¿Qué tiene de educativo llevar escolares a visitar zoológicos?

¿Qué tiene de educativo llevar escolares a visitar zoológicos?

Con el comienzo del nuevo curso escolar, un colectivo de profesores de Canarias ha puesto en marcha una campaña para que los colegios e institutos se declaren «libres de visitas y colaboraciones con zoológicos«. En su lugar, plantea sustituirlas por experiencias educativas al aire libre vinculadas directamente con la biodiversidad y el patrimonio natural del Archipiélago. Es una idea que aspiran a que se generalice por todo el Estado español.

¿Puede una escuela enseñar a respetar la naturaleza llevando al alumnado a contemplar animales salvajes en cautividad? Esta es la pregunta que un grupo de docentes de distintos centros educativos de Canarias ha decidido poner sobre la mesa con la campaña «No es centro para zoos», una iniciativa que propone cambiar la actual relación entre la educación ambiental, los animales y los espacios públicos de exhibición.

El colectivo, denominado Docentes de Canarias por el Respeto Animal y el Patrimonio Natural, plantea que los centros educativos del Archipiélago puedan declararse voluntariamente «espacios libres de visitas y colaboraciones con zoológicos o con otras instalaciones que mantengan animales en cautividad«. Es una propuesta sin aspiraciones legales, dirigida a los propios centros, para que la comunidad educativa revise el sentido pedagógico de sus actividades complementarias y extraescolares.

La campaña cuenta ya con una página web propia, materiales para los centros y modelos de propuestas destinados al claustro y al Consejo Escolar. 

Hablar de valores y no de animales cautivos

El argumento de los impulsores defiende que una actividad escolar no debe transmitir únicamente conocimientos, sino especialmente valores.

Desde esta perspectiva, consideran que una excursión a un zoológico no es una actividad neutral. Además de explicar las características de determinadas especies, transmite implícitamente una determinada manera de relacionarse con ellas donde el ser humano domina y condiciona sus comportamientos. Por eso el colectivo considera que las actividades educativas deben ser coherentes con los valores que la propia escuela pretende fomentar, como el respeto hacia los seres vivos, conservación de la biodiversidad, sostenibilidad y pensamiento crítico.

La campaña recuerda que la educación ambiental ocupa un lugar relevante en las políticas educativas de Canarias. La Consejería de Educación señala entre las líneas de trabajo de este curso 2026-2027 ámbitos como el cambio climático, la economía circular, las energías limpias, el bienestar animal, la interpretación del patrimonio natural y la biodiversidad, vinculándolos expresamente con el desarrollo de la conciencia ecosocial y del pensamiento crítico y autónomo del alumnado. Un ambicioso programa donde la visita a zoos con animales exóticos cautivos tiene difícil justificación.

Canarias cuenta, además, con un elemento que los promotores de la campaña consideran especialmente importante, y es convertir el propio territorio en aula al aire libre.

Los ecosistemas costeros, los bosques de laurisilva, los espacios volcánicos, los barrancos, las zonas de medianías o la enorme diversidad de especies endémicas ofrecen inmejorables oportunidades para estudiar biodiversidad, geología, ecología y conservación sin necesidad de recurrir necesariamente a animales mantenidos fuera de su hábitat.

De la jaula al territorio

La página de «No es centro para zoos» propone sustituir las visitas a zoológicos y otras instalaciones con animales cautivos por experiencias centradas en el conocimiento del patrimonio natural canario y en el respeto a los animales. Para ello ofrece recursos didácticos, propuestas educativas y actividades vinculadas al entorno y la biodiversidad.

El procedimiento que propone a los centros también pretende que la decisión sea colectiva. La campaña plantea cinco pasos: conocer la propuesta, contactar con sus promotores, buscar apoyos dentro del centro, llevarla al Consejo Escolar y, finalmente, formalizar la adhesión. Entre los materiales disponibles figuran una carta de presentación, modelos de petición para Infantil y Primaria y para Secundaria, argumentarios, presentaciones y otros recursos.

Los centros que se adhieren reciben además un distintivo denominado «Centro libre de visitas a zoos«, concebido como una forma de hacer visible ese compromiso.

La intención de sus promotores es que la decisión de no visitar zoológicos no quede reducida a una declaración simbólica, sino que vaya acompañada de otras formas de aprender sobre los animales y la naturaleza.

¿Cuál es el papel de los zoológicos?

La iniciativa canaria se incorpora a un debate mucho más amplio respecto a qué papel deben desempeñar los zoológicos en una sociedad que dispone de nuevas herramientas para conocer la fauna y que concede cada vez más importancia al bienestar animal.

La legislación española ampara la existencia de zoológicos. La Ley 31/2003 establece precisamente un marco destinado a garantizar la protección de la fauna silvestre mantenida en parques zoológicos y señala entre sus objetivos la contribución de estos establecimientos a la conservación de la biodiversidad. La norma establece, además, obligaciones relacionadas con el bienestar de los animales en cautividad.

Los propios zoológicos defienden una función que va más allá de la exhibición. Por ejemplo, sus fundaciones asociadas desarrollan programas educativos dirigidos a escolares, profesores y familias, además de ofrecer visitas guiadas, actividades en las aulas, videoconferencias y materiales didácticos sobre animales, conservación y biodiversidad. Pero estas actividades, que suelen ser de alta calidad, están en entredicho cuando respaldan la existencia de animales salvajes en cautividad cuya principal misión es entretener a visitantes curiosos a cambio de pagar una entrada.

La propuesta de los docentes canarios es diferente. Se plantean si una escuela debería considerar que la presencia de animales salvajes en cautividad constituye por sí misma una experiencia educativa adecuada y coherente con los valores que se quieren transmitir.

¿Es realmente educativo un zoo?

