«Hay que tener mucho cuidado con lo que decimos y no invocar al pasado de España»

«Hay que tener mucho cuidado con lo que decimos y no invocar al pasado de España»

Hay amores que trascienden el tiempo y el espacio. Amores que superan barreras, que luchan contra molinos de viento y nos estremecen el alma. Pero que resultan imposibles. A partir de las cartas de amor reales que intercambiaron la escritora y poetisa Natalia de Sosa de Ayala y la trapecista Pinito del Oro –María Cristina del Pino, una figura olvidada para muchos, pero que fue una verdadera celebridad en los años 60–, la directora Arima León debuta en el mundo del largometraje con Tal vez.

Adriana Ugarte (Julieta) se pone en la piel de la artista circense, mientras que Tania Santana (Hierro) interpreta a la autora canaria en una película que también cuenta con la presencia de Antonia San Juan, Salva Reina y Aitor Luna. Con motivo de su estreno, Ugarte nos desvela algunos de los secretos de una producción que aborda el tiempo que ambas pasaron juntas en el circo antes de la retirada de una de las trapecistas de mayor proyección internacional.

¿Conocías la figura de Pinito antes de este proyecto?

Conocía a Pinito de oídas porque mis abuelos habían ido a verla al Circo Price. Era alguien presente para ellos, pero yo sabía muy poco sobre su vida. La labor de investigación me dio una dimensión completamente diferente a la que la gente tenía sobre ella. Era una imagen confeccionada por ella misma para protegerse socialmente y encajar en su época. Se encontraba en una tesitura en la que podía perder todo lo que tanto le había costado como mujer trabajadora en los años 60.

La película habla de las cartas de amor que intercambió con la escritora canaria Natalia de Sosa. ¿Las has leído?

Sí, sí, las leí. Fue muy emocionante y duro. El género epistolar me parece de los más bonitos: en primera persona, con el pecho abierto y las tripas encima de la mesa, de una manera tan privada. Hay algo, sin querer, de voyeur. Me sentí privilegiada de leerlas y sentí cierto pudor, de ese amor tan profundo, chiquitito y desgraciadamente desatendido, porque tampoco era un contexto social que lo facilitara. Pinito se arriesgaba a la violencia física y psicológica, a quedarse aislada y a perder la custodia de sus hijos y todo el patrimonio económico que había ganado como trapecista y empresaria.

¿Cómo preparaste las escenas sobre el trapecio?

En algunos momentos de la película fui yo quien me subí al trapecio, con una grúa de seguridad y un arnés, pero en realidad contamos con una trapecista alemana que se llama Sara para las escenas de acción. Pinito actuaba sobre diez metros de altura y sin red. Hay muy poca gente en el mundo que pueda hacer eso. Tuve clases de circo para poder sentir lo que era estar subida al trapecio y el sentimiento de familia en este lugar, pero sin hacer esos trucos ni esas figuras maravillosas.

¿Y cómo fue construir un personaje tan complejo, incluido su característico acento canario?

Arima tenía mucha información sobre Pinito del Oro. Esa información, junto a las entrevistas y las imágenes de la época, me ayudaron a construir a esa Pinito esplendorosa que recibía a miles de periodistas cuando venía de EE UU. El acento me daba mucho miedo, porque era fácil que se confundiera con otros como el cubano o el venezolano. Los acentos hablan de un sentir. Para mí era clave que no se quedara en algo caricaturesco. Desde los acentos se cuenta las relaciones interfamiliares, la amistad, el arte, la red del barrio y del pueblo…

El primer encuentro entre ellas en el circo recuerda a una escena de Moulin Rouge, que celebra su 25 aniversario. ¿Qué puedes contarme sobre ello?

La rodamos los últimos días y fue mágica. Arima ha conseguido que me reenamore de la profesión. Tiene una manera de trabajar muy artesana y tiene mucha cultura audiovisual y sensibilidad. Además, es una mujer valiente que se posiciona. No tiene miedo. No se calla.

La película se estrena junto a la celebración del orgullo LGTBI. ¿Sigue siendo necesario el cine para visibilizar?

Creo que el cine tiene que ser un instrumento y un altavoz de espacios sociales que están marginados y oprimidos. Es nuestra responsabilidad, ya que tenemos esa capacidad de llegar a tanta gente. También es nuestra responsabilidad contarlo bien para que no perjudique. Estamos hablando de amor. Da igual que sean dos hombres, dos mujeres o un hombre o una mujer. Trascendamos los géneros.

También me gusta mucho que Arima León sigue los pasos de cineastas como Pilar Palomero, Carla Simón o Alauda Ruiz de Azúa. ¿Estamos por fin ante un cambio de paradigma en el cine?

Yo agradezco que el cine y el ámbito audiovisual se llenen de mujeres porque, aunque no me gusta poner etiquetas ni hacer divisiones, las mujeres siempre lo hemos tenido más difícil. De hecho, en el rodaje de mi último proyecto lo hablaba con una compañera mientras comíamos. Estábamos en el comedor, mirábamos alrededor y decíamos: ‘Guau, hay un montón de jefas que son mujeres’. Desgraciadamente, todavía no es habitual que las mujeres ostenten puestos de poder. Es importante que se vea, ya no porque sean mujeres, sino porque son profesionales y talentosas, y porque durante mucho tiempo no han tenido el mismo acceso a esos puestos por razón de género.

¿Crees que hablar de la sexualidad de Pinito puede generar debate, como ha pasado con Lorca y La bola negra de Los Javis?

Me daría mucha pena, pero estamos yendo hacia atrás. No me extrañaría. Muchos terrenos conquistados están perdiéndose. Hay un sector muy grande de la juventud desconocedora del pasado en España que se llena la boca con auténticas burradas, sin saber que llegar hasta este punto ha costado la vida de tantas personas y que son unos privilegiados. Creo que hay que tener mucho cuidado con lo que decimos y no invocar al pasado.

Una polémica que persigue constantemente a cineastas con los que has trabajado como Almodóvar. ¿Qué aprendizaje te llevaste de la película Julieta?

Me marcó mucho trabajar con Pedro. Tiene una manera de trabajar muy particular y una forma muy intensa de comprometerse con sus películas. Soporta una carga extrema. Como actriz, te hace entender muchas cosas sobre el compromiso, sobre crecer en el respeto hacia la profesión y hacia el resto de departamentos. Creo que trabajar con personas tan volcadas en su proyecto, que hacen una pausa literal en su vida para entregarse a una historia, supone una gran escuela. A mí me gustó mucho, la verdad. Me sentí bien, me sentí cuidada, y le tengo mucho cariño. Siento una enorme gratitud por haber trabajado con él.

El estreno de la película coincide con tu regreso como Sira Quiroga en la secuela de El tiempo entre costuras, 12 años después del final de la serie. ¿Cómo ha sido este reencuentro con el personaje que te dio tantas alegrías?

Inicialmente me generó miedo y presión. Pero, cuando leí el guion, me entusiasmé. Sira es una verdadera heroína a la que tendría que esponsorizar Rivotril o Lexatín, porque no sé cómo es capaz de hacer todo lo que hace [ríe]. Es uno de esos personajes que inspiran superación y conectan con el alma del espectador. El reencuentro con Rubén Cortada y Peter Vives fue como volver a ver a mis amigos del colegio. Veo la vida en retrospectiva y es muy bonita.

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