El ministro israelì Ben-Gvir mostró los avances de la sala de ahorcamiento prevista por la ley que impone la pena de muerte a palestinos condenados po terrorismo
La construcción de una instalación para ejecutar en la horca a palestinos condenados por delitos de terrorismo, con espacios donde los familiares de las víctimas puedan presenciarla, ha llevado a otro nivel la ley aprobada el 30 de marzo. El ministro de Seguridad Nacional Ben-Gvir, que ha hecho de la dureza contra los presos palestinos uno de los ejes de su gestión, la ha anunciado mientras mostraba en video los primeros trabajos de la construcción.
Itaamar Ben-Gvir, el ministro más radical, muestra en video la construcción de la sala de ahorcamiento
La norma -aprobada por 62 votos a favor, 48 en contra y 1 abstención- establece la pena de muerte para palestinos de Cisjordania condenados por tribunales militares, que los señalen por actos de terrorismo, aunque permite sustituirla por cadena perpetua en circunstancias especiales. Tras una condena en firme en 90 días la sentencia debe ejecutarse mediante ahorcamiento.
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Palcos para que las víctimas vean la horca
Lo que resulta más desafiante son los espacios de observación para los familiares de las víctimas. El ministro ha señalado que habrá palcos o cabinas desde los que podrán presenciarse las ejecuciones y se facilitarán permisos de visita.
Los observadores consideran que la ejecución deja de aparecer únicamente como el desenlace de un proceso judicial para volverse un acto de escenificación pública con participación de los allegados de las víctimas. Lo cual va en línea con las promesas de Ben-Gvir de endurecer las condiciones penitenciarias, aprobar la pena de muerte y ahora construir el corredor de la muerte y el lugar de ejecución.
Violencia y discriminación
A la polémica se suma el aspecto discriminatorio de la ley, que se aplica para los palestinos de los territorios ocupados como Cisjordania, con tribunales militares. El parlamento israelí, el Knesset, dice claramente que la disposición militar se aplica a residentes de la zona que no sean ciudadanos o residentes de Israel. La legislación civil, por su parte, contempla la pena capital para determinados asesinatos cometidos con la intención de negar la existencia del Estado de Israel.
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El Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, Volker Türk, pidió a Israel que derogue la ley apenas un día después de su aprobación. Expertos de ese organismo no solo cuestionan que civiles palestinos puedan ser sometidos a tribunales militares y señalan que la ejecución mediante ahorcamiento, dentro del régimen establecido por la ley, resulta incompatible con las obligaciones internacionales de Israel en materia de derechos humanos.
De tal manera que, aunque el Gobierno israelí presenta la pena capital como un instrumento de disuasión contra el terrorismo, tanto las Naciones Unidas como organizaciones de derechos humanos han advertido de que el régimen es discriminatorio, plantea graves problemas de debido proceso y puede vulnerar el derecho internacional.
Sin embargo, la pena de muerte a los palestinos tiene una dimensión irreversible. Una condena a prisión puede ser revisada, mientras que no hay reparación posible en caso del error judicial de una ejecución.
El regreso del patíbulo en pleno siglo XXI
El patíbulo anunciado por Ben-Gvir es la última página de declaraciones que han levantado condenas en serie en el ámbito internacional con durísimos calificativos. Recientemente, se mostró partidario de que Israel realice entre 30 y 40 asesinatos selectivos por noche en Gaza, incluyendo personas que, según sus propias palabras, no representarían necesariamente una amenaza inmediata.
Ben Gvir propone que Israel mate entre 30 y 40 palestinos diarios en Gaza
Los expertos aseguran que la imagen de una infraestructura diseñada para ahorcar condenados, exhibida públicamente por el propio ministro, convierte el castigo en un mensaje. El Estado no solo anuncia que puede ejecutar, sino que muestra donde hacerlo. Ya hay un corredor de la muerte, una sala de ejecuciones y, de acuerdo con el ministro, palcos para observarlas.
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