«Hablar de amor es la última fase del populismo»

«Hablar de amor es la última fase del populismo»

El periodista Rafa Latorre ha dedicado su monólogo en Más de uno (Onda Cero) a cuestionar el discurso del «amor» que ha reivindicado el PSOE, a raíz de un acto político en el que se presentó como una fuerza guiada por ese sentimiento. El periodista sostiene que el recurso al amor como consigna no es nuevo, «políticos que hablan de amor eran antes los de Podemos».

«Hablar de amor es la última fase del populismo», afirma Latorre, que recuerda que políticos como Manuela Carmena y Ada Colau recurrieron a ese lenguaje durante sus campañas. También relaciona esa fórmula con la política argentina y con los Kirchner, de quienes, según ha señalado, se habría importado la consigna de “la fuerza del amor”.

El periodista cuestiona que se utilice un sentimiento personal como argumento político y sostiene que, en ocasiones, el amor se convierte en una forma de encubrir intereses distintos. En ese sentido, advierte: «En política, el amor es el disfraz de lo siniestro. Cuando un político habla de amor, cualquier ciudadano con instinto de preservación debería protegerse».

Latorre ha centrado parte de sus críticas en Óscar Puente, al que compara con la imagen de concordia que, según el periodista, pretende proyectar el PSOE: «Óscar Puente no es Jesús Puente en la caravana del amor». Para ilustrar esa contradicción, recuerda que el ministro llamó «rata» al economista José Carlos Díez después de que este expresara en una entrevista una opinión sobre las pensiones.

«Lo de animalizar al adversario es algo que forma parte de las peores tradiciones políticas». En su análisis, el problema no reside sólo en que se utilice el lenguaje del amor, más bien en la distancia entre esa puesta en escena y el trato que se dispensa a quienes discrepan. «A ver si es que el amor por lo propio es tan profundo que para los demás solo queda el odio», ha planteado Latorre.

El monólogo ha pasado después de la retórica política a la disputa institucional. Latorre aborda la reunión del Pleno del Tribunal Constitucional para estudiar si admite a trámite una cuestión relacionada con la denominada Ley de nietos. Según explica, el debate gira en torno a si «alguien puede votar sin haber acreditado de forma debida que cumple unos requisitos y si se pueden eliminar esos requisitos».

¿Alteración del censo?

También se plantea, según el periodista, si el Tribunal Supremo puede imponer una suspensión cautelar del voto de más de cien mil personas ante el riesgo de una alteración del censo. Latorre subraya que la decisión del Constitucional resulta especialmente relevante porque, si se adopta después de las elecciones, los votos emitidos ya no podrían suspenderse de forma retroactiva.

El periodista sostiene que el Constitucional «se ha convertido en un órgano vital de la democracia española» durante el actúa mandato y advierte de que se ha pretendido convertirlo en una suerte de «Tribunal de casación del Supremo». A la vez, recuerda que se trata de un órgano de garantías cuyos miembros son elegidos mediante procedimientos de designación política.

Para Latorre, la atención que recibe ahora el Senado no se explica por un interés repentino en la Cámara Alta, se explica por su importancia en la disputa por el control institucional. «La campaña de verdad transcurre por cauces más prosaicos que el amor», señala, antes de vincular esa pugna con las estrategias de los partidos para influir en la composición de las instituciones.

Latorre presenta las próximas elecciones al Senado como una nueva expresión de la política de bloques. A su juicio, en ellas se reproducirá «el muro». La dificultad de alcanzar acuerdos entre izquierda y derecha y la utilización de las instituciones como instrumentos contra el adversario.

El periodista considera que esta dinámica conduce a la pérdida de centralidad política en España: «La centralidad del centro no es un partido, es un espacio político», afirma y añade que tampoco se trata de una ideología, es una manera de convivir con otras ideologías.

En ese contexto, sostiene que Pedro Sánchez ha conseguido reducir el espacio político a su izquierda y que la estrategia socialista para el Senado profundiza la división. Latorre se refiere a la iniciativa denominada “Senado de Progreso” y plantea que la derecha debe decidir si coordina su actuación para disputar el control institucional.

La última parte del análisis se centra en la posibilidad de que PP y Vox concurran de forma coordinada en las elecciones al Senado. «Hacer o no ingeniería común entre Vox y PP». Latorre señala que Santiago Abascal se ha adelantado con una propuesta, mientras que Alberto Núñez Feijóo no parece haber tomado todavía una decisión definitiva.

¿Cómo debería actuar el futuro presidente?

El periodista considera que el debate va más allá de una «cuestión táctica o de coherencia». Recuerda que Feijóo prometió que no gobernaría con Vox y plantea que el dilema consiste en decidir si el PP debe recurrir a estrategias similares a las que atribuye al PSOE o aceptar el riesgo de quedar aislado políticamente.

En su opinión, la cuestión de fondo es cómo debe actuar un futuro presidente ante un escenario en el que, según sostiene, se han debilitado las convenciones democráticas. Latorre advierte de la tentación de utilizar “todas las herramientas disponibles” para gobernar sin límites y señala que habrá presiones para hacerlo. Al mismo tiempo, plantea que renunciar a cualquier entendimiento entre PP y Vox podría favorecer el crecimiento de la formación de Abascal.

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