Casona Micaela, el novedoso vino de la Costa de Cantabria

Casona Micaela, el novedoso vino de la Costa de Cantabria


La apuesta era difícil, pero Carlos Recio, ingeniero agrónomo apasionado del campo, que durante un tiempo fue director del Parque de Cabárceno, y que comenta que hay dos cultivos que le apasionan, que son el viñedo y el olivo, se le ocurrió, ya que lo segundo es imposible en Cantabria, intentarlo con el primero. Y la apuesta era difícil porque el viñedo debería estar en Valle de Villaverde, al otro lado de la Cornisa Cantábrica, frente al mar, prácticamente.

Si miramos toda la Costa Cantábrica española, desde Estaca de Bares hasta el Bidasoa, vemos que en la costa gallega lucense no se ha hecho vino nunca; en la asturiana tampoco, rica sidra, eso sí. En Cantabria, hasta hace poco lo mismo, solo en Vizcaya y Guipúzcoa encontramos vino, los “chacolís”. Estos se elaboran fundamentalmente con una uva muy concreta, la hondarribi zuri, e históricamente estos vinos eran muy agraces, con una acidez muy elevada y poco grado, que se servían escanciándose como la sidra.

Albariño y riesling

Y en esto ha ido apareciendo lenta pero inexorablemente el cambio climático, el aumento de la temperatura en el norte ha permitido que aparezcan chacolís muy buenos, con cuerpo, equilibrio, estupendos, que por cierto a muchos puristas no terminan de gustarles. Claro que ese cambio en el clima implicaba que también, que el proyecto de Carlos Recio, Casona Micaela, al este de Cantabria, podía tener sentido.

En el año 2004 comienza la plantación del viñedo en una finca de su propiedad, el Jornillo, de unas 10 hectáreas. Decide poner dos variedades blancas, la albariño y la alemana “riesling”. La albariño de esta tierra es distinta a la gallega; lógicamente por las diferencias climáticas. La buena insolación y maduración del albariño de Rías Baixas que da más fruta madura, en Cantabria se va más a aromas cítricos, más herbáceos, más acidez, frescura. La riesling, al estar el viñedo a unos 500 metros de altura bañados por la brisa del mar, se da muy bien, lo que sería dudoso si se plantara en el fondo del valle.

Desde el primer momento, Recio se pone en contacto con Ana Martín Onzain. Esta es una de las mejores enólogas de España, bilbaína, que encabezó, precisamente, la trasformación de los chacolís, y que maneja como nadie las características de esta zona. La propuso que llevara la enología de la bodega, se pusieron manos a la obra y en 2008 salió el primer Casona Micaela, que se llama así porque junto a la bodega, moderna y funcional, existe una casona antigua que se conserva.

Desde el principio, y como curiosidad, es un vino de vendimias muy tardías, quizá la última de las que se hacen en España. Al principio al vino le costaba hacer más grados, llegaba sobre 11, pero a medida que han ido pasando los años, el viñedo se ha hecho más mayor y están saliendo ahora vinos con más grado y estructura, ya de primer nivel.

Costa de Cantabria

Además, no están solos. Ahora están surgiendo un puñado de bodegas en la zona, pocas todavía, que el Gobierno de Cantabria ha agrupado bajo una IGP (Indicación Geográfica Protegida) que se llama Vinos de la Costa de Cantabria.

En Casona Micaela, con una producción aproximada de 60.000 botellas anuales, hacen dos. El primero que lleva ese nombre, de la añada 2024, tienen un 80% de albariño y un 20 % de riesling. Presenta una nariz de fruta fresca, flores blancas, cítricos que aventuran una buena acidez, equilibrada y una gran sensación de frescura P.V.P. 14 euros.

El segundo, Casona Micaela Jornillo 2023, con un 70% de albariño y un 30% de riesling, ha tenido una crianza sobre lías de 12 meses y es elegante, complejo, marcado por la presencia de frutas como el melocotón o la paraguaya, y tonos florales. La boca muy sabrosa, con cuerpo, pero suave, muy fresco. P.V.P. 23 euros.

Se pueden encontrar estos vinos en diferentes sitios, en restaurantes cántabros repartidos por España; y en su tierra, desde luego. Pero donde sientan mejor es en una playa cántabra, ahora en verano, en Isla, por ejemplo, con una langostita recién cocida. Todo de casa.

 

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