La antigua Hacienda Niza de la familia hurtado en Bogotá termino dando el nombre al barrio Niza de Suba.

La antigua Hacienda Niza de la familia hurtado en Bogotá termino dando el nombre al barrio Niza de Suba.

Hubo un tiempo en que llegar a Niza significaba salir de Bogotá. Había que dejar atrás las calles urbanizadas y avanzar por caminos polvorientos entre potreros, cultivos, pantanos y humedales hasta una enorme hacienda donde pastaba el ganado y todavía parecía difícil imaginar una ciudad.

Mucho antes de las casas de ladrillo, los antejardines y las calles tranquilas que hoy identifican al barrio, allí hubo un proyecto que nunca llegó a convertirse en realidad: un hipódromo para 8.000 espectadores y más de 300 caballos. La pista quedó en planos, pero el nombre permaneció y terminó bautizando una de las zonas residenciales más emblemáticas del norte de Bogotá.

Primeros carros y calles angostas

En la década de los años 40, Santafé de Bogotá era una ciudad que se encontraba en plena transformación. Dejaba, por esos días, la época colonial, buscando la modernidad urbana. La población estaba entre 330.000 y 350.000 habitantes. La actual carrera séptima se llamaba Calle Real y era el eje comercial, político y social de la ciudad.

Allí, sus habitantes vestidos de trajes al estilo europeo, ruanas y sombreros paseaban a diario por la principal vía de la naciente capital, entre los primeros carros, taxis y buses que recorrían el corredor vial. La arquitectura de la ciudad, entonces, tenía un contraste entre edificios modernos que empezaban a transformar el paisaje y grandes casonas de estilo colonial entre calles angostas.

En aquella Bogotá antigua existieron símbolos culturales que aún se recuerdan: la Loca Margarita y el Bobo del tranvía, figuras legendarias en la Bogotá de hoy. Era una ciudad señorial, muy fría, con costumbres demasiado conservadoras.

Pueblos que se tragó la ciudad

Algunas de las localidades que conforman hoy la capital de 8 millones de habitantes, eran pueblos entonces. Suba, un municipio independiente de Cundinamarca y lejos de Bogotá, estaba aislado por extensos terrenos pantanosos, fincas, humedales, caminos reales y grandes haciendas. El pequeño poblado prácticamente tenía una sola calle con una plaza central.  Allí, estaba la Iglesia de La Inmaculada Concepción.

Las casas eran de una sola planta y estaban hechas en tapia pisada. Tenían grandes muros y techo con teja de barro. Los habitantes eran campesinos que vivían de la agricultura y la ganadería en peña escala. Los domingos eran el día destinado para la reunión social en la en la plaza principal.

La Hacienda que se convirtió en barrio y centro comercial

En el camino hacia el pueblo de Suba, en aquellos años, existió una hacienda, su nombre era Niza y pertenecía a la familia Hurtado, en cabeza de Manuel Vicente y su esposa María Antonia Salazar.

Ellos fueron los dueños originales. Posteriormente, cedieron la propiedad a su heredera e hija, Emma Hurtado de Prieto, mamá del arquitecto José Prieto Hurtado. La Hacienda era un extenso territorio rural y campestre, que daba hacia polvoriento y solitario camino al pueblo de Suba, al que los indígenas muiscas reconocían como la punta de Suba.

Entre las décadas de los 40 y los 60, había allí grandes extensiones de tierra con hermosos paisajes, llenos de vegetación, potreros para el ganado, cultivos y altas montañas rodeadas de pantanos y humedales. El más grande todavía se conserva: Humedal Córdoba.

Actualmente, dichos ecosistemas se encuentran en riesgo ambiental. En esa época, conectaban las fincas tradicionales de la sabana cundinamarquesa. Era una zona retirada de la naciente urbe que solo llegaba hasta las hoy llamadas carrera 30 y calle 100. De allí, hacia el occidente, solo eran grandes extensiones de terreno que pertenecían a las haciendas y fincas agrícolas de la época con zonas inundables, espejos de agua y humedales.

