aprende a reconocer qué tipo de amigos tienes

aprende a reconocer qué tipo de amigos tienes


Hay amigos a las que puedes dejar de ver durante meses y, cuando por fin os reencontráis, todo sigue tal cual: no hay reproches, ni explicaciones, todo sigue igual y simplemente estáis ahí, como si el tiempo no hubiera pasado. Y luego están esas otras amistades que necesitan un mensaje o una llamada, un contacto casi diario que, si desaparece durante demasiado tiempo, pueden empezar las dudas: «¿Le pasará algo conmigo?», «¿Estará enfadada?»…La diferencia puede explicarse de manera sencilla: hay amistades cactus y amistades bonsái, dos formas de entender el cuidado que, trasladadas a las relaciones, muestran que no todas las amistades necesitan la misma cantidad de atención para mantenerse vivas.Amigas cactus: poco riego, pero presencia cuando importa»Son metáforas que se utilizan para explicar el tipo de cuidado que pueden necesitar las diferentes relaciones de amistad, comparándolas con el cuidado que precisan estas plantas», explica la psicóloga Mariló Pérez, de Psicólogos Madrid Cepsim, a los lectores de 20Minutos. En el caso de los llamados amigos cactus, «necesitan muy poco para mantenerse», de manera que «para que la amistad se mantenga viva no precisan de cuidados constantes». Son esas personas con las que podemos pasar semanas o meses sin hablar y, aun así, seguimos sintiendo el vínculo intacto. «Tenemos la sensación de que, aunque pasemos tiempo sin hablar o quedar con ellos, la relación y conexión que tenemos sigue exactamente igual», señala la experta.Una amiga cactus suele respetar mucho el espacio personal y la independencia, y eso no significa necesariamente falta de cariño o interés: «Una amiga cactus no tiene por qué ser una mala amiga, pero por su manera de vincularse, no necesite de ese contacto constante, sino sentir que tiene ese espacio y que su independencia está preservada», subraya la psicóloga. «Los amigos cactus que generan relaciones sanas son aquellos que, a pesar de que puedan mostrar menos afectos o contacto regular, sabes que si lo necesitas de verdad van a estar ahí», explica. El problema aparece cuando esa distancia se convierte también en ausencia en los momentos difíciles. También puede ocurrir que detrás de esa necesidad de espacio exista «un miedo a la cercanía por sentirse vulnerable», algo que podría reflejar «un apego más evitativo».Amigos bonsái: necesitan más atenciónEn el otro extremo encontramos a las amistades bonsái. Si el cactus sobrevive con poco riego, el bonsái requiere atención más frecuente y cuidadosa. “Un amigo bonsái sería aquel que, por el contrario, sí necesita de una atención constante. Estas personas proporcionan una relación muy íntima y se preocupan activamente por el bienestar del otro», apunta la psicóloga.El inconveniente aparece cuando esa necesidad de contacto se vuelve imprescindible para sentirse seguro dentro de la amistad. Algunas personas pueden «sentirse heridas si pasáis tiempo sin contacto o si muestras menos preocupación por ellos de la que esperarían». Y, si no reciben esos pequeños gestos con frecuencia, pueden empezar a interpretar que «la amistad está en peligro».Cuando cuidar se convierte en una obligaciónUna amistad bonsái tampoco es, por definición, una relación problemática. De hecho, la cercanía y la iniciativa pueden ser aspectos muy positivos: «Se muestra más cercana, ofrece más cuidados, muestra una disposición más proactiva en la relación, lo cual en sí mismo sería positivo y facilitaría un apego seguro en la relación de amistad», explica Mariló Pérez.La dificultad llega cuando esa necesidad de atención constante genera dependencia. Si ante un periodo de menor contacto la persona interpreta automáticamente que algo va mal, se preocupa, se pone a la defensiva o necesita continuas confirmaciones, podría estar apareciendo «un estilo de apego ansioso-preocupado».¿Y si siempre soy yo quien riega?»Las relaciones cactus de amistades sanas se sienten equilibradas y sientes seguridad en la relación. «Si tú no escribes o llamas, lo haces, esa persona en algún momento te contactará», señala. Es decir, «sabes que te tiene en su mente, que si le escribes la respuesta es desde el cariño, que puedes contar con ella en momentos importantes, que quiere verte aunque no lo necesite de continuo».La señal de alarma aparece cuando la reciprocidad desaparece: «Si no la escribes ella nunca hace por tener contacto», si deja de responder habitualmente o si dudas de que vaya a estar presente cuando la necesites, probablemente estemos ante «una relación descompensada» en la que una persona está poniendo más esfuerzo en mantenerla viva.Hablar también es una forma de regar¿Y qué hacemos cuando una amiga necesita mucha más atención de la que podemos ofrecer? Para Mariló Pérez, la respuesta pasa por la comunicación: «El cuidado en las relaciones se ve en gran medida por la capacidad de comunicación entre las dos partes». Hablar de lo que necesitamos, pero también intentar comprender qué hay detrás de la necesidad de cercanía de la otra persona: «Seguramente no es que me quiera agobiar, sino que viene de una necesidad o una posible herida que se esté activando en ella», apunta.La solución, por tanto, no consiste en decidir quién es cactus y quién es bonsái, sino en encontrar cuánto riego necesita cada relación. «Sería conveniente hablarlo y ver entre las dos cómo podemos llegar a un equilibrio, en el que ella se sienta lo suficientemente atendida y yo preserve también el espacio que necesito», concluye la experta de Psicologos Madrid Cepsim.

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