
El periodista Graciano Palomo (Villanueva de Gumiel, Burgos, 1951) asegura que se ha «cortado la coleta» en el terreno de los libros de crónica política y ha saltado al campo de la salud. Para ello, eligió, casi a modo de penitencia, biografiar a Mariano Barbacid, uno de los investigadores más célebres de la ciencia española. Tras un artículo «muy crítico» contra él, cuenta que no rectificó, pero le compensó con un extenso reportaje que le abrió las puertas a su siguiente reto: biografiar al que considera un «genio» y, como tal, «no un tío fácil». Tras cuatro años acompañándole entre laboratorios y codeándose con otros científicos, el resultado es Mariano Barbacid. La batalla contra el cáncer (La Esfera de los Libros), disponible en las librerías desde principios de septiembre. En sus 432 páginas, el lector encontrará no solo un repaso de los grandes hitos de la carrera del investigador, desde el anuncio el pasado mes de enero de la cura del cáncer de páncreas en tumores de ratones de laboratorio con una triple terapia desarrollada junto a la científica Carmen Guerra —cuyo artículo publicado en PNAS fue retirado por un conflicto de intereses no declarado y readmitido un mes después— hasta cuando logró aislar el primer oncogén humano H-RAS en 1982. El periodista reflexiona sobre la investigación, la gestión científica y el papel del Estado en torno a una enfermedad que, según la Sociedad Española de Oncología Médica, causa más de 115.000 muertes al año en España.¿Cómo fue el proceso de documentación y escritura?He trabajado cuatro años. Este es un libro de un periodista sobre la base del laboratorio y el microscopio de Barbacid. Este tema tan complejo no se puede escribir sin hablar con otros científicos. Durante cuatro años he seguido por primera vez la vida de un hombre que estoy convencido que va a ser premio Nobel cuando la triple terapia para el cáncer de páncreas tenga éxito en pacientes. Incluso apellidándose Barbacid y llamándose Mariano. No tendrán más remedio. No en ratones, como ya lo ha tenido, sino éxito en humanos. El proceso ha tenido sus cosas, sus cabreos, entre un científico y un periodista siempre hay. Es un libro sobre el cáncer, pero, obviamente, sobre el oncólogo molecular número uno del mundo.¿Qué es lo que más le ha sorprendido de la personalidad de Mariano Barbacid?Como buen científico, es muy obsesivo, muy estajanovista. Tiene el angioma [en la cara]. Él dice que nunca tuvo complejo. Pero, ¿cómo no vas a tener? Quizá por ese defecto de nacimiento, tuvo una preparación académica extraordinaria y un expediente brillante. Cuando a los 24 años termina su doctorado estuvo dudando si dedicarse a la medicina o la investigación del cáncer. Con esa personalidad tan determinada por el triunfro, se va a EEUU con una beca y consigue entrar en el Instituto Nacional del Cáncer y rápidamente se hizo con el cotarro allí. En 1982 consigue aislar el primer oncogén humano H-RAS…En ocho años, a base de meterle 30 horas al día, y en un laboratorio en el que él no era el jefe. Con 32 años se convierte en una auténtica celebridad mundial y se lo rifan los laboratorios. En el 98, el Gobierno de [José María] Aznar le propuso volver para crear el [Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas] CNIO. Le puso unas condiciones leoninas, básicamente para que la política no metiera sus sucias manos en la ciencia. En una década, siendo él fundador y director científico —no económico— lo sitúa como uno de los grandes centros mundiales de referencia en la lucha contra el cáncer. Esto solo se hace con una gran voluntad y tenacidad. Agarra unos cabreos monumentales. Es muy duro con sus equipos, pero todos quieren trabajar con él.A Aznar le puso unas condiciones leoninas para crear el CNIO, básicamente para que la política no metiera sus sucias manos en la ciencia»¿Cómo vivió Barbacid pasar del Instituto Nacional del Cáncer de EEUU a fundar el CNIO en España?