Los presuntos sicarios del periodista Cristian Herrera son primos de un político del Norte de Santander

Los presuntos sicarios del periodista Cristian Herrera son primos de un político del Norte de Santander

Una revelación de Daniel Coronell conecta a los presuntos asesinos del periodista Cristian Herrera con el entorno de un congresista electo de la región

Texto escrito por: Nerio Luis Mejia

El pasado 6 de junio de 2026, una dolorosa noticia sacudió al departamento de Norte de Santander y al periodismo colombiano: el asesinato del reconocido comunicador Cristian Herrera, acribillado por sicarios frente a su familia. En su momento, el vil crimen generó unánimes declaraciones de rechazo y obligó a las autoridades a desplegar un grupo especial de investigadores desde Bogotá. Casi en tiempo récord, se anunció la captura del presunto homicida y sus cómplices.

Sin embargo, una pregunta sombría vuelve a planear sobre el departamento: ¿por qué en los crímenes contra periodistas y defensores de derechos humanos las pesquisas solo alcanzan a los gatilleros y jamás tocan a los determinadores intelectuales? ¿Quiénes son los verdaderos interesados en silenciar las voces incómodas que, mediante la denuncia, evidencian los oscuros lazos entre la corrupción administrativa y las estructuras del crimen organizado?

El revelador hallazgo de Daniel Coronell

Recientemente, una minuciosa investigación del periodista Daniel Coronell dejó en evidencia el lánguido alcance de los organismos de seguridad del Estado. Coronell reveló el parentesco (primos hermanos) de dos de los presuntos asesinos de Herrera con Ariel Rodríguez Beltrán, representante a la Cámara electo por Norte de Santander.

Este cordón umbilical entre la mano de obra criminal y el entorno político no es una coincidencia aislada; parece ser un modus operandi arraigado en la región. En Ocaña ocurrió una situación de alarmante similitud con el asesinato del líder y defensor de derechos humanos Jorge Solano Vega, el 3 de noviembre de 2020. En aquella ocasión, las labores judiciales descubrieron que uno de los sicarios era familiar directo de un funcionario de la entidad que Solano Vega había denunciado reiteradamente.

Tras los hallazgos que hoy salpican el caso de Cristian Herrera, surge el cuestionamiento inevitable: ¿llegará la justicia hasta el fondo de los hilos del poder o asistiremos, una vez más, a la captura del eslabón más débil de la cadena? ¿Por qué estos asesinatos obedecen a un libreto idéntico donde el autor intelectual permanece intocable y bajo la sombra?

La capitulación del sistema judicial

La falta de avances profundos expone a periodistas, veedores y líderes sociales a la voluntad de quienes recurren a la violencia cuando sus intereses se ven amenazados. Esto no solo demuestra la inoperancia de la justicia penal en el nororiente colombiano, sino que sugiere algo más grave: la capitulación —o complicidad— del sistema ante aquellos que tienen el poder económico y político para borrar de la faz de la tierra a quienes los denuncian.

Estamos ante un peligroso modelo de «justicia a medias». Un engranaje de impunidad diseñado para no ir más allá de lo superficial, protegiendo esa nefasta alianza entre la corrupción institucional y las mafias locales. Mientras las autoridades avancen a paso de tortuga, a la ciudadanía solo le queda la resistencia de la memoria y la exigencia de un esclarecimiento real. No se puede seguir asfixiando la crítica en una sociedad secuestrada por el narcotráfico, las armas y los malos manejos administrativos; una tierra golpeada donde la muerte de los justos parece, trágicamente, responder siempre al mismo patrón.

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