Los sectores más habitados eran los sectores más centrales Teusaquillo, Palermo, el centro de la ciudad y el centro urbano Antonio Nariño, mientras que Engativá, Fontibón y Suba eran pueblos retirados de la naciente Santafé de Bogotá. Ir al centro de la ciudad, en aquellos días, implicaba recorrer largos trayectos por carreteras, vías destapadas y polvorientas.

Por su parte, los terrenos de la hacienda Niza eran muy fértiles para la ganadería, pastoreo, cría de ganado vacuno y los cultivos de clima frio como maíz, trigo, cebada y papa. En la década de 1940, parte de los predios utilizados para los cultivos fueron destinados a un ambicioso proyecto: los hipódromos.

Un hipódromo que solo fue planos

Precisamente, en la Hacienda de los Hurtado se proyectó construir el hipódromo de Niza por parte de la junta Directiva del Jockey Club de Bogotá, en cabeza de Luis Jaramillo Sierra, quien era catalogado como el principal inversionista e impulsor de la hípica en Bogotá.

Otros empresarios de la élite bogotana de la época integrantes del Jockey Club fueron Gustavo Uribe Ramírez, José María Gómez y Ricardo Cubides, quienes fortalecieron el tema tras el cierre del Hipódromo de la Magdalena en Teusaquillo.

En ese momento, se encargaron de proyectar el nuevo Hipódromo de Niza al norte de la ciudad. Corría 1946 cuando se presentó la iniciativa para la construcción del escenario deportivo, cuya maqueta fue diseñada por el arquitecto Álvaro Hermida Guzmán. Sin embargo, el óvalo hípico quedó solo en planos y algunos cimientos.

En los diseños de Hermida se ideó una pista de 32 metros de ancho, tribunas con capacidad para 8.000 aficionados y pesebreras para albergar más de 300 ejemplares equinos. El nombre de Niza, que tendría el Hipódromo, fue adoptado de la famosa ciudad turística ubicada al sureste de Francia, capital de la Costa Azul a orillas del Mediterráneo.

Al final, el Hipódromo no se construyó y los Hurtado decidieron bautizar con ese nombre su propiedad: Niza. El proyecto estaba ubicado en la actual calle 128 # 58 – 91 donde fue construido, en la década de los 50. el Colegio Helvetia por un grupo de ciudadanos suizos radicados en Bogotá.

Además, ante la cancelación del proyecto hípico, los herederos de la familia Hurtado, Emma Hurtado de Prieto y su hijo el Arquitecto José Prieto Hurtado, decidieron vender la propiedad al antiguo Banco Central Hipotecario, cuyo accionista mayoritario era el Instituto de Seguros Sociales con más del 83%.

A finales de 1950, los herederos vendieron los predios para la construcción de una urbanización. La reglamentación y los diseños urbanísticos se concretaron con la expedición del Decreto 127 del 12 de febrero de 1960, cuando el BCH asumió el control de los terrenos para el desarrollo urbanístico, que se convertiría en el barrio Niza de la localidad de Suba.

Los diseños corrieron por cuenta del arquitecto Willy Drews quien gano en concurso público para la adjudicación del contrato. El arquitecto se inspiró en lo moderno con el uso de ladrillos, integrando su concepto con la naturaleza.

Las viviendas fueron diseñadas con amplios antejardines, patio, calles sin continuidad y sin rejas frontales. El objetivo era fomentar la vida comunitaria. La iniciativa comenzó en 1961 y las primeras casas de entregaron cuatro años después.

La novedosa urbanización fue financiada por el Banco Central Hipotecario. De ese modo, se desarrollaron las primeras 4 etapas. Allí, se construyeron unas 1.000 viviendas de dos pisos conocidas como Niza antigua y Niza sur. Las obras terminaron en 1971. Posteriormente, se realizaron 6 etapas para completar el total de 10, que se terminaron en 1983.

En el año 2000 ,mediante el Decreto 619 expedido por la Alcaldía de Bogotá, las etapas I, II y III de Niza antigua fueron declaradas de interés cultural por su alto valor arquitectónico, urbanístico y ambiental, representativo de la Bogotá antigua de la segunda mitad del siglo XX.     

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