Él quería volver, llevaba fuera 24 años. Es un vitalista. Le gusta comer bien, pero mucho. Le gusta beber mejor, pero mucho. Y le gustan los toros. Y, sobre todo, le gusta el Real Madrid. Quería volver a su país después de tantos años, sobre todo con un gran proyecto para importar el modelo de ciencia de EEUU, que él considera el más exitoso, a España, que nunca se había distinguido salvo Santiago Ramón y Cajal o Margarita Salas. Un tío que se apellida Barbacid, se llama Mariano, con una mancha en el rostro, bajito y gordito, se convierte en el primer oncólogo molecular del mundo.Barbacid ha logrado hitos históricos, pero su trayectoria también ha estado marcada por choques con las administraciones. ¿Ha sido una especie de rara avis de la ciencia?Completamente, sí. Choca con las adminsitraciones porque piensa que estas solo deben poner dinero y luego justificárselo a través de controles, pero cree que los políticos no deben gobernar la ciencia porque no tienen ni idea. En el Instituto Nacional del Cáncer de EEUU, el Gobierno ponía mil millones de dólares, se le daba cuenta en qué se gastaba, pero no decía qué científico debe dirigir o cuáles son las normas de comportamiento en un laboratorio. Tuvo enfrentamientos con la exministra Celia Villalobos. El que le apoyó mucho fue [el expresidente del Gobierno, José María] Aznar, que quiso crear el centro nacional [actual CNIO]. Y ahora la campaña de desprestigio de los progubernamentales no tiene parangón.¿Dónde se ponen más zancadillas: en los laboratorios o en los despachos de la Moncloa?Los despachos de la Moncloa no tienen competidor posible. Los científicos luchan por pasar a la historia, y en la Moncloa se lucha por quién roba más. Se vio claramente entre [el ex presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez] Zapatero y [el ex ministro de Transportes, José Luis] Ábalos. En la ciencia no se trinca. Él siempre quiso internacionalizar el CNIO, pero se lo cargó María Blasco [directora científica entre 2011 y 2025, cuando fue destituida junto al gerente, Juan Arroyo, tras una crisis por la gestión del centro] y, sobre todo, la ministra [de Ciencia con el gobierno de Zapatero] Cristina Garmendia, que tenía sus intereses, tenía empresas farmacéuticas. Entonces es cuando él dimite.¿Por qué dice que el CNIO fue sus primeros diez años «prestigiado antes que prestigioso»?Prestigiado porque Barbacid tuvo la suerte de conocer a figuras mundiales en EEUU. Por cierto, a Barbacid le debieron dar el premio Nobel cuando aisló el primer oncogén humano H-RAS, pero bueno. Se lo dieron a uno que estaba por debajo de él. Él quería prestigiar internacionalmente el CNIO, colocarlo en el top, y por eso quería fichar nombres prestigiosos. Sabiendo su fuerza, amagó mucho con largarse. Luego lo quisieron echar.¿Entre Blasco y Barbacid hubo choque de egos o diferentes formas de entender la financiación científica?Yo creo que Blasco vio que Barbacid era Dios en el mundo de la ciencia, y que no podía llegar nunca a eso. Entonces, mejor quitártelo de enmedio. Ella quería poder y manejar fondos, pero mediáticamente no tiene comparación con Barbacid, que descuelga el teléfono para convocar una rueda de prensa y se presentan cien.Barbacid no piensa en jubilarse. Ahora su gran ambición es conseguir el éxito en [el cáncer de] páncreas. Las puertas de la historia son suyas»¿En qué punto se encuentra ahora la investigación de la triple terapia contra el cáncer de páncreas de Barbacid?Está buscando equipos y necesita dinero. No es lo mismo en ratones que en humanos. He hablado con colegas suyos de gran prestigio y me han dicho que el 70% de las investigaciones que tienen éxito en ratones, tienen muchas probabilidades de tenerlo también en pacientes. Hay cantidad de ofertas de enfermos para ser ‘cobayas’ digamos. Han venido incluso de Francia. La enfermedad es terrible.