística”.

De hecho, en su inauguración, se pudo disfrutar de taller de Marina Salazar, conocida profesionalmente como No Queda Tinte. Se trata de una creadora madrileña y barcelonesa autora de un singular universo estético que fusiona diseño gráfico, arte objeto y docencia. Fundadora de su estudio y taller, actualmente realiza un doctorado en “objetología” —el estudio crítico de objetos cotidianos por su carga simbólica— además de impartir clases en la BAU (Barcelona).

Su obra consiste en recuperar figuritas kitsch —pongos, recuerdos vintage o cerámicas de mercadillo— para resignificarlas a través de intervenciones artísticas: purpurina, color, humor e ironía se convierten en herramientas de crítica social. Piezas como la “Tetamundi” de Rigoberta Bandini (viral en la azotea ‘Ay Mamá’), vírgenes “choni” o personajes clásicos reinterpretados con mankini o estética pop, articulan una mirada que desacraliza formularios de poder y cotidianidad.

 

 

 

 

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Además, su carrera se completa con el reconocimiento oficial: ha recibido el premio “Cinturón al Talento” de Crema, y ha participado en ferias y campus de arte como Misonny, La Plataforma o el Poblenou Urban District, donde expone y colabora.

El reto de no quedarse en la estética

Uno de los desafíos más claros para The Social Hub —y para cualquier empresa con ambiciones transformadoras— es evitar que la estética, el diseño y la buena comunicación terminen vaciando de contenido el propósito social. En este sentido, la crítica suele apuntar a la gentrificación y a la apropiación cultural como riesgos latentes.

Desde la dirección del hub en Madrid se muestran conscientes de ello: “Estamos constantemente revisando nuestros procesos y alianzas. No queremos ser un espacio ‘bonito’ pero excluyente. Por eso priorizamos la participación local en todo lo que hacemos.”

También admiten que el equilibrio no siempre es fácil: combinar la rentabilidad con la misión requiere de decisiones complejas. Pero insisten en que el modelo híbrido permite generar ingresos diversificados que ayudan a financiar actividades no lucrativas.

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