La Supersalud en cabeza de Daniel Quintero, quien no se ha posesionado en medio de la protesta ciudadana, tiene enorme potencial como herramienta elecorera
Los pronósticos electorales anticipan malas noticias para el Pacto Histórico. Su candidato, Iván Cepeda, parece haber llegado a un techo que no le permitiría ser elegido. Entre tanto el presidente comienza a lucir desesperado, necesita continuidad en cuerpo ajeno a como dé lugar. Ve su legado en riesgo si no cuenta con la protección de un socio y sucesor leal como Cepeda. Por el contrario, le cobrarían sus múltiples “realizaciones” entre las que se cuentan el desastre de la salud, las innumerables víctimas de la paz total, el derrumbe de Ecopetrol, el peor endeudamiento de toda la historia, los intentos por desconocer la Constitución y la separación de poderes.
El pánico de Petro ante un fracaso electoral puede llevarlo incluso a desconocer el veredicto de las urnas. Al respecto fueron inquietantes sus declaraciones a El País de España la semana anterior, cuando dijo que respetará el resultado pero no el fraude y agregó con tono amenazante que hay trampa avanzando porque una empresa que debió ser removida continúa a cargo de los escrutinios. En otras palabras, según Gustavo Francisco el proceso electoral ya está fatalmente viciado, y si las urnas no favorecen a su alfil tiene montado el escenario para revolcar a Colombia, desafiar la institucionalidad electoral y perseguir a quien resulte elegido.
Pero lo de fondo es que su afirmación sobre quien escruta los votos, es contraria a la realidad. En Colombia no hay empresas privadas encargadas de esa tarea, el escrutinio se hace municipio a municipio por comisiones escrutadoras en las que participan jueces de la República, el clavero designado por el alcalde respectivo y un delegado del registrador. De otro lado, el poder electoral es independiente y no es al Ejecutivo a quien corresponde legitimar o no la decisión ciudadana.
La estrategia de Gustavo Francisco para mantener popularidad y ayudar a su heredero es el gasto, el despilfarro incluso a debe. Esto incluye la explosión de contratos de obra y de prestación de servicios; los subsidios indiscriminados, las transferencias ilimitadas a grupos afectos y amigos. Para evitar que el festín cesara y quedarse sin recursos en la época electoral, presentó una reforma fiscal que no aprobó el Congreso. El resto de la historia es conocido: cayó la primera tributaria y todas las que se hagan sin el legislativo seguirán la misma suerte.
Ante la situación poco halagüeña, desde los altos círculos oficiales volvieron los ojos sobre el sistema de salud hoy prácticamente estatizado a consecuencia del chu, chu, chu y la intervención de las EPS. Pero se necesitaba un activista leal al proyecto de la extrema izquierda; alguien sin tanto escrúpulo, con antecedentes de eficacia electoral y capaz de no enredarse con las minucias exigidas por la ley. La encarnación de ese perfil estaba cantada: Daniel Quintero el exalcalde de Medellín, quien no se ha distinguido precisamente por su transparencia y a quien adornan varias investigaciones penales.
Supersalud nombra gerentes de las entidades intervenidas determina el flujo de recursos a públicos que llegarán a ella y aprueba sus gastos
Al respecto cabe decir que la Superintendencia de Salud, a cuyo cargo estará Quintero, presenta un potencial inmenso como herramienta electorera. Corresponden a ese organismo ciertas tareas trascendentales: nombrar los gerentes de las entidades intervenidas; determinar el flujo de los recursos a públicos que llegarán a las mismas; aprobar sus gastos y vigilar su gestión; ordenar que se dispensen o agilicen procedimientos médicos.
Como si fuera poco el despacho tiene la misión de impulsar en las instituciones vigiladas la aplicación del modelo de medicina preventiva, el cual opera a base de equipos que recorren los territorios haciendo pedagogía, entregando recursos de distinto orden y conectando a los habitantes con los operadores de salud. Aquí debe anotarse que el número de estos grupos bien remunerados por el gobierno viene creciendo de manera desbordada, sin que se preste mucha atención a sus calificaciones técnicas y menos aún se objete la actividad proselitista de sus integrantes.
El nombramiento de Quintero como Supersalud ha sido criticado por varios voceros de la política y la opinión. Se dice que no cumple con los requisitos para ocupar el cargo; se afirma que está lleno de impedimentos; se agrega que las investigaciones judiciales a las que está vinculado deberían ser suficientes para no considerar su nombre como parte de un gobierno que dice no querer los escándalos recurrentes.
Sin embargo, lo más preocupante sobre el nominado viene dicho por sus propios colegas de proyecto político. Al efecto cabe mencionar a Carlos Carrillo, director de la UNGRD, quien hablando a los medios radiales expresó que la designación del ex alcalde es perjudicial y pone en riesgo recursos públicos de los colombianos. También le enrostra pertenecer a una cultura “cleptocrática”, ser promiscuo políticamente y rico aunque pose como víctima del establecimiento.
Según ha trascendido la protesta ciudadana habría vuelto imposible posesionar a Quintero. Pero aún así, subsiste el riesgo de que politicen la salud y la pongan al servicio de los intereses electorales oficiales. Por eso tendremos que estar atentos, si algo tienen claro quienes nos gobiernan es que para conservar el poder todo vale.
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