En Bogotá se estima que hay 40. También existen en Cali y Medllín, donde se reúnen a fumar sin mayores problemas con la Policía, que ha aprendido a tolerarlos
A falta de siete votos, la legalización del uso recreativo de la marihuana se hundió en el octavo debate el 12 de diciembre de 2023. Pocas veces se vio en el Congreso un entusiasmo tan desbordado como el del precandidato presidencial asesinado Miguel Uribe Turbay cuando la ley se hundió.
Mientras tanto, Estefanía y Juan Esteban tenían todo montado para vender marihuana, habían metido los ahorros de años en su pequeño negocio. De ningún modo podían considerar perder todo lo invertido. Por eso, no tuvieron más opción: el club cannabico abrió sus puertas sin vender marihuana.
En un segundo piso, encima de una droguería Colsubsidio y un centro de depilación laser, los jóvenes amantes de la marihuana registraron ‘Four Twenty’ ante la Cámara de Comercio de Bogotá como un negocio de cosméticos, una tienda de barrio y una tienda de tecnología. Sin embargo, no fueron los únicos que le buscaron el quiebre a la ley para poder abrir.
Otros prefirieron usar la figura de sindicato, evadiendo el control de horarios y regulaciones que rigen a los establecimientos de comercio; otros, más temerarios, abrieron sus negocios sin ningún tipo de registro legal. Cada uno agarró por el lado que le pareció más conveniente, por eso no se sabe cuántos clubes cannábicos operan, por lo menos, en Bogotá. Estefanía y Juan Esteban estiman que hay cuarenta.
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La prohibición de la marihuana solo ha beneficiado a los narcotraficantes
La marihuana en Colombia es tan antigua como su misma prohibición. Se dice que llegó al país en los barcos de la colonia para la fabricación de textiles y el aprovechamiento de sus facultades medicinales. Los que descubrieron sus poderes psicoactivos fueron los africanos esclavizados que fumaban a escondidas. Pero los que hicieron de la marihuana un producto que se exportaba por toneladas fueron los gringos hippies de los años 70, quienes quedaron cautivados por el sabor que las fértiles tierras de la Sierra Nevada le daban a la planta.
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Producto de la alta demanda de marihuana nacieron los narcotraficantes, una clase emergente de comerciantes que de la noche a la mañana consiguieron dinero ilimitado con el que compraron hasta las consciencias más incorruptibles.
Rápidamente, el país se inundó de dólares traídos de Estados Unidos y el gobierno de López Michelsen no dudó en lavar toda esa plata: en el parque Santander, donde hoy en día diferentes bandas manejan a su antojo el negocio del microtráfico de marihuana, abrió una pequeña oficina del Banco de la República. Allí no se hacían preguntas y los cambios de dólares a pesos se finiquitaban con la mayor discreción.
Como una plaga, el narcotráfico invadió todos los rincones del país. La ventanilla siniestra solo duró cuatro años y los narcos buscaron formas más sofisticadas para limpiar sus dineros como la compra de costosas obras de arte que veían por televisión o en el periódico.
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A mediados de los años 80, mientras los gringos consumían gran parte de la droga que se producía en Colombia, le declararon una violenta guerra a los carteles, la cual recrudeció las prohibiciones de comercialización, distribución y cultivo del cannabis y otras sustancias con la Ley 30 de 1986, la cual se intentó modificar en 2023, ante el inminente fracaso de la lucha contra las drogas.
El auge de los clubes cannábicos en Colombia
La prohibición de la marihuana solo potencializó su desarrollo. Actualmente, sin exagerar, hay una cepa diferente para cuanta actividad de la vida existe, todo depende de los porcentajes de THC y CBD que contenga la planta. Además de un universo entero de productos hechos con cannabis.
Por eso, cuando Estefanía y Juan Esteban dicen que les gustaría que ‘Four Twenty’ se convirtiera en el Farmatodo de los canábicos no están construyendo en el aire: las estanterias repletas de medicamentos para toda suerte de dolencias y los silenciosos extractores, que nunca dejan de tragarse el humo de los cuartos de consumo, consiguen que el lugar mantenga un aire pulcro, casi clínico, como el de una pequeña farmacia dedicada al cannabis medicinal.
No es raro que los afiliados a ‘Four Twenty’ lleguen en carros de alta gama, asegurando que lo mejor del lugar es su buen ambiente.
Además, la industria del cannabis medicinal se ha consolidado como una de las más fuertes del país, llegando a innovar incluso con la primera granja solar de cannabis medicinal, a cargo de Cannabis Medical Company, ubicada en Baraona (Atlántico).
Las zonas grises por las que transitan los clubes cannábicos
A pesar de que ‘Four Twenty’ continúa creciendo (actualmente ya cuenta con tres sedes al norte de Bogotá) camina por zonas grises: el suministro de cannabis que el establecimiento le da a los afiliados es un tema vetado.
No obstante, una actividad que es de conocimiento público es la cata de los jueves, a la que cualquier persona puede entrar si paga 30 mil pesos, que le permiten degustar las diferentes variedades de plantas del lugar. Esto es problemático, pues si bien la ley ampara la decisión individual de fumar marihuana, eso no significa que también escude a los establecimientos que convocan a las personas a consumir.
Por su parte, Estefanía y Juan Esteban se refieren a esta actividad como una experiencia sensorial que va más allá del simple hecho de fumarse un porro. Sin embargo, las autoridades podrían interpretar esto como una venta de marihuana disfrazada por el ritual de una cata, sosteniendo que hay una distribución de cannabis vinculada a una actividad comercial.
Otra de las zonas grises en las que se mueve el club cannábico tiene que ver con el consumo recreativo de marihuana dentro del establecimiento. Aunque sus dueños defienden que se encuentran dentro de un espacio privado, su argumento parece quedarse corto, puesto que la Ley 1801 de 2016 establece que un establecimiento al que ingresan múltiples personas, aun cuando se cobre una membresía, puede ser considerado un lugar público.
En los lugares donde se ha legalizado la marihuana se han registrado ventas de hasta 1.300 millones de dólares anuales y 24.000 empleos.
Este y otros puntos quedan por resolverse. Sin embargo, hay que reconocer que clubes cannábicos como ‘Four Twenty’ cambian la lógica de las peligrosas ‘ollas’ de barrio en las que la gente que se quiere fumar porro tiene que arriesgar la vida y, además, no tienen ni idea de la calidad ni la procedencia de lo que consume.
Asimismo, el club no solo permite que la gente vaya a fumar marihuana de forma segura. También hay otras actividades educativas y recreativas frente a la planta, las cuales no implican fumar. Mientras esperan que algún día llegue la legalización, Estefanía y Juan Esteban han dado pasos de gigantes, pues dicen que funcionarios de la Alcaldía y de la Policía han ido a visitarlos y les han dado el visto bueno para seguir funcionando.
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