¿De los 30 millones que dijo que necesitaba para continuar la investigación, cuánto ha conseguido?Sé que ha habido algún interés privado y muchas conversaciones con fondos de inversión, pero invertir en ciencia es muy arriesgado porque si tienes éxito, te forras, pero si no, pierdes todo. Por su experiencia, él entiende que tiene que ser una empresa con criterio e independencia.España es líder en ensayos clínicos: ¿ningún laboratorio, hospital o CCAA se ha interesado por continuar con la investigación?Claro, porque es algo novísimo. Sé que el Hospital Universitario Virgen de Arrixaca de Murcia ha colaborado mucho durante la triple terapia en ratones y tiene bastante relación con el oncólogo y director científico del Instituo de Investigaciones Sanitarias del Hospital Universitario La Paz de Madrid, que es el prologuista del libro. Creo que una vez forme los equipos, estoy convendido, intuyo, que va a tener éxito.En entre tres y cinco años podríamos saber si la triple terapia en ratones contra el cáncer de páncreas funciona en humanos»¿Cuánto tiempo calcula Barbacid que necesita para saber si esta terapia cura en humanos igual que lo ha hecho en ratones?De tres a cinco años.¿Qué le dice Barbacid que hay que hacer en la vida para intentar evitar el cáncer?Su respuesta es: «Tener suerte». Y añade: «Y hacer una vida sana». Como fumes, estás jodido. Si bebes en exceso, estás jodido. Pero seguro. Hay una anécdota graciosa. Le dije que tengo un gran amigo que ha superado tres cánceres de pulmón, según dice él, «tomándose tres cucharadas todas las mañana de aceite extrapuro virgen de oliva». Y Barbacid me contestó: «Y por qué no reza un rosario y tres Ave Marías?». Él no cree en esas cosas, él cree en la ciencia. Él aconseja hacer vida sana y hacerse revisiones.¿Cómo recibió Barbacid la noticia de la retirada de su artículo por un conflicto de intereses? Un mes después se readmitió una nueva versión, pero ¿cómo le afectó o tema que repercuta en su trabajo y reputación?Le afectó mucho. Hasta que se aclaró, todo el mundo se quedó helado porque era un héroe nacional. Cuando se anunció el éxito, la gente le pedía fotos por la calle y en los restaurantes, yendo con él, la gente se ponía en pie y le aplaudía. Fue muy injusto. En la conferencia de prensa, él dijo claramente que había tenido éxito en ratones, pero que estaba por ver si se podía aplicar a humanos.¿Por qué cree que el Gobierno guardó el «sepulcral» y «clamoroso» silencio que dice en el libro tras el anuncio del éxito en ratones? La ministra de Sanidad, Mónica García, sí lo celebró.Fue la única. [La ministra de Ciencia] Diana Morant no, ni la Secretaría General… nadie. Porque le tienen envidia y porque García no sabe que el Gobierno se lo quiere cargar. Pero vamos, el impacto de la noticia fue brutal, tuvo que contratar a una persona para atender los mails que le llegaban de todo el mundo.¿Cree que Barbacid es un científico incómodo para el Gobierno?Sí, porque no es de los suyos. A pesar de que siempre votó a Felipe González. Pero él cree en la empresa privada y que la política no debe meterse en la ciencia. Y el Gobierno tiene una deriva totalitaria y quiere controlar también la ciencia para colocar a los suyos. El CNIO es Barbacid y se ha cometido el error de marginarlo y tuvo que ser el abogado del Estado quien advirtiera de que no podían echarlo por las cláusulas [de su contrato].¿Barbacid no piensa jubilarse?No, yo creo que va a morir con las botas puestas. Ahora su gran ambición es conseguir el éxito en [el cáncer de] páncreas. Las puertas de la historia son suyas.

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