A la ira de Zeus debemos atribuir que el día previsto para el estreno de Las 9 musas, el cielo descargara lluvia sobre la ciudad de Mérida, fenómeno casi tan extraño como el del reciente eclipse de sol que tanto nos entretuvo por unos días. A pesar de que las inclemencias cesaron, no hubo tiempo para recomponer adecuadamente el escenario y las gradas antes de las once menos cuarto, hora de inicio de las funciones. Finalmente, Jesús Cimarro, director del Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida, comunicó la suspensión de la función poco antes de esa hora, algo que no había sucedido en los últimos quince años. Las más de dos mil personas que aguardaban en la puerta tuvieron que dispersarse.
Hubo que esperar al día siguiente, jueves 27 de agosto, ya calmados los dioses y la meteorología, para ver aparecer en escena a las nueve musas con vestuario retrofuturista y algunos toques K-Pop, muy distintas a como las conocemos desde la Antigüedad, envueltas en túnicas. Aquí han cambiado la corona de laurel por orondas pelucas de colores y el pie desnudo por aparatosas botas.
Recordemos que las nueve musas eran hijas de Zeus, quien fue a visitar a su tía Mnemósine durante otras tantas noches y no se dedicaron a jugar a las cartas, precisamente, porque al poco tiempo nacieron nueve muchachas. Estas hermanas se convertirían en deidades de las artes y fuente de inspiración para cualquiera que quisiera dedicarse a ellas.
Las 9 musas es un musical que cuenta, como fundamental virtud, con un puñado de buenas canciones, algunas excelentes, y un elenco de voces de nivel para lucirlas en directo, junto a una banda de cuatro intérpretes, también femeninas. Se nota la presencia y el empaque compositivo de Litus Ruiz, conocido por liderar la banda del programa televisivo Late Motiv. Es el autor de los temas que jalonan este musical con ritmos clásicos del soul, blues, trap, góspel y algunos aires de cabaret, tirando de su conocida habilidad para conseguir melodías de calidad, como ha demostrado en su discografía en solitario.
Para trasladar estas canciones de manera ejemplar, estuvieron muy inspiradas las nueve musas-cantantes-actrices con las que se ha conformado el elenco. A saber: Carmen Conesa, Angy Fernández, Nerea Rodríguez, Míriam Queba, Clara Alvarado, Noemí Gallego, María Pascual, Erika Bleda y Andrea Guasch. Todas ellas con trayectorias teatrales y musicales más que solventes, como demostraron la noche del estreno. ‘Cast’ de lujo.
Carmen Conesa asume desde su papel de Clío -musa de la historia- algo parecido al liderazgo que Apolo ejercía sobre las musas. Tratándose de un elenco exclusivamente femenino, no había opción para aquel Dios. La veteranía es un grado, sobre todo al lado de chicas tan jóvenes, y ella impone su control escénico de principio a fin. Le ha tocado una balada con letra casi imposible de musicar (Yo lo vi), pero ella la defiende con autoridad.
Terpsícore es la musa de la danza y pone ritmo de baile techno a la función, de la mano de Míriam Queba –a quien hemos visto recientemente en la Joven CNTC-, marcándose un contagioso estribillo, Dance for me, donde hay un divertido apunte de la famosa Macarena. En general, las letras de las canciones están moteadas por humor bien dosificado. Calíope –Andrea Guasch– le responde con un vals del minuto que nos hace recordar a Nacha Guevara. Pronto aparece Nerea Rodríguez, con uno de los mejores temas del musical (La música permanece), que interpreta con brillantez apoyado en el coro que hacen sus ‘hermanas’. Gran momento.
Clara Alvarado le pone ritmo y picardía a la función desde su papel de musa de la sensualidad, mezclándose entre los espectadores en un divertido momento. La llama, la brasa y la chispa despierta las palmas del personal y en las gradas del Teatro romano se monta una fiesta. Melpómene (musa de la tragedia) siempre quiere huir de la frivolidad llevándose el agua a su molino y así lo intenta Noemí Gallego con acierto durante toda la noche. Angy Fernández subraya con apuntes cómicos toda la función, desde su papel de Talía, aunque no cuenta con un momento donde lucir su estupenda voz.
Hay que reparar en el argumento, que aun no siendo lo más sólido de la función contiene episodios bien traídos. La conjunción de las musas pretende salvar a la Humanidad de todos los males que la aquejan, en este ambiente de catastrofismo planetario en que estamos asentados. Nos llega desde un discurso coral donde se echa de menos un auténtico diálogo, conflicto entre personajes, tensión en diferentes combinaciones, aunque sea desde la comedia. No obstante, todo ello se adereza con algunas proclamas feministas que critican el heteropatriarcado, cayendo en lugares demasiado trillados.
Zeus también se lleva lo suyo en este simpático ajuste de cuentas, aunque la imagen del Dios actual ha devenido en una especie de ‘coach’, como se apunta con gracia. La rebelión contra los dioses a lo largo de la historia se resume de manera exprés y muchos ‘hashtags’, desde Tales de Mileto -de quien no se conserva una sola línea escrita- hasta la actualidad. El recorrido tiene gracia y mucho ritmo.
Una mención a la IA no puede faltar en ningún contexto -¡vaya cruz!-, pero aquí le han buscado una vuelta ingeniosa transformándola en Io, la amante de Zeus que acabó convertida en vaca. Una vaca lechera de la que todos nos nutrimos, no es mal paralelismo. En cualquier caso, las musas ven amenazada su función inspiradora por la Inteligencia Artificial -¿quién no?- y eso se expone en un apartado que da pie a un excelente dúo interpretado por María Pascual y Andrea Guasch, bajo el título Musas de nada. Una preciosa melodía que nos recuerda una máxima: todos somos polvo de estrellas.
A ritmo de góspel llega el final, la celebración conjunta de todas las musas tras el derroche vocal de Erika Bleda en un espectacular solo. El arte nos salvará, se repite con cierta ingenuidad. Ya veremos en qué queda todo, pero mientras tanto seguiremos disfrutando en los escenarios teatrales, sea en los más imponentes o en los más humildes, como lo hizo el público en este musical inspirado por nueve musas de hoy en día.
La obra está escrita por Xènia Reguant, Ricard Reguant y Ferran González, y dirigida por Xènia Reguant y Ricard Reguant, quienes resuelven con agilidad y buen ritmo este ‘musical mitológico’. La música en directo es interpretada por Madeline Espinosa, a la percusión y batería; Laura Solla, a la guitarra; Claudia Pereira, al bajo eléctrico, y Erika López, a los teclados.

