
¿Qué son realmente las hormonas? Si alguna vez has sentido que tu cuerpo cambia sin que entiendas muy bien por qué, probablemente las hormonas tengan algo que ver. Durante años hemos escuchado hablar de ellas casi exclusivamente cuando aparecen problemas: síndrome premenstrual, infertilidad, acné, menopausia o cambios de peso. Sin embargo, las hormonas están trabajando en nuestro organismo cada segundo del día, incluso cuando no somos conscientes de ello. Son las grandes directoras de orquesta de la fisiología humana. Regulan el metabolismo, el sueño, la digestión, la temperatura corporal, el apetito, el deseo sexual, la fertilidad, la energía, la respuesta al estrés e incluso parte de nuestras emociones y nuestra capacidad de concentración.Comprender cómo funcionan no significa obsesionarse con ellas. Significa entender mejor el lenguaje de nuestro propio cuerpo. Las hormonas son moléculas mensajeras producidas por diferentes glándulas y tejidos del organismo. Viajan a través de la sangre llevando información de un lugar a otro. Son una especie de sistema de comunicación interna que permite que órganos muy diferentes trabajen de forma coordinada.Cuando una hormona se libera, actúa como una llave que encaja en receptores específicos situados en distintos tejidos. A partir de ahí se desencadenan una serie de respuestas biológicas. Por ejemplo, cuando el páncreas libera insulina, las células reciben la señal de captar glucosa. Cuando la glándula pineal produce melatonina, el cerebro interpreta que es momento de dormir. Cuando los ovarios producen estrógenos, numerosos tejidos reciben información relacionada con la reproducción, el metabolismo, los huesos o el cerebro.Las hormonas no funcionan de forma aislada. Son una red compleja en la que todo está conectado. Vamos a hablar de algunas de las que más trabajan, aunque la lista es mucho más larga.Los estrógenos: mucho más que hormonas sexualesLos estrógenos son probablemente las hormonas femeninas más conocidas y también unas de las más incomprendidas. Aunque solemos asociarlos únicamente con el ciclo menstrual y la fertilidad, participan en funciones mucho más amplias. Influyen sobre la sensibilidad a la insulina, la salud cardiovascular, la densidad ósea, la producción de colágeno, la microbiota intestinal, la regulación de la inflamación y el funcionamiento cerebral.De hecho, el cerebro femenino posee una gran cantidad de receptores para estrógenos. Por eso muchas mujeres perciben cambios en la memoria, la concentración o el estado de ánimo durante determinadas etapas hormonales, especialmente en la perimenopausia.Sin embargo, tan importante como tener estrógenos es que estos se encuentren en equilibrio. A menudo se habla de los problemas asociados a niveles bajos de estrógenos, especialmente durante la menopausia, pero, durante la vida fértil, un exceso relativo de estrógenos o una mala gestión de estos por parte del organismo también puede generar síntomas.Cuando existe un predominio estrogénico, algunas mujeres pueden experimentar reglas abundantes, síndrome premenstrual intenso, sensibilidad o dolor mamario, retención de líquidos, hinchazón, migrañas, cambios de humor, irritabilidad o una mayor tendencia a desarrollar patologías dependientes de estrógenos, como algunos tipos de miomas o endometriosis. No siempre se debe a que los niveles de estrógenos sean excesivamente altos. En ocasiones el problema está en cómo se metabolizan y eliminan. El hígado y el intestino desempeñan un papel fundamental en este proceso.Por otro lado, cuando los niveles de estrógenos disminuyen, como ocurre durante la transición a la menopausia, pueden aparecer sofocos, sequedad vaginal, alteraciones del sueño, pérdida de masa muscular, cambios en la distribución de la grasa corporal, mayor inflamación y una disminución de la protección cardiovascular y ósea. Por eso el objetivo no es tener más estrógenos ni menos estrógenos. El verdadero objetivo es mantener un equilibrio hormonal adecuado.La progesterona: la gran olvidadaMientras que los estrógenos suelen acaparar la atención, la progesterona desempeña funciones igualmente importantes. Se produce principalmente después de la ovulación y ejerce un efecto regulador sobre el sistema nervioso. Muchas mujeres describen una sensación de mayor calma, estabilidad emocional y capacidad para gestionar el estrés cuando los niveles de progesterona son adecuados.Además, influye en la temperatura corporal, la calidad del sueño, la preparación del endometrio para un posible embarazo y el funcionamiento de la musculatura lisa, incluida la del intestino. Cuando los niveles de progesterona son insuficientes, pueden aparecer síntomas como síndrome premenstrual más intenso, irritabilidad, ansiedad, alteraciones del sueño, sangrados más abundantes, ciclos más cortos o una mayor sensibilidad emocional. Por eso, aunque solemos hablar mucho de los estrógenos, la progesterona desempeña un papel fundamental en el equilibrio hormonal femenino.La testosterona también importa en las mujeresExiste la falsa creencia de que la testosterona es una hormona exclusivamente masculina. Sin embargo, las mujeres también la producen y la necesitan. Participa en la masa muscular, la energía, la motivación, la capacidad de respuesta física, la salud ósea y el deseo sexual. Además, interviene en funciones cognitivas relacionadas con la iniciativa, la confianza y la sensación de vitalidad.Cuando los niveles son demasiado bajos pueden aparecer síntomas como cansancio, pérdida de fuerza muscular, menor capacidad de recuperación, disminución de la libido, apatía o sensación de falta de motivación. Sin embargo, unos niveles excesivamente elevados también pueden generar problemas. El exceso de testosterona puede manifestarse mediante acné, aumento de vello corporal o facial, caída del cabello con patrón masculino, irregularidades menstruales o alteraciones de la ovulación. Por ello, la testosterona no debe verse como una hormona «buena» cuando está alta o «mala» cuando está baja. La clave está en el equilibrio.

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