Nadie duda de su componente educativo, aunque es bastante menor del que se piensa. Un estudio publicado en Conservation Biology analizó el aprendizaje de niños de entre 7 y 15 años después de visitar el zoológico de Londres. Encontró potencial educativo en estas visitas, pero también diferencias importantes según cómo se desarrollara la experiencia. El aprendizaje relacionado con la biología de la conservación apareció en el 41 % de las visitas guiadas por educadores frente al 34 % de las visitas sin guía, mientras que los cambios negativos en la comprensión de los animales y sus hábitats fueron más frecuentes entre quienes realizaron visitas sin acompañamiento educativo.

Otra investigación, publicada en 2017 en Zoo Biology, estudió los efectos educativos de visitas a zoológicos y acuarios durante un periodo de al menos dos años. Sus resultados encontraron mejoras duraderas en determinados conocimientos relacionados con la biodiversidad y, especialmente, en el conocimiento de acciones que podían contribuir a protegerla.

También hay dudas sobre bienestar animal. Una revisión científica sobre encuentros directos entre visitantes y animales encontró que algunas formas de interacción intensiva y de exposición prolongada pueden resultar perjudiciales para el bienestar de determinados animales. Para salir de dudas, reclamó evaluaciones más rigurosas que midan simultáneamente los beneficios educativos y los posibles costes para los animales.

Por tanto, la evidencia científica no permite afirmar que toda visita escolar a un zoológico sea educativamente inútil, pero tampoco permite dar por supuesto que la mera contemplación de animales transmita automáticamente educación para la conservación.

El diseño de la actividad, la intervención de los educadores, el comportamiento de los visitantes, la especie observada y los objetivos pedagógicos desempeñan un papel muy importante que muchas veces se obvia cuando se organizan visitas puramente pasivas, tipo » a ver qué vemos» .

¿Qué naturaleza se enseña en un zoo?

La educación ambiental debería acercar al alumnado al patrimonio natural local, y no limitarse a mostrar especies procedentes de otros lugares del planeta, como leones, jirafas o loros, en detrimento de las especies autóctonas y los ecosistemas que forman parte del territorio en el que vive el alumnado

En ese sentido, una salida para observar aves, identificar especies vegetales, estudiar un ecosistema costero, conocer un espacio natural protegido, analizar la fauna marina desde la costa o participar en un proyecto de ciencia ciudadana puede convertirse en una alternativa mucho más completa y valiosa a la visita tradicional a un recinto zoológico.

Existe además una paradoja educativa. Si las experiencias escolares sobre fauna se concentran en los zoológicos, el alumnado puede acabar familiarizándose más con animales exóticos de hábitats lejanos que con las especies que viven a pocos kilómetros de su casa. Y, sin embargo, son precisamente esas especies cercanas las que forman parte de su patrimonio natural, las que puede aprender a identificar en su entorno y sobre las que puede comprender de manera directa las amenazas provocadas por la pérdida de hábitat, la contaminación, las especies introducidas o el cambio climático. 

Un niño difícilmente podrá intervenir en la conservación de un león africano, pero sí puede contribuir, con conocimiento y buenos hábitos, a proteger la biodiversidad de su propio territorio. En Canarias, donde existe un elevado número de especies endémicas y amenazadas, enseñar a mirar y valorar la naturaleza que está al otro lado de la puerta del colegio es una alternativa mucho más interesante que organizar una visita al zoo; puede ser una forma de convertir la educación ambiental en una experiencia cercana, útil y con capacidad real de generar compromiso.

Durante décadas, los zoológicos han ofrecido la posibilidad de observar físicamente animales que los niños y niñas solo conocen normalmente por fotografías, documentales o libros. Esa experiencia puede despertar curiosidad y facilitar determinados aprendizajes. Pero los avances tecnológicos han multiplicado las alternativas. Vídeos de alta resolución, cámaras trampa, realidad virtual, modelos tridimensionales, recreaciones de hábitats, colecciones científicas, observación de fauna silvestre y proyectos de ciencia ciudadana permiten aproximarse al mundo natural de maneras muy diferentes, sin necesidad de tener animales cautivos. 

Y es que la proximidad física al animal hace ya mucho que dejó de ser el centro de la experiencia educativa

No se trata solo de animales, también está en juego el patrimonio natural

La campaña iniciada por el colectivo Docentes de Canarias por el Respeto Animal y el Patrimonio Natural también se presenta como una propuesta sobre qué relación debe establecer la escuela con el patrimonio natural.

Un bosque, una playa, un barranco o una zona volcánica pueden dejar de ser simples lugares de ocio para convertirse en espacios educativos. ¿Qué especies viven allí? ¿Cómo se relacionan? ¿Qué amenazas afrontan? ¿Cómo ha cambiado el paisaje? ¿Qué efectos tienen las especies introducidas? ¿Qué podemos hacer para conservarlo?

El STEC-IC, uno de los principales sindicatos educativos de Canarias, ya ha expresado públicamente su apoyo a la campaña. El sindicato considera necesario debatir sobre el sentido pedagógico de las actividades que implican la exhibición de animales en cautividad y defiende una educación ambiental que fomente el respeto hacia los seres vivos, la protección de la biodiversidad y el conocimiento del patrimonio natural canario.

La campaña «No es centro para zoos» propone que los centros que compartan esta filosofía más animalista den un paso voluntario, acuerden que no organizarán visitas a zoológicos ni colaborarán con instalaciones que mantengan animales en cautividad y, al mismo tiempo, promuevan otras experiencias educativas basadas en el territorio.

El objetivo final de sus promotores es que sean muchos centros los que adopten la decisión, y que esta red contribuya a cambiar la forma en que se entiende la educación ambiental en España. 

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